Vista de un huracán desde el espacio
Crédito: NASA/Vía Reuters

Intentar dominar la fuerza de la naturaleza suena descabellado, pero hace más de siete décadas esa idea se persiguió con seria intención. En los años 40, se creía que controlar el clima era posible, por tanto sería muy beneficioso para la humanidad. A partir de esa creencia, nació el Proyecto Cirrus y el interés por controlar la velocidad de un huracán.

Este alucinante programa surge de la alianza entre General Electric Corporation, la Oficina de Investigación Naval y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Esto bajo un solo propósito: disminuir la fuerza de ciclones tropicales.

Programa Cirrus: un intento por controlar la fuerza de la naturaleza

Después de cierto escepticismo por parte de los científicos del gobierno estadounidense, decidieron probar una hipótesis –investigación de Irving Langmuir— que suponía cambiar el curso y reducir la fuerza de un huracán. El experimento tuvo lugar el 13 de octubre de 1947 en un ciclón tropical que se dirigía de oeste a este y hacia mar adentro en las costas de Estados Unidos.

Una oportunidad que no podían dejar pasar

El interés por controlar este huracán surge ante los extraordinarios resultados obtenidos por Langmuir meses antes en una prueba de laboratorio. Este había inyectado yoduro de plata en una pequeña nube dentro de un congelador que sorprendentemente produciría nieve. En efecto, la hazaña llamó la atención del ejército de Estados Unidos, este terminaría comprando la idea y la probaría en un ambiente natural: un huracán.

Siembra de nubes, técnica usada para intentar controlar huracanes
Siembra de nubes: durante este proceso se inyecta yoduro de plata o hielo seco triturado en las nubes para provocar precipitaciones. Crédito: Wikimedia Commons

Así fue como el avión B-17 del Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico 53° inyectó aproximadamente 80 kilogramos de hielo seco – dióxido de carbono congelado- a lo largo de las bandas de lluvia de un huracán que se dirigía mar adentro. Todo ello con la firme intención de alterar la temperatura de las nubes y la velocidad del viento de la tormenta.

El ciclón tropical cambió su rumbo, pero terminó en consecuencias fatales

Según Langmuir, tras la inyección de hielo seco –conocida como siembra de nubes— el huracán dio un giro de 90 grados, es decir, que se desvió completamente de su curso inicial. Sin embargo, terminó en las costas de Georgia, EE.UU., provocando consecuencias fatales para los habitantes de este estado. De hecho, acabó con la vida de dos personas y otras 1.400 perdieron sus hogares. Incluso, se registraron pérdidas de aproximadamente 200 millones de dólares en daños materiales.

Si bien el gobierno asumió la culpa, no se encontró prueba alguna de ello. Los presuntos responsables alegaron que el cambio de dirección lo había provocado por la propia naturaleza. Tal como sucedió en 1906 cuando un huracán tomó una ruta similar. De hecho, mostraron como evidencia que el ciclón había comenzado a girar antes de la siembra de nubes. De esa forma, el gobierno quedó libre de toda responsabilidad.

Proyecto Stormfury: la clave para saber por qué había fracasado el Programa Cirrus

Señal de tormenta (puede transformarse en huracán) en la costa de Estados Unidos

Tras el desastre de Georgia, el Programa Cirrus se canceló. No obstante, años más tarde (entre 1963 -1971) se reactivaría bajo la denominación de Proyecto Stormfury con la misma intención: controlar huracanes. Durante ese periodo, la Marina y la Oficina Meteorológica de los Estados Unidos continuaron experimentando con la siembra de nubes. En algunos casos, obtuvieron resultados significativos como en el huracán Beulah (1963), el cual disminuyó su velocidad en un 20 por ciento gracias a la inyección de yoduro de plata.

No obstante, “la falta de huracanes adecuados para la siembra de nubes frustró nuevos intentos de ratificar la hipótesis hasta 1969, cuando los investigadores habían revisado su comprensión de las tormentas”. Y, se habían inclinado por la idea de inyectar una cantidad masiva de yoduro de plata que debilitaría la pared del ojo original del ciclón al cortar su suministro de calor y humedad.

Al final concluirían que “el agua sobreenfriada no era tan abundante en las tormentas como se pensaba, y las paredes concéntricas del ojo ocurren con frecuencia de forma natural”. Eso significa que las modificaciones que sufrieron estos huracanes podrían haber sido producto de una causalidad.

En consecuencia, Stormfury se cancelaría en 1983 por considerarse un fiasco. Claramente, el Programa Cirrus falla por la misma razón: la imposibilidad de controlar la fuerza de un huracán.

Entonces, ¿puede el ser humano alterar el desarrollo de ciertos fenómenos naturales?

Tormenta eléctrica

En el caso de los huracanes, es muy difícil. El profesor de ciencias atmosféricas en la Universidad de Utah, Ed Zipser, explica que “la madre naturaleza tiene su propio ciclo de reemplazo de la pared del ojo” del ciclón, por tanto “no tiene mucho sentido intentar crear uno artificial”. Además, agrega que en estas situaciones no es beneficioso reducir la velocidad del viento de un huracán, puesto que las lluvias y no los vientos son las que causan mayor daño.

Ahora bien, la siembra de nubes va más allá de intentar reducir la fuerza de un ciclón tropical. En 1972, se descubrió que el ejército de Estados Unidos había usado este método para provocar lluvias en Vietnam del Norte. De igual modo, China lo ha usado para provocar precipitaciones en la zona norte de ese país, donde la sequía abunda. En una oportunidad, los meteorólogos chinos indicaron que después de inyectar nubes de lluvia con yoduro de plata, “provocaron la nevada más temprana de Beijing en una década”.

Otro caso resaltante, tiene que ver con el Proyecto HAARP (High Frequency Advanced Auroral Research Projec). Al parecer, este tendría la capacidad de modificar el clima en todo el planeta. Para ello, sus creadores llenarían de energía la ionósfera a través de un calentador que provoca que las capas superiores de la atmosfera colisionen. En efecto, el flujo de energía se enviaría a cualquier parte de nuestro planeta para provocar terremotos, huracanes e incluso detectar misiles y túneles subterráneos.

Es evidente que los proyectos como Cirrus que buscaban controlar la fuerza de la naturaleza son un fracaso, los seres humanos no podemos intervenir en el desarrollo de fenómenos naturales y el intento por controlar el clima es una tarea bastante compleja que podría acarrear más problemas que soluciones.

¿Qué pasaría si otros programas como HAARP se llevasen a cabo exitosamente y pudiéramos generar desastres naturales? De seguro tendría consecuencias nefastas para la humanidad y el planeta. ¿Qué opinas, crees que es beneficioso controlar la naturaleza o simplemente debemos concentrar nuestros esfuerzos en la prevención y acción frente a un desastre natural?