Persona corriendo en la playa a todo lo que da mostrando la fuerza de sus tendones.
Crédito: Jack Sem. Vía www.semtrio.com/

La evolución de los humanos ha preparado a nuestro cuerpo para correr, por lo que partes de este, como nuestros tendones, se han especializado para dar su mejor desempeño. Ahora, aunque el mecanismo que dio inicio a esta adaptación se manifiesta en todos los seres humanos, este realmente no aparece con la misma intensidad en cada uno.

Para poder ahondar en este detalle, los investigadores del ETH Zurich y de la Universidad de Zurich unieron fuerzas. Ambos grupos, que trabajan en conjunto en el Hospital Universitario Balgrist en Zurich, investigaron no solo los procesos que hacían a nuestros tendones tan fuertes y adaptables como son ahora, sino también de qué forma se manifestaban en las personas.

Los resultados de sus estudios se publicaron recientemente en la revista científica Nature Biomedical Engineering y también a través de una nota de prensa en la página oficial del ETH Zurich.

¿Qué parte de la evolución ha hecho a los tendones lo que son hoy?

La investigación, dirigida por Jess Snedeker, identificó el origen de la evolución de la capacidad adaptativa de los tendones en un sensor de fuerza molecular ubicado en ellos. Este específicamente trabajaba con las fibras de colágeno que forman cada tendón.

Ellas son las encargadas de darles la flexibilidad que ellos requieren para poder funcionar adecuadamente y absorber el impacto de ciertos movimientos. Por lo general, esto actúa como una forma de proteger los músculos y los huesos.

Sin embargo, dicha flexibilidad puede restar efectividad a las piernas en actividades como correr y/o saltar a grandes velocidades. Para esto, los tendones buscan adaptarse y endurecerse haciendo que iones de calcio fluyan estos para ofrecer un mejor manejo del impulso y así obtener mayores velocidades o alturas.

No todos los tendones cuentan con el mismo patrón evolutivo

Piernas, tendones y pies de una persona con medias negras y zapatos deportivos a juego.
Vía Hippopx.

Todos los tendones y su evolución han llegado a trabajar con los iones de calcio y los sensores de fuerza molecular. Sin embargo, no todos los humanos los manifiestan de la misma forma.

Acá los investigadores notaron que aquellos individuos que tuvieran una variante genética llamada E756del, tendrían una mejor utilización de esta característica evolutiva –lo que implicaba un desempeño 13% mayor para correr o saltar–. En otras palabras, tendrían un mejor rendimiento atlético y podrían entrenar su cuerpo para alcanzar rendimientos superiores a los del común denominador.

En general, observaron que este gen estaba más presente en la población de origen afroamericano. Sin embargo, tampoco era común en todos los individuos. De hecho, de 65 voluntarios de ascendencia afroamericana, 22 eran portadores de la variante E756del, mientras que la mayoría (43 individuos) no la tenían.

¿Qué podemos aprender de esto?

En general, el haber descubierto qué elemento de la evolución no solo ha dado a nuestros tendones la capacidad que tienen, sino también cómo estos se diferencian entre individuos puede ayudar a la medicina a entender mejor nuestro organismo. De esta forma, se podrían tratar lesiones de forma más específica, dependiendo de qué tan resistentes sea cada uno.

Asimismo, se planean hacer futuros estudios para determinar si por ejemplo la variante E756del suele ser común en atletas olímpicos de ascendencia afroamericana o de cualquier otra. De esta forma, también se podría medir el impacto de esta predisposición genética en lo que nuestro cuerpo puede lograr en la práctica.

Referencia:

Shear-stress sensing by PIEZO1 regulates tendon stiffness in rodents and influences jumping performance in humans: https://ethz.ch/en/news-and-events/eth-news/news/2021/05/how-tendons-become-stiffer-and-stronger.html

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