Maestra orientando a un grupo de niños de edad preescolar en una tarea didáctica.

Hacer que los niños coman sus verduras o que ordenen sus juguetes puede llegar a ser todo un reto. En su “obediencia” pueden influir numerosos factores, como el simple respeto o interés por complacer a los padres (porque siendo sinceros, pocos comprenderán que los vegetales son más saludables que las verduras). Sin embargo, un nuevo estudio ha arrojado otro factor clave: el interés de los niños por encajar dentro del grupo.

Los investigadores de la Universidad de Duke descubrieron que, incluso a una edad temprana de tres años, es probable que los niños sigan las “normas” solo por copiar lo que hacen los demás a su alrededor. De modo que no solo la voz de la autoridad adulta tiene validez en sus decisiones, sino su necesidad de ser aceptados.

Cada cultura tiene sus propias normas

Aunque suene sencillo por tratarse de niños, en realidad no lo es. Partamos del hecho de que cada cultura tiene una especie de normativa tácita que establece lo que se debe y lo que no se debe hacer. Y, casi en cualquier momento de nuestra vida, a medida que nos desenvolvemos dentro de una sociedad particular, aprendemos qué está bien o mal en función de ello.

Se sabe que buena parte de este proceso inicia en la infancia, por lo general por incentivo de los padres que, las primeras y únicas figuras de autoridad. Con su guía, aprendemos a decir “gracias” cuando es debido, a taparnos la boca al toser y a usar los cubiertos en lugar de las manos. Los niños aprenden las normas del grupo social al que pertenecen por medio de ellos.

¿Los niños siempre obedecen por deferencia o hay otra razón?

En este trabajo, los investigadores tenían interés en determinar qué hace que los niños pequeños se comporten de acuerdo a las normas culturales. ¿Por qué algunos niños de edad preescolar deciden bajar la voz cuando en realidad quieren gritar? ¿Por qué van en fila aunque les gustaría correr en otras direcciones?

Una hipótesis plantea que los niños pequeños no necesariamente están tratando de ajustar su comportamiento a la forma más aceptada en su entorno, como muchos creen. En cambio, puede que se trate de una especie de imitación con fines de integración, por su deseo de sentirse unido a otros.

Las preferencias de una fiesta de té

Para comprobar o descartar estas hipótesis, invitaron a 104 niños de 3,5 años de edad a un experimento en un laboratorio en Duke. Proporcionaron a cada uno de ellos una calcomanía azul desde el comienzo del estudio y les dijeron que las personas que tenían una igual eran parte de su equipo.

Entonces les pidieron que participaran en la organización de una fiesta de té simulada; primero les preguntaron qué elementos les gustaría incluir en la reunión; luego hicieron que los niños escucharan a un informante del grupo (fuera adulto o niño) explicando las normas que suelen seguirse en ello, o bien sus propias preferencias personales.

Cabe destacar que los investigadores los observaron tomando sus decisiones entre diferentes tipos de tés, bocadillos, tazas y platos para la fiesta del té, tanto antes como después de escuchar las elecciones de los otros miembros del equipo.

La mayoría de los niños mantuvo sus preferencias por encima de las normas del grupo

Niña haciendo su propio dibujo sin mucha supervisión de la maestra que atiende a otros dos niños del grupo.

Luego de escuchar las elecciones de los demás, la mayoría de las veces, los niños prefirieron quedarse con la opción que plantearon inicialmente. Es decir, si uno de ellos dijo que quería que hubiese rosquillas en la fiesta del té, esto se mantendrían incluso después de escuchar de otros que se deberían usar galletas.

Los investigadores notaron que este patrón se mantuvo tanto cuando la persona que hablaba era un niño como cuando se trataba de un adulto. Con ello, descartaron que los niños en edad preescolar actuaban únicamente con intención de imitar a los adultos o de obedecer a su figura de autoridad.

Las preferencias personales de los niños pueden cambiar para seguir las normas del grupo

Y aunque habían expresado una opinión inicial, 23 por ciento los participantes anuló su propia preferencia después de escuchar las normativas u opiniones de otros miembros del equipo; pero esto fue más frecuente cuando los elementos se les presentaron a los niños como normas del grupo que como preferencias.

“Estos hallazgos sugieren que los niños están motivados para actuar de manera convencional, posiblemente como una adaptación para vivir en grupos culturales”, concluyeron los autores.

Los hallazgos parecen apoyar la hipótesis planteada. Cuando los niños son más pequeños, probablemente obedezcan por deferencia a su figura de autoridad. Pero a partir de los tres años y medio, su forma de concebir las cosas cambia; puede que sean más conscientes de la importancia de un grupo, y actúan en función de una identidad compartida.

Referencia:

Young children conform more to norms than to preferences. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0251228