Los humanos evolucionaron para caminar erguidos no solo por comodidad, de hecho, esta postura conseguida por milenios de evolución es una muestra de nuestra inteligencia como especie. ¿Por qué? Estamos a punto de contarte.

Para empezar: ¿te has preguntado por qué la inteligencia humana es tan… diferente?

En general, nuestro tipo de inteligencia es uno de los más raros y versátiles de la naturaleza. A pesar de que venimos con pocos conocimientos innatos, tenemos una capacidad de aprendizaje casi inigualable que nos permite perfeccionar nuestras habilidades en infinidad de campos.

Como consecuencia, la misma especie que escribe odas y poesía puede usar su mente para construir todo tipo de naves para surcar los mares, los océanos y hasta las estrellas. En general, dicha capacidad nos ha permitido adaptarnos constantemente a las necesidades de nuestro alrededor y estar a la altura de los desafíos que el paso del tiempo nos ha presentado.

Hombre frente a fondo blanco.
Creador: Sebastiaan ter Burg. Vía Flickr.

Ahora, ¿te has preguntado de dónde viene tal cualidad? Nuevas posturas parecen apuntar a que nuestro tipo de inteligencia pudo haber sido influenciada por nuestra evolución a caminar en dos piernas. Ya que, aunque no lo parezca, los mecanismos que tuvieron que desarrollarse para que esto se diera, interfirieron radicalmente el desarrollo de las siguientes generaciones de humanos.

Tal es la importancia de este rasgo, que es incluso el verdadero diferenciador definitivo entre nosotros y nuestros parientes primates. Ya que ni siquiera el tamaño como tal de nuestro cerebro es el gran diferenciador, puesto que el caminar en dos piernas limitó en su momento el tamaño máximo que este podría tener.

Entonces… ¿por qué la humanidad se volvió bípeda?

Paso de caminar en cuatro patas a ser bípedos durante la evolución humana.
Crédito: Nicholas Veasey. Vía Getty Images.

Pensando en que el caminar en dos piernas podría ser una traba para nuestra inteligencia, es entendible que nos preguntemos por qué la evolución nos llevó a erguirnos. Hasta la fecha, la explicación a tal fenómeno aún no está totalmente clara. Sin embargo, existen algunas teorías que explican posibles motivos para el cambio evolutivo.

Algunas de las ideas rechazadas hasta la fecha incluían la posibilidad de que nuestros ancestros tomaran el bipedalismo como una ventaja para ver por encima del pasto alto. Dicha propuesta se refutó rápidamente debido a que los terrenos donde habitaron los primeros humanos tendían a tener una vegetación al ras del suelo. Igualmente, se habló de que podía ser una forma de minimizar la superficie del cuerpo expuesta al sol, pero también se descartó rápidamente, según recopiló la Smithsonian Magazine.

Luego, otras posibilidades fueron que el bipedalismo ofrecía un uso más eficiente de la energía. De hecho, según Science Daily, se observó que la caminata en dos piernas de los humanos consumía un 75% menos de energía y calorías que la caminata cuadrúpeda en chimpancés.

Las teorías más aceptadas

Esqueletos humanos llevados a caminar erguidos por la evolución.
Vía greencomet.org

Por otra parte, también se planteó durante los ochenta, que el cambio al bipedalismo pudo ser una respuesta al cambio climático, según la postulación de Peter Rodman y Henry McHenry, de la Universidad de California. Para explicarlo, comentaron que la disminución de árboles pudo forzar a nuestros ancestros a descender de las ramas y caminar por los claros que comenzaron a formarse a medida que su hábitat se calentaba y secaba.

Finalmente, una de las ideas más aceptadas es que el humano se irguió por necesidades de supervivencia y reproducción. Según reportó BBC, este cambio y liberación de las manos pudo hacer a los hombres de la especie mejores cazadores. Mientras tanto, también permitió a las mujeres cuidar con más detalle de sus hijos –un cambio que, en ellas, podría realmente haber marcado la diferencia para la humanidad–.

“Caminar erguidos libera las manos para cargar y manipular herramientas. (…) Permite las caminatas de larga distancia y, eventualmente, dar carreras de resistencia. Finalmente, [caminar en dos piernas] pudo haber sido el paso clave que llevó al cerebro de nuestros ancestros a crecer”, comentó Chris Stringer, antropólogo en el Museo de Historia Natural de Londres, para BBC.

La capacidad de caminar erguidos definió la evolución de nuestra inteligencia

Diferentes cráneos con tamaños de cerebro varios.
Crédito: Marcia Ponce de León y Christoph Zollikofer/Universidad de Zürich.

Según nos recuerda la BBC, las muestras del bipedalismo en humanos se han datado hasta hace 6 millones de años. Por lo que, es claro que se trata de una característica evolutiva tuvo milenios para perfeccionar.

Con el paso a caminar en dos piernas, según parece, no solo nuestras habilidades físicas se potenciaron, sino que se marcó un antes y un después en la evolución de nuestra mente. Todo debido a los cambios físicos que fueron de la mano con el cambio de postura.

De forma general, nuestra inteligencia está ligada al tamaño del cerebro. Sin embargo, como mencionamos anteriormente, esto no es todo. Ya que, si lo fuera, no habría nada que nos diferenciara de los otros primates.

Diferencia de las pelvis de una mujer y una orangután.
Crédito: Encyclopædia Britannica, Inc.

El detalle de nuestra evolución es que, mientras las mujeres de la especie comenzaron a caminar en dos piernas, sus pelvis se hicieron más estrechas, de forma que limitaban el tamaño de crecimiento del cerebro de los bebés. Si se hubieran mantenido en una pose cuadrúpeda, no hubieran contado con otras habilidades y capacidad de uso de herramientas básicas para poder sobrevivir.

¿Entonces cómo logró la evolución mantener el equilibrio entre nuestra inteligencia y nuestra capacidad de caminar?

Cuando estas dos presiones se enfrentaron, la humanidad se vio ante una encrucijada: permanecer como cuadrúpedos con cerebros más grandes, o ser bípedos con cerebros más pequeños.

Diferencias entre el cerebro humano y el de un chimpancé, mostrando los distintos tipos de inteligencia.
Crédito: Aida Gómez-Robles y José Manuel De La Cuétara. Vía BrainFacts.org

Al final, su respuesta fue encontrar un punto medio. Por un lado, el cuerpo de las madres y de los bebés se adaptó para maximizar la situación. De esa forma, los bebés nacen con un cráneo suave que les deja pasar con más facilidad por el canal de parto. Mientras tanto, la pelvis de las madres evolucionó para separarse momentáneamente durante el parto.

No obstante, el cambio más determinante, nacido de nuestro nuevo modo de caminar, tuvo que ver con la evolución de nuestro tipo de inteligencia. Esta permitió que tuviéramos menos conocimientos por “default” al nacer –lo que hizo a nuestro cerebro más pequeño– pero que, en cambio, tuviéramos la capacidad de asimilar habilidades y aprender sobre nuestro ambiente a proporciones mucho mayores que cualquier otro animal.

El poder del aprendizaje

Bebé comiendo una patilla.
Vía Pixabay.

Básicamente, el cambiar a caminar erguidos marcó la pauta de nuestra evolución para que desarrolláramos nuestra característica capacidad de aprendizaje. En la actualidad, los humanos habitamos casi todos los territorios de la Tierra. Y, aunque somos una sola especie, hemos desarrollado adaptaciones para cada espacio al que llegamos.

Esa posibilidad de adaptarnos viene de tener un cerebro que vino casi “vacío” y con grandes posibilidades de aprender. De allí que nuestros bebés sean mucho menos “independientes” que las crías de otros animales y que requieran de más tiempo de cuidado.

Cría de mono y bebé en la misma pose, lado a lado.
Vía thesun.co.uk

En otras palabras, como especie no nacemos inteligentes, sino que nos hacemos inteligentes. Un detalle que no tendríamos si hubiéramos seguido siendo cuadrúpedos y el tamaño de la pelvis de las mujeres no hubiera sido una limitante para el crecimiento del cerebro.

Inteligencia humana: un eterno proceso de aprendizaje, evolución y adaptación

En resumen, la inteligencia humana que conocemos hoy fue el fruto del proceso de evolución que nos llevó a caminar erguidos. Sin este cambio en nuestra postura, tal vez nunca hubiéramos tenido la capacidad de dominar cada ambiente nuevo al que llegábamos, ya que no habríamos contado con las herramientas para adaptarnos a él.

Ahora, dicha capacidad no se ha detenido. De hecho, se mantiene en un constante proceso de retroalimentación entre las antiguas y las nuevas generaciones.

Manos de un bebé, un adulto y un anciano, representando el paso de la inteligencia humana a través de la evolución.
Vía Pixabay.

Los bebés nacen y se adaptan al nuevo mundo tecnológico que tenemos hoy. Pero la rueda no se detiene allí, al crecer y ganar más conocimiento contribuyen con su avance y desarrollo. Como consecuencia, la siguiente generación nace en un mundo distinto y más avanzado, al que también se adapta, para dar inicio nuevamente el ciclo eterno de crecimiento y progreso.

¿Quién diría que tendríamos tanto que agradecer a nuestra capacidad de caminar en dos pies?

Referencias:

Why Humans Walk On Two Legs (2007): https://www.sciencedaily.com/releases/2007/07/070720111226.htm

Bioenergetics and the origin of hominid bipedalism (1980): https://doi.org/10.1002/ajpa.1330520113

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