La pandemia del coronavirus ha causado efectos inimaginados en la sociedad y, entre ellos, uno pudo haber sido el colaborar con la desaparición de dos cepas de la gripe estacional. También conocida como influenza, la enfermedad ataca a la humanidad cada año debido a la veloz evolución de sus variantes.

En general, para poder estar preparados contra ella, es necesario recibir las vacunas contra la influenza de forma anual. Sin embargo, ni siquiera ellas pueden ofrecer una protección completa, ya que solo abarcan una rama finita de variantes de la gripe estacional. Unas que, de un año al otro, pueden mutar rápida y drásticamente.

Por ese motivo, la idea de que las mutaciones durante el 2020 podrían haber disminuido en lugar de aumentar parece más una ensoñación que una realidad. Sin embargo, no se trata de una ilusión. Realmente, según los registros, el año pasado al menos dos cepas de la influenza no se registraron entre los casos de gripe estacional, convirtiendo a la ocurrencia en un momento inédito para la ciencia.

¿La pandemia nos ayudó a hacer desaparecer dos cepas de la gripe estacional?

Según parece, es una posibilidad. Como bien se sabe, la influenza se divide principalmente en dos variantes generales A y B. De cada una de ellas, se desprenden más variantes un poco más similares entre sí. De las dos, la influenza A es la más peligrosa, ya que se ha llegado a transmitir a animales y tiene la posibilidad de mutar más notoriamente en menos tiempo.

Hombre con mascarilla protegiéndose con mascarilla contra la pandemia del coronavirus.
Vía Wikimedia Commons.

Ahora, según los testimonios de científicos dados a Helen Branswell de STATS News, una cepa de cada variante principal parece haber desaparecido del mapa. Un punto que pueden aseverar ya que cada año se hace un registro de las cepas que se presentan entre las personas antes de la “temporada de influenza” de forma que se puedan crear vacunas capaces de contrarrestar las mutaciones más repetidas entre los pacientes.

Al parecer, al menos la influenza B del linaje Yamagata y un grupo del virus de la influenza A H3N2, conocido también como 3c3, no se han reportado en todo lo que va de pandemia. Con su desaparición de los registros de pacientes se crea la esperanza de que la cepa no haya podido seguirse transmitiendo y que, por ende, ya se encuentre más entre nosotros.

¿Por qué ha pasado esto?

Según las conclusiones presentadas por Ari Shapiro de NPR y Branswell, en el portal de NPR.org, la posible desaparición de las dos cepas de la gripe estacional pudo tener que ver con el enmascaramiento y aislamiento con el que respondimos al coronavirus.

Claramente, las medidas de confinamiento y distancia social se tomaron con la intención de disminuir las posibilidades de transmisión del virus. Ahora, ellas no solo son útiles contra el SARS-CoV-2. De hecho, son protocolos de seguridad que se podrían tener con otras enfermedades contagiosas como la influenza. Por eso, nuestros esfuerzos por parar al COVID-19, de algún modo también pudieron afectar a la gripe estacional.

¿Las dos cepas de gripe estacional han desaparecido por completo?

Es poco probable. Sí, es claro que al menos este año y probablemente el siguiente no sepamos mucho de ellas. Sin embargo, no hay una forma totalmente segura de ratificar que las cepas no siguen circulando en poblaciones de personas que no han sido evaluadas o en grupos animales que estén fuera del radar.

Según los expertos, a medida que las restricciones por el coronavirus disminuyan, veremos muy probablemente también un regreso de la gripe estacional. Sin embargo, al menos a corto plazo, la desaparición temporal del par de cepas podrían facilitar la fabricación de vacunas para el año siguiente, ya que los científicos tendrán dos variantes menos por las que preocuparse.

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