Hombre con cara triste por haber escuchado malas noticias.
Crédito: Steve Davis. Vía dialysistechniciansalary.org.

Como mecanismo de supervivencia, nuestro cerebro ha aprendido a interesarse en las malas noticias para aprender a superarlas. Pero, ahora, nuevos enfoques muestran cómo esa característica puede ser particularmente peligrosa en un mundo inundado de información como el nuestro.

A través de un reciente estudio, el equipo de científicos conformado por Ahmad Jezzini, Ethan S. Bromberg-Martin, Lucas R. Trambaiolli, Suzanne N. Haber, Ilya E. Monosov, observó dicha posibilidad y logró delimitar exactamente qué área del cerebro de encarga de controlarla.

Gracias a sus hallazgos, pronto podremos saber más de la reacción de nuestro cerebro a las malas noticias y por qué tendemos a ser más propensos a buscarlas. Todo explicado por los datos recién publicados en la revista científica Neuron.

¿Nuestros cerebros son vulnerables a la era de la información?

En la actual era de la información, estamos expuestos contantemente a las noticias de lo que pasa en mundo entero –casi en tiempo real–. Como consecuencia, cada día viene con una sobrecarga de información que, si no es bien manejada, puede llegar a causarnos problemas.

Un ejemplo de ello es el fenómeno del “doomscrolling” que se da cuando una persona no puede dejar de buscar y leer noticias negativas en las redes sociales o la web en general. Parte de tal comportamiento puede entenderse como un deseo de conocer la situación para poder estar preparados para ella, en caso de que nos ocurra.

Sin embargo, la finalidad de tal estrategia de supervivencia aplicada por nuestro cerebro se desvirtúa cuando nos inundamos con malas noticias. Después de todo, en la actualidad, no existe un final definitivo para el flujo de información y, si nosotros mismos no lo filtramos, podríamos navegar por la web casi de forma infinita.

Ahora, en los humanos, dicho conocimiento parece particularmente común cuando buscamos información de situaciones valoradas negativamente. Ya que, aunque también tenemos curiosidad por los buenos pronósticos, no mostramos el mismo impulso de sumergirnos en noticias positivas.

Nuestro cerebro no procesa las malas y las buenas noticias del mismo modo

Gracias a estudios anteriores, en los que también participó Ilya Monosov, el actual autor principal de la investigación, se observó que nuestros parientes cercanos (los monos) tenían una activación específica de un área y neuronas del cerebro cuando se encontraban con la posibilidad de recibir una “buena noticia”, es decir, una recompensa.

En un estudio posterior, al comparar el comportamiento de los monos ante la posibilidad de recibir una “mala noticia”, las respuestas no estuvieron tan claras. De hecho, mientras que un par de monos podría actuar de la misma forma ante una buena noticia, uno de ellos podría decidir evitar la mala y el otro solo recibirla.

Ello llevó a Monosov a considerar que el área del cerebro que procesaba las buenas noticias no podía ser la misma que aquella que se encargaba de las malas. De allí que los monos pudieran tener respuestas tan disonantes al ser expuestos a un mismo estímulo.

¿Qué hemos aprendido?

Gracias a su más reciente investigación, Monosov ha logrado identificar dos áreas vitales del cerebro que podrían estar relacionadas con nuestra tendencia a favorecer la búsqueda de noticias malas.

Por un lado, el equipo se topó primero con la corteza cingulada anterior. En ella, pudieron notar que la información sobre las buenas o malas noticias se codificaba por separado. Lo que va de la mano con la idea de que son procesos que no se manejan de la misma forma.

Por el otro, también se toparon con la actividad en la corteza prefrontal ventrolateral. Para su caso, se observó que la actividad de las células individuales podía tender a dos posibilidades: a manejar solo noticias buenas o a manejar tanto buenas como malas noticias.

Hasta el momento, los datos de Monosov y su equipo apenas son extrapolaciones de sus investigaciones en monos. Sin embargo, arrojan pistas muy interesantes sobre lo que podría ser el funcionamiento de nuestro propio cerebro. Algo que, a la larga podría ayudarnos a tendermejor algunos trastornos como la ansiedad o el desorden obsesivo compulsivo –característicos por un rechazo abrumador a la incertidumbre y, por ende, una necesidad particular por conocerlo todo, incluso las malas noticias–.

Referencia:

A prefrontal network integrates preferences for advance information about uncertain rewards and punishments: https://doi.org/10.1016/j.neuron.2021.05.013