Con todo el desastre que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, tomando en cuenta los horrores cometidos por nazis como Herta Oberheuser o Josef Mengele, el ángel de la muerte, probablemente no te habrías detenido a pensar en cómo hacían las mujeres con su menstruación en los campos de concentración. Pero ni siquiera ahora, que finalmente hemos traído esta idea a tu mente, podrías imaginarte lo mucho que sufrían las reclusas durante esta época.

Desde una terrible higiene hasta incluso amenorreas que duraban meses, las mujeres que estaban en los campos de concentración luchaban por vivir. En esta oportunidad te contaremos lo que actualmente sabemos sobre esta terrible experiencia.

Higiene menstrual precaria

Testimonio de Julia Lentini, una sobreviviente de Auschwitz que estuvo en el campo a sus 17 años

Como probablemente te habrás imaginado, en las condiciones en las que estaban los presos en los campos de concentración ─en los cuales prácticamente ni siquiera eran considerados humanos─ evidentemente no había ni una pizca de preocupación por la higiene menstrual de las mujeres retenidas.

Así, ellas tenían que buscar la manera de evitar el sangrado para que este no estuviera a la vista de todos. Esto, en un contexto en el que no contaban ni siquiera con agua, era una tarea más que humillante.

Estas utilizaban retazos de tela que eran preciados para ellas, pues los lavaban y reutilizaban en cuanto tenían la oportunidad. Julia Lentini, una romaní de 17 años que estuvo en Auschwitz, comentó al respecto:

“Las mujeres arrancaban la prenda interior que les daban, hacían pequeños trapos, y guardaban esos pequeños trapos como si fueran de oro. Los enjuagaban un poco, los ponían debajo del colchón y los secaban”.

El problema con los trapos era que no eran impunes al robo e incluso se creó una microeconomía dentro de las mismas reclusas, en la cual estos retazos de tela se prestaban o se vendían.

Una primera menstruación traumática

menstruación en campos de concentración

Por otro lado, muchas niñas llegaban a los campos de concentración y presentaban su primer periodo menstrual mientras estaban recluidas ahí. Algunas tuvieron la fortuna de estar con su familia, pero otras tuvieron que enfrentar esta etapa de su vida prácticamente solas.

Sin embargo, en un ambiente tan hostil, las mujeres ofrecían su ayuda a las adolescentes cuando esto les ocurría, brindándoles apoyo y consejo. Aunque estuvieran en un lugar prácticamente infrahumano, el periodo menstrual se convirtió en un símbolo de unión entre las mujeres recluidas, demostrando que al menos esa unidad entre las reclusas no podía ser rota por los nazis.

Desaparición de la menstruación

@lilyebert

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Sin embargo, algo que ocurría frecuentemente era que las mujeres, pocos meses después de llegar a los campos, dejaban de menstruar. Esta ausencia de menstruación es conocida como amenorrea, y la misma puede ocurrir debido a varios factores que las reclusas debían soportar en estos lugares.

En primer lugar, la falta de comida llevaba a las mujeres a perder muchísimo peso, y tal como ocurre en ciertos casos de anorexia, su ovulación se detenía, provocando la ausencia de la menstruación. De igual forma, el exceso de ejercicio al llevar a cabo los fuertes trabajos en los campos y el constante estrés al que estas eran sometidas también son causas comunes de amenorrea.

La menstruación: un símbolo de libertad

menstruación en campos de concentración

Por último, cabe acotar que muchas veces, el periodo menstrual llegó a salvar a muchas mujeres de distintas situaciones terribles, pues la fuerte repulsión social hacia la menstruación hacía que no se les acercaran en esta etapa de su ciclo.

Una de ellas eran los experimentos relacionados con el útero, los cuales no se les aplicaban a mujeres que estaban en su periodo menstrual. Una anécdota relacionada con esto es la que cuenta Elizabeth Feldman de Jong, una sobreviviente de Auschwitz que utilizó la ropa interior de su hermana, que en ese momento tenía el periodo, y así se salvó de ser sometida al experimento.

Otros casos terribles en los que la menstruación terminaba siendo la salvación de estas mujeres fue con las violaciones recurrentes durante la guerra, tanto dentro como fuera del campo de concentración. Así ocurrió el 18 de febrero de 1940 en Petrikau, Polonia, cuando dos guardias secuestraron a dos de las reclusas para violarlas. Una de ellas se salvó debido a que tenía su periodo menstrual.

Sin embargo, ninguno de los casos anteriores relacionados con la menstruación podía compararse a la sensación de libertad que estas mujeres tenían al ser liberadas de los campos. Esto debido a que la mayoría de las mujeres que sufrieron de amenorrea durante su confinamiento, finalmente volvieron a su ciclo menstrual regular, marcando así el fin de una época oscura y, finalmente, una reconexión con sus propios cuerpos.

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