La historia de nuestra sociedad está en constante construcción e, incluso los eventos pasados, pueden transformarse cuando les damos un vistazo fresco desde otra perspectiva u obtenemos nuevas evidencias sobre ellos. Recientemente, el último caso se ha dado con el ahora reconocido doctor transgénero Alan L. Hart.

Durante décadas, su historia y logros se mantuvieron ocultos de los ojos del mundo. Afortunadamente, los registros que quedaron detrás de él permitieron que el historiador Jonathan Katz lo identificara y procediera a dar a conocerlo en el mundo actual.

Orígenes: la educación de Lucille Hart

La historia del doctor transgénero Alan L. Hart inició con su nacimiento el 4 de octubre de 1890. Para entonces, el mundo conocería a Alberta Lucille Hart, presentada en Halls Summit, Kansas, Missouri.

Lucille Hart, a la derecha. Crédito: Lewis & Clark Special Collections & Archives.

La pequeña niña, tras enterarse de la temprana muerte de su padre, Albert Hart, le prometería a su madre que crecería para convertirse en un hombre que la cuidaría. Desde esos primeros momentos, se verían los dos detalles que marcarían la vida de Hart: la manifestación de su verdadera identidad de género y su deseo de cuidar y proteger a los demás.

Acorde con sus habilidades y gran intelecto, Alberta Hart, conocida generalmente como Lucille, se graduó de secundaria como salutatorian en 1908 y logró ser una de las pocas mujeres aceptadas en la Universidad Stanford en 1910, luego de iniciar su colegiatura en Albany College.

Para 1913, habría terminado sus estudios premédicos y habría iniciado su siguiente etapa educativa en la Oregon Medical School. En 1917, Lucille se estaría graduando a la cabeza de su clase y como la primera mujer en ganar la medalla Saylor por ser la mejor académica en cada uno de los departamentos de la escuela de medicina.

Foto retrato de Lucille Hart.
Crédito: Lewis & Clark Special Collections & Archives.

Sin embargo, a pesar de sus prometedores avances, algo aún no se sentía bien para Lucille. A pesar de vestirse y actuar de forma primordialmente masculina y haber salido con varias mujeres durante su época universitaria, Hart aún sentía que algo faltaba. Poco sabría que, al buscar primero ayuda psicológica, terminaría dando el primer paso para el nacimiento del doctor Alan L. Hart.

El gran salto: nace el doctor Alan L. Hart

La travesía de transformación de Lucille inició cuando entró en contacto con el doctor J. Allen Gilbert quien también era parte de la Oregon Medical School. Luego de que se decidiera a compartir por completo la problemática que la aquejaba, pidió ayuda al experto para poder cambiar su actitud y ser más lo que suponía que se esperaría de una mujer.

Claramente, ningún tratamiento probado logró despojarla de su identidad. Allí fue cuando Lucille tomó la decisión que cambiaría su vida. Si no iba a ser capaz de luchar contra lo que era, entonces finalmente lo aceptaría y viviría fiel a sí mismo.

De allí que pidiera entonces apoyo nuevamente a Gilbert, pero esta vez para asumir su verdadera identidad de género. El doctor procedió a hacer todos los arreglos y, para el final de 1917, el médico transgénero Alan L. Hart partiría para iniciar su carrera y nueva vida como interno en el San Francisco Hospital.

Foto retrato del doctor transgénero Alan L. Hart.
Crédito: Gay & Lesbian Archives of the Pacific Northwest.

Persecución y perseverancia

A pesar de sus claras habilidades como médico, el doctor Alan L. Hart no pasó mucho tiempo en San Francisco. Para 1918, los titulares de los periódicos de la zona estaban inundados con su historia definiéndolo como una “mujer disfrazada de hombre” que trabajaba en el San Francisco Hospital.

Según parece, uno de los compañeros de Stanford lo reconoció de su época universitaria, les comentó a sus superiores y, desde allí, la noticia llegó a la prensa. Entonces, Hart tomó una decisión, tomó sus posesiones y volvió a Oregón, no porque estuviera avergonzado sino, por el contrario, porque quería mostrar que no tenía nada que ocultar y que tenía toda la libertad de volver a casa con la cabeza en alto.

Durante 1918, ejerció como médico de bajo perfil en Gardiner, Oregón. Pero, nuevamente, fue identificado y tuvo que mudarse de nuevo. Dicho patrón se repitió una y otra vez durante su vida.

Para 1927, el doctor Alan L. Hart ya había recorrido al menos siete estados para seguir ejerciendo su profesión y estudiar más sobre ella. En 1928, consiguió su master en radiología en la Universidad de Pensilvania. Siguió intentando trabajar entonces como radiólogo, pero, su pasado igualmente llegaba para complicar su trabajo y obligarlo a mudarse.

En paralelo, escribió cuatro novelas médicas –siendo las más conocidas Dr. Mallory y The Undaunted– y se casó con Inés Stark, para divorciarse poco después. Años más tarde, en 1948, conseguiría finalmente algo de estabilidad luego de obtener su master en salud pública, a los 57 años, en la Universidad de Yale, Connecticut.

Allí continuó con su sostenido trabajo sobre la tuberculosis y su diagnóstico, como parte del departamento de salud pública del estado.

El doctor Alan L. Hart fue pionero en el diagnóstico de la tuberculosis

Para el momento, la tuberculosis no era una enfermedad nueva, sin embargo, estaba altamente estigmatizada y contaba con pocos medios de diagnóstico cuando los síntomas no eran obvios. Fue acá cuando la experticia de Hart en radiología entró en juego.

El doctor comenzó a utilizar los rayos equis de forma estandarizada para detectar la presencia de tuberculosis en los pacientes, incluso cuando tenían síntomas leves o simplemente no tenían ninguno. Gracias a ello, lograba que ellos recibieran un tratamiento temprano, lo que aumentaba su oportunidad de sobrevivir a la enfermedad.

Alan L. Hart.
Crédito: Lewis & Clark Special Collections & Archives.

Como dijimos anteriormente, Alan L. Hart nunca tuvo la oportunidad de permanecer durante mucho tiempo en su solo lugar, debido a los rumores y acoso que lo seguían a donde quiera que fuera.

Afortunadamente, Hart nunca dejó que las constantes persecuciones lo detuvieran y, aún hoy, su enfoque pionero en el uso de rayos equis para detectar la tuberculosis se usa como uno de los principales métodos de diagnóstico. Gracias a él y a su perseverancia, infinidad de vidas se salvaron al recibir un tratamiento temprano y evitar futuros contagios.

Alan L. Hart, el doctor transgénero que marcó la historia salvando vidas

El doctor Alan L. Hart continuaría ejerciendo su profesión hasta su vejez. Finalmente, dejó este mundo a los 71 años, el primero de julio de 1962, a causa de una enfermedad cardiaca.

En su testamento, Alan L. Hart determinó que todos los registros, fotografías y documentos de identidad en su posesión fueran quemados. En efecto, sus deseos se cumplieron.

Pero, más de una década después de su fallecimiento, en 1976, se lo identificó como el paciente H de los estudios de Gilbert. Con dicha revelación, llegó un nuevo entendimiento de su historia y de lo que el doctor Alan L. Hart significó para la comunidad transgénero.

Tal como lo destaca Katz, quien identificó a Hart, en la actualidad las personas transgénero empiezan a tener un lugar en nuestras conversaciones. Sin embargo, muchas veces olvidamos que no son realmente una “nueva” adición a nuestra sociedad.

De hecho, la historia está llena de personajes transgénero, como el cirujano James Barry y, ahora, también Alan L. Hart. Solo que en la antigüedad no había entendimiento o tolerancia para las personas que no se sentían identificadas con su género de nacimiento y que trabajaban para acoplarse a su verdadera identidad de género. En general, solo eran perseguidas y condenadas sin más.

El desenterrar de la historia a figuras como el doctor Alan L. Hart nos muestra que la comunidad transgénero ha estado siempre entre nosotros. Por lo que nos permite reescribir la narrativa del pasado de la sociedad con una visión más transparente, honesta e inclusiva. Todo de modo que finalmente se pueda tener la necesaria representación que, por muchos años, se mantuvo oculta.

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