Aunque el famoso libro de Antoine de Saint-Exupéry mostró de forma tierna cómo un pequeño niño domesticó a un zorro en el desierto, la realidad es un poco más compleja. A diferencia de los perros y los gatos, esta especie parece muy adepta y cómoda con su naturaleza salvaje. Sin embargo, un nuevo estudio ha revelado cambios sustanciales en el cerebro de los zorros durante un experimento de domesticación.

Los hallazgos desafiaron por completo las teorías establecidas sobre la domesticación de los animales, pero al mismo tiempo, mostraron de forma simple y directa los cambios que causa la evolución.

¿Qué es la domesticación?

Aunque la domesticación tiene una connotación tierna y positiva, la ciencia ha logrado comprenderla de forma más o menos imparcial. Así la define como un proceso de cría selectiva que ha dado lugar a animales más dóciles y capaces de convivir (y servir) a los seres humanos.

Pero en realidad no es tan fácil como rescatar a un perrito o gatito de la calle. El proceso toma mucho tiempo y, “naturalmente”, no se llega a ver sino hasta después de varias generaciones de la especie en cuestión. Tras la domesticación, los animales pueden mostrar diferencias significativas a nivel de cerebro y, por consiguiente, de comportamiento, así como una genética diferente.

El clásico experimento ruso de domesticación de zorros

En el año 1958, un genetista ruso llamado Dimitri K. Belyaev decidió comprobar por sí mismo si era posible domesticar a los zorros como hicimos con los perros a lo largo de miles de años.

Para ello, viajó junto a Lyudmila Trut, a varias granjas de pieles en la Unión Soviética, escogiendo ejemplares de la especie zorro plateado (Vulpes vulpes) para crear una nueva granja.

Los criterios de selección se limitaron a su respuesta hacia los humanos tras sacarlos de la jaula: los mas amistosos y mansos se iban con ellos, mientras que los agresivos se quedaban. Los investigadores repitieron el proceso para la segunda generación hasta eliminar los rasgos agresivos hacia los humanos, y cabe destacar que ninguno de ellos fue entrenado para ser dócil y amigable con los humanos.

Sin embargo, la cuarta generación mostró cambios tan drásticos que ya no parecían zorros sino perros domesticados. Los cachorros movían sus colas con emoción ante el contacto con los humanos, e incluso les ladraban y los lamían.

Los cambios no fueron solo de comportamiento, sino también físicos. Los zorros domesticados a través del experimento tenían orejas más caídas, patas más cortas y cabezas más anchas. Incluso su reproducción cambió, dando lugar a un cachorro adicional en cada camada.

Una réplica del experimento de domesticación para estudiar el cerebro de los zorros

Zorro con pelaje gris y blanco y con correa sosteniendo un muñeco con su boca.
Zorro criado para comportarse como un perro con los humanos. Crédito: Jennifer Johnson, Darya Shepeleva y Anna Kukekova,

Erin Hecht, un profesor asistente en el Departamento de Biología Evolutiva Humana de Harvard, decidió replicar el experimento de domesticación de zorros con ciertas modificaciones. Para ello, trabajó con Trut, y a diferencia del clásico, que no involucró interacciones profundas entre los animales y los humanos, este incluiría un entrenamiento particular.

Tomó dos cepas de zorros plateados y los crío de modo que exhibieran ciertos comportamientos: un grupo sería dócil y se comportaría como los perros con las personas; mientras que otro se entrenaría para reaccionar con agresión de manera defensiva al contacto con los humanos. Además, contarían con un grupo de zorros de control que no recibiría ningún tipo de entrenamiento.

El efecto de la domesticación en el cerebro de los zorros es similar al de la crianza defensiva

Las imágenes de resonancia magnética de los zorros mostraron cambios sustancias en sus cerebros después de atravesar tanto domesticación como entrenamiento defensivo. Tanto los domesticados como los criados para ser agresivos tenían cerebros más grandes y más materia gris que el cerebro del grupo de control.

También notaron similitudes en la forma en que cambiaban los cerebros de los zorros agresivos y los domesticados. A pesar de haber sido criados para tener comportamientos opuestos, ambos mostraron un agrandamiento en muchas regiones de materia gris, como la corteza prefrontal, la amígdala, el hipocampo y el cerebelo.

El porqué detrás de los cambios cerebrales de los zorros

Estos hallazgos son sustancialmente diferentes a los arrojados por estudios similares en otros animales como pollos, ovejas, gatos, perros y caballos. En estos casos, la domesticación condujo al efecto contrario observado en los zorros: cerebros más pequeños y con menos materia gris.

El equipo aún no tiene claro por qué ocurrió esto, pero creen que se debe la forma acelerada en que se criaron los zorros dóciles y los agresivos. Como mencionamos al principio, en condiciones no controladas, el proceso toma tiempo; solo en los perros, por ejemplo, la domesticación tomó al menos 15,000 años.

“Tanto las cepas mansas como las agresivas han estado sujetas a una selección intensa y sostenida en el comportamiento, mientras que la cepa convencional no se somete a tal selección intencional”, escribieron los autores en su artículo en JNeurosci. “Por lo tanto, es posible que la rápida evolución del comportamiento, al menos inicialmente, pueda proceder generalmente a través de aumentos en la materia gris”.

Referencia:

Neuromorphological changes following selection for tameness and aggression in the Russian fox-farm experiment. https://www.jneurosci.org/content/early/2021/06/03/JNEUROSCI.3114-20.2021

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