Un nuevo estudio ha arrojado nuevas luces sobre un tema que suele inquietar a la mayoría de los humanos: la muerte. Las estadísticas sugieren que la esperanza de vida humana ha aumentado significativamente en las últimas décadas, pero es probable que estas nos hayan llevado a sobreestimar nuestra estadía en la Tierra. Y es que esto, por sí solo, no significa que vivamos más que antes, ni que podamos escabullirnos de la muerte en el futuro.

El trabajo publicado en la revista Nature Communications, incluyó a investigadores de 42 instituciones en 14 países, y arrojó conclusiones muy interesantes. Y, más importante aún, proporciona nuevos datos que apoyan la hipótesis de la tasa invariante de envejecimiento.

La muerte humana es inevitable

Dos hombres de edad avanzada conduciendo bicicletas en un campo.

Sin lugar a dudas, llevar un estilo de vida saludable que incluya una buena alimentación, actividad física y descanso suficiente y de calidad, puede extender nuestra vida; esto, a través de la prevención de muchas enfermedades fatales, como los problemas cardíacos, obesidad y diferentes formas de cáncer.

Pero la realidad es bastante dura: la muerte humana es inevitable. No importa si cumplimos con dichas recomendaciones, si tomamos vitaminas o si vivimos en el medio ambiente más sano posible. En algún momento envejeceremos y nuestro cuerpo empezará a mostrar evidencia de ello.

Los humanos hemos trabajado arduamente por extender la esperanza de vida a lo largo de los años a través de mejoras en los sistemas sanitarios, pero el desenlace sigue siendo el mismo.

Comprobando la hipótesis del envejecimiento 

Los científicos han planteado la hipótesis del envejecimiento, la cual establece que cada especie tiene una tasa de envejecimiento relativamente fija. Esta proporcionó las bases de un nuevo trabajo en el que explorar la relación entre la esperanza de vida y la igualdad de esperanza de vida. La primera es la edad promedio a la que muerte los individuos de un población; la segunda hace referencia a la concentración de muertes en edades avanzadas en dicho grupo o, dicho de forma más simple, cuántas personas llegan a la vejez.

Para ello, compararon los patrones de nacimientos y muertes de nueve poblaciones humanas con la información disponible de 30 poblaciones de primates no humanos, incluidos gorilas, chimpancés y babuinos, tanto en vida salvaje como en cautiverio.

La esperanza de vida aumenta, pero no elude a la muerte

Mujer de tercera edad.

Los resultados mostraron que con el aumento de la esperanza de vida, también se incrementa la igualdad de esperanza de vida. Cuando esta última es elevada, la mayoría de las personas de una población tiende a morir alrededor de la misma edad, y esta suele ser avanzada. Como ejemplo, las personas en Japón o en Suecia, cuya esperanza de vida ronda los 70 y 80 años.

“Observamos que no solo los humanos, sino también otras especies de primates expuestas a diferentes ambientes, logran vivir más tiempo al reducir la mortalidad infantil y juvenil”, dijo Fernando Colchero, autor del estudio. “Sin embargo, esta relación solo se mantiene si reducimos la mortalidad temprana, y no reduciendo la tasa de envejecimiento”.

La igualdad de esperanza de vida nos da la respuesta

En efecto, las mejoras de la salud y de las condiciones de vida conducen a una mayor longevidad en toda la población. Pero el hallazgo más resaltante confirma lo planteado por la teoría: todas las especies muestran un fuerte aumento en las tasas de mortalidad a medida que avanzan en edad.

En pocas palabras, la esperanza de vida humana ha aumentado drásticamente en diferentes partes del mundo y eso es algo que no podemos negar. Pero, lamentablemente, esto no se debe a que hayamos logrado retardar nuestro envejecimiento, eludir a la muerte o que seamos capaces de vivir más tiempo que antes.

La explicación parece estar en que cada vez más más bebés, niños y jóvenes sobreviven a las adversidades que, en el pasado, eran una condena de muerte. Así, más personas logran alcanzar edades avanzadas.

Hace algunas semanas reseñamos un estudio muy interesante que estimaba el tiempo máximo que viviría un ser humano en ausencia de los riesgos habituales que incrementan la mortalidad. Y aunque la edad máxima estimada rondaba entre 120 y 150 años, la conclusión fue similar a la de este: tenemos una fecha de caducidad, no importa cuánto nos esforcemos por evitarla.

Referencia:

The long lives of primates and the ‘invariant rate of ageing’ hypothesis. https://www.nature.com/articles/s41467-021-23894-3

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