Persona con un poco de protector solar en la nariz, gorro para darse sombra y lentes de sol mirando levemente hacia arriba.
Vía Pixabay.

Los bloqueadores solares son vitales para mantenernos protegidos a la hora de exponernos al sol. Sin embargo, algunos de ellos han demostrado ser peligrosos tanto para nuestra salud como la del ambiente. Por ese motivo, el reciente anuncio sobre un protector solar ecológico podría finalmente resolver la encrucijada en la que nos encontramos con respecto al cuidado de nuestra piel.

Desde años atrás, varias naciones y también localidades como Hawái han pensado en prohibir el uso de protector solar en sus playas a causa de los problemas ecológicos que causan para los corales. Sin embargo, por los momentos no ha habido una respuesta definitiva contra la situación y, mientras tanto, tanto el ambiente como la humanidad siguen estando en peligro.

Para intentar cambiar la situación, los investigadores Zheng-Mei Xiong, Xiaojing Mao, Mason Trappio, Chanda Arya, Jasmin el Kordi y Kan Cao buscaron alternativas para los protectores solares actuales. Al final, lograron toparse con un compuesto cuyas variadas propiedades detallaron en su estudio publicado en Scientific Reports.

El dilema de los protectores sociales

En la actualidad, un componente conocido como oxibenzona hace presencia en 80% de los bloqueadores solares. El problema es que es justamente él quien convierte al protector solar en un riesgo ecológico.

Protector solar ecológico al borde de una playa, sobre la arena.
Vía Pixabay.

De allí que sea necesario buscar formas de eliminarlo. Pero, lastimosamente, hasta ahora ninguna de las ideas propuestas había dado los frutos esperados. Ya que, aunque en algunas partes se eliminó la oxibenzona y se la reemplazó con compuestos menos dañinos, no se encontraron alternativas que ofrecieran los mismos niveles de protección. Como consecuencia, se puso en riesgo la salud de la piel de las personas.

Dicha situación podría cambiar ahora, con el redescubrimiento del azul de metileno. Como bien sabemos, el compuesto no es nuevo y ha sido usado en la medicina por centurias. Sin embargo, nos encontramos ante el primer estudio que lo relaciona directamente con beneficios para la protección de la piel y del ambiente.

El azul de metileno será la clave para crear el nuevo protector solar ecológico

El gran descubrimiento que vino de la mano con el azul de metileno es que se trata del perfecto protector solar ecológico. Según parece, el compuesto no solo puede fácilmente convertirse en la nueva base de los bloqueadores, sino que también protege el ambiente y ofrece beneficios para la piel que van más allá de la protección.

En el primero de los casos, nos encontramos con que el azul de metileno ha mostrado no causar ningún daño a los arrecifes de coral. En otras palabras, es perfectamente seguro para nadar en las playas que los tengan cerca –todo sin perturbar el equilibrio biológico de la zona–.

Por otro lado, también se ha visto que el azul de metileno puede actuar como un protector solar de amplio espectro. Es decir que tiene la posibilidad de protegernos contra la acción de los rayos UVB (causantes de cáncer y melanomas) y los UVA (culpables de las arrugas y envejecimiento excesivo de la piel).

“En conjunto, nuestro estudio sugiere que el azul de metileno tiene el potencial de ser un ingrediente activo de protección solar amigable con los arrecifes de coral que puede proporcionar una protección de amplio espectro contra los rayos UVA y UVB”, concluyeron los autores.

Más que un simple protector

Como si lo anterior fuera poco, se detectó una tercera utilidad del azul de metileno. Además de permitir la creación de un protector solar ecológico, también actúa como un tópico regenerador celular. En otras palabras, ayuda a disminuir los daños al ADN causados por la irradiación ultravioleta. Detalle que, a la larga, colabora con una mayor supervivencia celular y mejor salud de la piel.

Referencia:

Ultraviolet radiation protection potentials of Methylene Blue for human skin and coral reef health: https://doi.org/10.1038/s41598-021-89970-2