Hombre ciego con lentes oscuros y bastón usando ecolocalización en un entorno con árboles.

La ecolocalización es una habilidad que solemos asociar con animales como los murciélagos y las ballenas, pero los humanos también pueden aprender a usarla a su favor. Un nuevo estudio ha arrojado evidencia importante de ello, en especial porque demuestra que podemos aprender esta habilidad en muy poco tiempo.

El experimento involucró personas que podían ver y otras con discapacidad visual, y los resultados fueron muy convincentes. Según indican en su artículo en la revista Plos One, bastaron apenas 10 días de entrenamiento para que los humanos aprendieran a ecolocalizarse.

¿Qué es la ecolocalización?

Podemos definir la ecolocalización como un sistema de orientación por sonidos muy popular entre los animales. Consiste en emitir un sonido que se transmite en forma de onda y rebota al chocar con los objetos y, en consecuencia, genera y devuelve un eco; por medio de este eco, los animales obtienen información sobre su distancia y tamaño, lo que a su vez los ayuda a plantear sus estrategias de caza y orientación en el espacio.

Ballena practicando ecolocalización en el océano.

En TekCrispy hemos hablado en varias oportunidades sobre esta estrategia, muy común en los murciélagos, las ballenas dentadas y mamíferos pequeños. Pero los estudios han revelado que los humanos también son capaces de aprender a utilizarlo, lo cual puede ser especialmente útil en condiciones especiales, como la falta de visión.

Más de mil especies se valen de la ecolocalización, entre estas, la mayoría de los murciélagos, todas las ballenas dentadas y los pequeños mamíferos. Muchas de las especies son animales nocturnos, excavadores o marinos, que dependen de la ecolocalización para encontrar alimento en un entorno con poca luz o ausencia total de esta. Los animales tienen varios métodos de ecolocalización, desde hacer vibrar la garganta hasta batir las alas.

Por ejemplo, algunas de estas personas pueden valerse del golpeteo de su bastón, del chasquido de sus dedos o de hacer sonidos con su boca para orientarse. Pero la evidencia muestra que no solo es una habilidad exclusiva que desarrollan las personas no videntes, sino que también la pueden adquirir quienes pueden ver sin problema.

Entrenamiento de ecolocalización para humanos en 10 días

Ahora bien, aunque no cabe duda de que se trata de una estrategia eficaz y útil tanto para animales como para humanos, a estos últimos se les enseña poco cómo hacerlo. Pero dada su importancia, sobre todo para quienes padecen discapacidad visual, los investigadores y expertos en el área han hecho su esfuerzo por explorarla y difundirla.

En este nuevo esfuerzo, los investigadores plantearon un programa de capacitación de ecolocalización de 20 sesiones con una duración de entre dos y tres horas. Este involucró a dos grupos de humanos: 12 personas diagnosticadas como ciegas desde su infancia y 14 personas capaces de ver.

A lo largo de las sesiones, los participantes recibieron entrenamiento para navegar por laberintos virtuales con diferentes formas e identificar el tamaño y la orientación de los objetos valiéndose de la ecolocalización mediante clics en la boca.

Menos choques gracias a la ecolocalización

Hombre discapacidad visual usando un bastón mientras camina en la calle.

Para probar lo que habían aprendido, los investigadores los dispusieron en un laberinto virtual totalmente diferente durante las dos últimas sesiones. Así descubrieron que el entrenamiento había rendido resultados: aunque se encontraban en un entorno en el que nunca se habían desenvuelto, sus choques fueron menos frecuentes que al comienzo del programa.

Lo más sorprendente fue que estas personas tuvieron un desempeño casi tan bueno como el de siete ecolocadores expertos que tenían años de experiencia. De modo que los ecos de los clics que hacían con la boca sí los ayudaban a orientarse y a movilizarse a través del laberinto con mayor facilidad.

La edad no parece influir en el aprendizaje humano de ecolocalización

Otro hallazgo interesante fue que no hubo diferencias significativas en el aprendizaje de la ecolocalización según la edad. Al comparar el desempeño de los participantes, notaron que todos los participantes experimentaron “cambios notables de comportamiento” tras recibir la capacitación.

“Es importante destacar que cuando cuantificamos el grado en que los participantes mejoraron de la sesión 1 a la sesión 20 en sus habilidades en cada una de las tareas, no hubo evidencia de una asociación entre la edad y el desempeño en las tareas prácticas”, escriben los autores.

Lo que sí observaron fue que los individuos más jóvenes terminaban el recorrido de los laberintos más rápido que los mayores; a pesar de ello, la edad avanzada no parecía influir en los choques durante el proceso.

Beneficios para personas a esperas de un diagnóstico de pérdida de visión

Por si fuera poco, tres meses después del fin del programa, los participantes ciegos informaron una mejora en su movilidad mediante la ecolocalización. Esto, a su vez, favoreció la independencia y bienestar de 10 de los 12 participantes no videntes.

Los investigadores creen que esta evidencia puede apoyar futuros programas de capacitación en ecolocalización dirigida a humanos. Las personas que aún tienen una visión funcional, pero con alto riesgo de perderla en el futuro debido a afecciones degenerativas, podrían obtener enormes beneficios en materia de independencia y calidad de vida.

Referencia:

Human click-based echolocation: Effects of blindness and age, and real-life implications in a 10-week training program. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0252330