Humano parado entre numerosos troncos de árboles en un bosque al atardecer.

Los humanos podemos comunicarnos con nuestro perro en casa, e incluso con los ratones que huyen al escucharnos gritar cuando los vemos, pero la comunicación con los árboles es otra historia. Tocar los troncos y las hojas, o simplemente estar en un entorno que cuente con su agradable presencia nos proporciona bienestar tanto a nivel físico como psicológico, pero ¿cuántos pueden afirmar que hay una retroalimentación?

Muchas personas acostumbran hablar a las plantas de su jardín bajo la creencia de que esto puede favorecer su crecimiento, o simplemente mantenerlas radiantes. Y aunque varios experimentos han encontrado evidencia de ello, esta sugiere más bien que son, de alguna forma, capaces de “escuchar” sonidos.

Como tal, aún no existe evidencia suficiente de que la comunicación entre los árboles y las personas sea posible. Sin embargo, indagando en las numerosas observaciones realizadas a través de la historia, existen ciertos indicios que podrían alimentar nuestras expectativas de lograrlo en un futuro.

La comunicación amerita retroalimentación

Hombre de espaldas fotografiando un árbol a cierta distancia.

Primero tengamos en cuenta que los árboles no están simplemente allí usando los recursos del planeta para crecer y luego acumular carbono o convertirse en estantes de madera. Existe evidencia robusta de que los árboles responden a numerosos estímulos en el medio ambiente, y de que mantienen una comunicación efectiva con los de su tipo.

Pero hablar de retroalimentación intencional con los humanos es más difícil. Aunque los científicos han logrado observar e identificar algunos mecanismos implicados en sus reacciones, en realidad no se han comunicado con ellos. Comunicación no es monitorear las interacciones entre los árboles; comunicación sería obtener señales de ellos en respuesta a las que nosotros enviamos.

Por ejemplo, los árboles transpiran compuestos químicos a cuya exposición respondemos con cambios en la presión arterial; pero el árbol no se da cuenta de nuestra respuesta (o al menos, hasta ahora, no lo hemos confirmado), lo cual podría explicarse por la falte contacto.

Si abrazamos un árbol, ¿podríamos percibir una respuesta?

Ahora bien, si este es el problema, podemos solucionarlo con un abrazo, una estrategia muy eficaz entre los humanos. Pero aquí entraría en juego otra dificultad, que sería el tiempo de respuesta (si la hubiera). Los árboles son lentos, y esperar por una reacción tras un abrazo podría tomar más tiempo del que los humanos, tan móviles, estaríamos dispuestos a esperar.

La historia cambia un poco si nos dirigimos a sus raíces, bien conocidas por su alta sensibilidad. Aunque están bajo la tierra, al toparse con una piedra, las raíces lo notan y cambian su camino. Así que, si hubiese una posibilidad de comunicación entre humanos y árboles, probablemente las raíces estarían involucradas. El problema es que ellas odian el sol y el aire (10 minutos al sol pueden significar la muerte de sus tejidos), y nosotros no nos parecemos en nada a los topos.

Dos niñas caucásicas abrazando el tronco grueso de un árbol.

Siguiendo esta idea del tacto, también vale destacar ciertas evidencias de latidos en las plantas, aunque estos no bombearían sangre, sino agua. Estudiando los cambios de posición de los árboles durante la noche, los científicos empezaron a creer que estos también son capaces de dormir, probablemente por un cambio en el metabolismo. Pero estudios posteriores mostraron la posición de los árboles no cambia solo durante la noche, sino también a lo largo del día, en un período de tres a cuatro horas.

Los investigadores creen que estos movimientos podrían ser equivalentes a latidos para bombear agua (y nutrientes) hacia arriba. ¿Se trataba en realidad de un latido, el más lento jamás percibido por los humanos? ¿Podrían ocurrir estos también por contacto con las personas? Desafortunadamente, al ser tan lentos, resulta poco probable que una persona los perciba, o al menos no de la forma en que solemos hacerlo con nuestros congéneres.

La conciencia de los árboles podría ser clave en su comunicación con los humanos

Aunque gracias a esta capacidad, pueden reconocer el peligro a cierta distancia y, de cierta forma, defenderse. Lo gracioso es que parecen ignorar por completo los sonidos que no representan ninguna amenaza para ellas, y puede que entre ellos figuren las palabras.

El hecho es que el tema es bastante complejo. A pesar de ello, los científicos afirman que las plantas son inteligentes, ya que pueden procesar información y tomar decisiones; lo que no está claro es que tengan conciencia, lo cual podría ser clave para la comunicación entre los árboles y los humanos y podría darnos esperanzas.

Manos con guantes marrones tocando las ramas de un árbol.

Ciertos experimentos sugieren que las plantas sí podrían tener conciencia. Uno de ellos consistió en sedar las partes móviles de la especie Venus atrapamoscas, con lo cual desactivaron la actividad eléctrica de señalización; con ello, ya no reaccionaban a los estímulos de toque. Al desvanecerse el efecto de los narcóticos, volvieron a reaccionar como antes de recibirlos.

¿Significa esto que se despertaron como lo hacemos después de recibir anestesia general? De ser así, ¿significa que los árboles tienen conciencia? Si tienen conciencia, ¿podríamos comunicarnos con ellos? ¿Podríamos hacerlo como con los animales, o tendríamos que aprender a identificar mejor las señales de respuesta?

Estas son apenas algunas de las muchas dudas que hay respecto al tema, y la ciencia aún no tiene respuestas concretas para ellas. Pero no necesariamente debemos esperar a que un equipo de investigadores reciba financiamiento suficiente para investigarlo; por fortuna, los árboles siguen allí afuera, y estar en contacto con ellos puede enseñarnos mucho más de lo que imaginamos.

Referencia:

Branching out: is communication possible between trees and people? https://www.theguardian.com/books/2021/may/28/branching-out-is-communication-possible-between-trees-and-people