Mujer mostrando rechazo por ciertos sonidos.
Crédito: Hilde Skjølberg. Vía Flickr.

Nuestra capacidad de escuchar, interpretar y responder a diversos sonidos ha sido vital para nuestra supervivencia y desarrollo. Sin embargo, no todos procesamos los estímulos auditivos de la misma manera. Y, de hecho, una de las mayores pruebas de esto son las personas que, por una conexión distinta en sus cerebros, terminan presentado rechazo a sonidos que los demás, por lo general, ignoramos.

Dichas personas, que manifiestan rechazo e incluso odio por ciertos sonidos como el chasquido de la boca al masticar o el tamborileo de los dedos, tienen una condición conocida como misofonía. Según se sabe, entre un 4 y 20% de la población del mundo la sufre en algún grado. Pero es poco lo que sabemos sobre ella además de eso.

Específicamente, los investigadores que identificaron la particular conexión cerebral fueron Sukhbinder Kumar, Pradeep Dheerendra, Mercede Erfanian, Ester Benzaquén, William Sedley, Phillip E. Gander, Meher Lad, Doris E. Bamiou y Timothy D. Griffiths. En conjunto, publicaron sus hallazgos recientemente en el Journal of Neuroscience.

¿Cómo se descubrió esta conexión “anormal”?

Persona con misofonía sobre fondo azul.
Crédito: Brian J. Matis.

Para poder identificar el nuevo detalle sobre la misofonía, los investigadores trabajaron con un grupo de 75 personas con y sin la condición. Luego, se le presentó a cada uno tres tipos de sonidos.

En primer lugar, se mostraron los “detonantes” de la misofonía como los chasquidos. Seguidamente, se presentó un sonido “neutral” como la lluvia. Finalmente, se trabajó también con un ruido al que todos mostramos rechazo, los gritos.

Con los datos recopilados a través de escaneos cerebrales de resonancias magnéticas, se identificó una activación “anormal” en la corteza motora cerebral. Debido a esa pequeña diferencia en el cerebro, los individuos con misofonía fueron los únicos en reportar el rechazo a los sonidos “detonantes”.

Esto pasa en tu cerebro cuando muestra rechazo a ciertos sonidos

 

Al final, se determinó que el rechazo a los sonidos como chasquidos o tamborileos se dio específicamente por una relación peculiar entre el centro auditivo del cerebro y la corteza motora orofacial. Es decir, aquella que se encarga de controlar los movimientos de la cara, la boca y la garganta.

Según lo explicado por los investigadores, esta combinación anormal hace que las personas con misofonía experimenten el sonido como una disrupción no solo auditiva sino motora. Por lo que, su corteza motora orofacial se activa. Como consecuencia, los individuos se sienten alterados, intranquilos e incluso molestos por la disrupción involuntaria en sus procesos cerebrales.

“Se podría describir como una ‘conexión supersensibilizada’”, comentó Kumar neurocientífico Universidad de Newcastle en el Reino Unido.

Por lo que parece, esta se trata de la primera investigación que ha detectado una conexión entre ambas cortezas cerebrales. Por lo que nos ofrece por primera vez una explicación más clara de la forma en la que el cerebro trabaja para mostrar rechazo por sonidos particulares.

Según Kumar y sus colegas, dicha reacción podría venir de la mano con la activación del “sistema espejo”. Este es típicamente es utilizado por nuestro cerebro para poder interpretar los movimientos, sonidos y expresiones de otros al “imitarlos”. Pero, en lugar de hacernos repetirlos, solo activa las zonas del cerebro que se requerirían para ello.

No solo los estímulos sonoros pueden desencadenar la misofonía

Hombre frente a fondo negro escuchando sonidos a la distancia.
Crédito: Bart. Vía Flickr.

Un detalle peculiar que los investigadores detectaron es que las conexiones cerebrales “anormales” no solo quedaban en la corteza motora y auditiva. En realidad, también observaron que ellas se extendían hasta partes de la corteza visual de los participantes.

En consecuencia, se llegó a concluir inicialmente que la misofonía no solo podría ser desencadenada por un rechazo a ciertos sonidos, sino también por algunos estímulos visuales “malinterpretados” por el cerebro. Ahora, este detalle aún no se ha estudiado a profundidad, pero ha surgido como una posibilidad interesante e inesperada dentro del estudio.

Para el futuro

En la actualidad, la esperanza del grupo de investigación es que los nuevos datos ayuden a comprender con más profundidad a la misofonía. Ya que, hasta ahora, se la había tratado como un fenómeno meramente auditivo. Pero la nueva información nos comprueba que también es un problema de la activación de la corteza motora del cerebro.

En otras palabras, para poder atender esta condición no solo habría que enfocarse de forma más general en ambas cortezas cerebrales. Con ello, quizás en el futuro se puedan ofrecer mejores alternativas para aquellos cuya conexión cerebral sea tan grave como para no dejarlos realizar sus labores cotidianas debido a su rechazo a sonidos mundanos.

Referencia:

The motor basis for misophonia: https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.0261-21.2021