Brócoli sobre una mesa.

Desde pequeños nos han dicho una y otra vez que debemos comer nuestras verduras porque son saludables y favorecen nuestro crecimiento. Por lo general, es difícil encontrarlas sabrosas en una etapa temprana de la vida, pero eventualmente muchos terminan por aprender a comerlas, mientras que otros no. ¿Existe alguna explicación para ello?

Pues bien, más allá de ser una cuestión de gustos, parece haber raíces genéticas. En 2019, un equipo de investigadores de la Universidad de Kentucky se interesó por el tema y descubrió que un gen en ciertas personas hace que estas perciban las verduras con un sabor particularmente amargo.

Una raíz genética en la percepción de sabores amargos

Antes que nada es necesario evaluar un poco el papel de ciertos genes en el sentido del gusto de las personas. La evidencia muestra que los humanos nacen con dos copias de un gen del gusto llamado TAS2R38.

Mujer de piel oscura con camisa blanca a punto de comer verduras con una sonrisa.

Algunos individuos heredan dos copias de una variante genética denominada AVI, mientras que otros heredan una copia de AVI y una copia de otra llamada PAV; los primeros no son tan sensibles al sabor amargo, mientras los segundos son particularmente sensibles.

Esto sirvió de base para explorar más a fondo las preferencias de un grupo de personas con una edad promedio de 52 años. El interés radicaba en determinar si este gen influye también en el interés por comer verduras en personas con riesgo cardiovascular.

Un gen vinculado al gusto por comer vegetales

Los investigadores basaron su estudio en una muestra de personas que participaron en un trabajo previo que exploró la influencia genética en la enfermedad cardiovascular. En esta oportunidad, seleccionaron 175 personas con dos o más factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y les hicieron seguimiento durante tres años. En el proceso, aplicaron cuestionarios de frecuencia alimentaria.

Tras analizar los datos, descubrieron que las personas con la forma PAV del gen tenían dos veces y media más probabilidades de clasificarse en la mitad inferior en el número de verduras consumidas.

Es probable que la percepción de un sabor amargo intenso al probarlas es lo que motiva a las personas portadoras del gen a limitarse de comer verduras. Pero esto no solo implicará que el brócoli, las coles de Bruselas y el repollo les resulten desagradables, sino también otros alimentos con poca calidad nutricional como el chocolate negro, al café y, a veces, a la cerveza.

¿La variante del gen que provoca rechazo a las verduras afecta la salud?

“Esta asociación podría influir en su capacidad para modificar sus dietas para cumplir con un patrón de alimentación saludable para el corazón”, dijo según Jennifer L. Smith, enfermera titulada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kentucky.

Pero esto está lejos de constituir una razón justa para dejar que las personas prescindan del consumo de vegetales. Al contrario, los hallazgos deberían motivar nuevas investigaciones que exploren el vínculo entre los genes y el gusto por comer verduras.

Recordemos que, al contrario de los alimentos super procesados que parecen caer bien a casi todos los paladares, las verduras contienen un alto contenido nutricional. Estas no solo pueden favorecer la salud intestinal, sino también proteger el sistema cardiovascular humano.

Referencia:

Sensitivity to bitter tastes may be why some people eat fewer vegetables. https://newsroom.heart.org/news/sensitivity-to-bitter-tastes-may-be-why-some-people-eat-fewer-vegetables