Científico loco en su laboratorio.
Crédito: Westend61. Vía Getty Images.

El conocimiento científico, lejos de ser un bloque inmóvil, es más bien un ecosistema en constante cambio, renovación y enriquecimiento. Actualmente, parece estar viviendo una debacle, ya que cada vez más investigaciones antiguas se están desmintiendo.

Sin embargo, verlo de ese modo implica solo prestar atención a una de las caras de la moneda. En efecto, presenciamos un proceso de cambio y actualización de la ciencia a velocidades que antes ni nos imaginaríamos.

Pero, ello no tiene porqué ser realmente un problema. Sobre todo si entendemos en profundidad los motivos por los que han empezado a darse dichos cambios.

¿Por qué se están desmintiendo cada vez más investigaciones antiguas?

En primer lugar, debemos resaltar que la situación no es fruto de una sola causa. De hecho, hay todo un conglomerado de situaciones sociales que han contribuido para potenciar los movimientos que hoy vemos.

De entre todo el conglomerado de razones por las que cada vez están desmintiendo más investigaciones antiguas, podemos destacar cuatro corrientes principales. Con ellas, veremos de forma general por qué la ciencia está pasando por este proceso de transformación. A continuación, te las presentamos:

Controles de calidad más rigurosos

Investigaciones científicas antiguas publicadas.
The Washington Post nos recuerda la historia sobre una revista científica que publicó el “trabajo” ‘Get me off your f*** mailing list’ sin siquiera revisarlo. Crédito: PURPLEANVIL. Vía iStock.

Efectivamente, en la actualidad el mundo científico en general junto a las revistas de publicación y divulgación científica son cada vez más estrictos con sus controles de publicación. Ahora, ello no afecta nada más a los nuevos contenidos, sino también a aquellos que se publicaron previamente.

Sobra decir que el actual se trata de un cambio necesario, sobre todo con los conocidos casos de falta de atención que han ido de la mano en la historia de las publicaciones científicas recientes. Con una recopilación realizada por El Español, podemos ver tal problema reflejado en variados y muy sonados casos.

Uno de los primeros es del perro australiano Ollie quien, bajo el nombre de Olivia Doll, fue inscrito por su dueño, Mike Daube, en la junta de siete revistas científicas. Asimismo, hubo otro caso en el que los autores del estudio pertenecieron al mundo de las caricaturas, al ser Edna Krabappel, Maggie Simpson y un desconocido Kim Jong Fun, los firmantes finales de un trabajo que llegó a publicarse, según recopila The Washington Post.

Perro científico en laboratorio.
Vía stock.adobe.com

Siguiendo esa misma línea, el mismo portal también publicó otro reportaje sobre otra revista científica que publicó el “trabajo” ‘Get me off your f*** mailing list’ sin siquiera revisarlo. De haberlo hecho, habrían notado que ‘Sáquenme de su p** lista de email’, solo contaba con esa frase escrita una y otra vez en todo el texto.

Mientras que el caso de Ollie fue principalmente negligencia, los últimos dos revelaron la existencia de portales “de divulgación” que hacen negocios al cobrar por publicar cualquier cosa sin hacer las debidas revisiones por pares que dan credibilidad a los contenidos en este tipo de revistas. Con ese tipo de situaciones en puerta, no es sorpresa que el mundo de la ciencia tuviera que redoblar sus estándares para asegurarse de que esas situaciones no se repitieran en el futuro.

Detección de fraudes

Científica loco en su laboratorio.
Los antivaxxers aún utilizan un estudio desmentido de los ochenta que relacionaba la vacunación con el autismo para justificar su rechazo a las vacunas. Vía Getty Images.

Por otro lado, no son solo algunos portales de divulgación los que han sido atrapados in fraganti en medio de fraudes. También podemos observar cómo han aumentado las cantidades de científicos cuyos engaños se han desenmascarado. De allí que aumente en la actualidad el número de investigaciones antiguas que se van desmintiendo.

Como ejemplo podemos remitirnos a las publicaciones de Hwang Woo-suk. En dos escritos, durante el 2004 y el 2005 clamó haber conseguido realizar la primera clonación humana. Se lo condenó a dos años de cárcel por su experimento, pero luego no lo cumplió una vez que una comisión de la Universidad de Seúl destapara su engaño en el 2006.

Otro de los casos más preocupantes fue el estudio que salió en The Lancet, donde se establecía una relación entre la vacunación de niños y el autismo. Desde su aparición en 1998, el estudio ha sido refutado una y otra vez. Sin embargo, los antivaxxers siguen usándolo y Andrew Wakefield, el creador del estudio, ya sin su licencia para ejercer la medicina en Reino Unido, sigue siendo un estandarte del movimiento.

Finalmente, uno de los ejemplos más notorios podría ser el del médico anestesista japonés Yoshitaka Fujii, quien realizó 212 publicaciones durante su carrera. De entre todos ellos, 193 resultaron ser fraudulentos, tal como lo descubrió en el 2017 J. B. Carlisle, tras una investigación exhaustiva que abarcó más de 5 mil publicaciones científicas.

Aumento de su visibilidad

Arqueólogo en campo de excavación.
Shinichi Fujimura, fue un arqueólogo japonés que en los setenta comenzó a enterrar “fósiles” que luego desenterraría como grandes hallazgos. Vía Getty Images.

Un punto que también ha colaborado con el aumento de las investigaciones antiguas que se están desmintiendo es la nueva visibilidad que tienen. Después de todo, mientras más ojos tienes sobre ti, más posibilidades hay de que alguien vea tus fallos –o en algunos casos, tu fraude–.

Un claro ejemplo de lo último lo vemos en el caso de Shinichi Fujimura, el arqueólogo japonés que en los setenta comenzó a enterrar “fósiles” que luego desenterraría como grandes hallazgos. Su carrera fue meteórica hasta que en el 2000 su farsa se cayó cuando un medio local japonés reveló imágenes de Fujimura enterrando más fósiles.

Además de ese tipo de historia, también tenemos el surgimiento de personalidades como Bill Nye “The Science Guy” que se ha hecho famoso por su trabajo divulgativo y educativo como presentador de televisión. Junto a él también podemos posicionar a Neil deGrasse Tyson, astrofísico y escritor estadounidense que se ha ganado un lugar en el mainstream gracias a su labor como divulgador científico.

Neil deGrasse Tyson y The Science Guy.
Neil deGrasse Tyson y Bill Nye “The Science Guy”.

Esta generación de divulgadores se inspiró en Carl Sagan, quien fue uno de los pioneros en hacer masiva la divulgación científica. Todo gracias a la transmisión de su programa de televisión “Cosmos: A Spacetime Odyssey” (Cosmos: una odisea espacial) que se hizo icónico desde su lanzamiento en los ochenta.

La aparición de esa nueva clase de celebridades científicas nos habla del cambio en la notoriedad del mundo de la ciencia. Ahora, ella se encuentra en una posición mucho más protagónica que en cualquier época pasada.

Asimismo, también entran en juego portales divulgativos de noticias de ciencia como Ars Technica, Nature o Science Advances, a través de los que todos pueden tener acceso a la información científica, incluso sin ser expertos. Así, las noticias sobre nuevos descubrimientos vuelan mucho más rápido. Eso contribuye a que los estudios se conozcan con más velocidad en el mundo y puedan llegar a ser refutados más rápido también.

Llegada de nuevas y mejores tecnologías

Galaxias en el espacio.
Crédito: ESA/Hubble y NASA.

Finalmente, otro aspecto que innegablemente ha contribuido a que se estén desmintiendo más y más investigaciones antiguas es el avance tecnológico. Después de todo, algunas conclusiones científicas del pasado solo pudieron llegar hasta donde la tecnología de la época las llevó.

Entonces, cuando los científicos de ahora las ponen a prueba ante nuevos equipos, obtenemos resultados más variados que podrían ayudar a profundizar la teoría o a darle un nuevo enfoque por completo. Como un ejemplo de lo último tenemos el caso de la “Constante de Hubble “, que según los estudios más recientes, no es tan estable como se esperaría.

Bonus: un golpe de suerte

Mano de científica escribiendo en un cuaderno.
Vía iStock.

Como un extra, no podemos dejar de mencionar cómo en algunas ocasiones, antiguas investigaciones se terminan desmintiendo por la aparición inesperada de nuevas evidencias. Tal fue el caso del desastre del dirigible Hindenburg.

Por años, se habían creado teorías y más teorías sobre el motivo por el que el dirigible se encendió en llamas y terminó estrellándose contra el piso. Sin embargo, nunca se pudo llegar a una conclusión certera del asunto.

Durante el 2021, se dieron a conocer grabaciones antiguas –tomadas por un aficionado– que ofrecen una nueva perspectiva para la ciencia. Una que, además, fue justo lo que necesitó para finalmente comprender qué ocurrió en el dirigible.

¿Qué significa para la ciencia que se estén desmintiendo tantas investigaciones antiguas?

Ilustración de un científico en su laboratorio.

Podría parecer que el que se desmientan tantas investigaciones antiguas es un problema. Ya que el desacreditar lo que antes se tenía como conocimiento científico podría quitarle credibilidad a nuevos estudios.

Sin embargo, también debemos considerar que el proceso de “depuración” por el que la ciencia pasa ahora al final ayudará a que cobre fuerza. Todo ya que en la actualidad el mundo científico se encuentra con una posibilidad única que en épocas pasadas era impensable: hay más personas atentas a los contenidos, contamos con herramientas más detalladas para realizar los estudios y somos más minuciosos con su publicación.

En total, la información que se refuta ahora está siendo reemplazada por datos verídicos y mucho más rigurosamente comprobados. Mientras que, por su lado, aquella que no se modifica básicamente se está probando como confiable.

Por lo que, sí, tanto desdecir lo que ya se había estipulado puede verse mal en un principio para la ciencia. Pero, a la larga, contribuye a que se cree una base de conocimientos científicos mucho más fuerte y confiable con la que contar en el futuro.

Referencias:

Data fabrication and other reasons for non-random sampling in 5087 randomised, controlled trials in anaesthetic and general medical journals (2017) Anaesthesia: https://doi.org/10.1111/anae.13938