La ciencia ha logrado comprender muchos aspectos impensables en el pasado sobre el procesamiento sensorial en los humanos, lo que, a su vez, ha generado grandes avances en materia de medicina, desarrollo de inteligencia artificial y robótica.

Estos avances también nos han llevado a derribar muchos mitos y creencias erradas que hemos arrastrado desde el pasado. El mejor ejemplo lo tenemos en el sentido del tacto, pues la física cuántica afirma que no es tan real como pensábamos, y un vistazo a la estructura de los átomos puede ayudar a explicarlo.

Un poco de física cuántica para explicar los fundamentos del tacto

Nos encontramos frente a un tema que desafía por completo la idea que teníamos sobre el tacto, uno de los sentidos de los que más nos fiamos, en especial, en ausencia de otros como la vista y la audición. Comprenderlo no es tarea fácil, pero puede simplificarse si vamos por partes.

Entonces empecemos con un poco de física y química básica. Todo lo que está a nuestro alrededor, y que podemos tocar y sentir, está constituido por átomos. El átomo es la unidad más pequeña en la que se puede dividir la materia. Y aunque interactuamos, y vivimos con ellos, no los podemos ver… ¡ni siquiera tocar!

Y es que, en la escala atómica, hay muchas cosas que se escapan de nuestro alcance. A lo largo de la historia, muchas personas han logrado entender e incluso controlar algunas de ellas, como las reacciones químicas, así como los factores más influyentes en ellas. Gracias a ello podemos describir con ciertos detalles algunos de estos fenómenos invisibles.

Los electrones alrededor del núcleo del átomo y su papel en la percepción a través del tacto

Átomo en el que se observan los electrones alrededor del núcleo.

Yendo al grano, casi toda la masa que tiene un átomo se concentra en lo que se denomina núcleo, alrededor del cual hay una gran cantidad de espacio en el que se encuentran orbitando los electrones y los protones, partículas con carga negativa y carga positiva respectivamente. La cantidad de electrones dependerá del elemento al que corresponda cada átomo.

A partir de aquí hablaremos mucho sobre los electrones porque, aunque sean tan mínimos juegan un papel fundamental en los fenómenos de nuestro universo. Para comprender por qué en realidad no podemos tocar nada resulta indispensable saber, al menos de manera general, cuál es su dinámica.

La dualidad onda-partícula, parte de la explicación de la física para la “mentira” del tacto

Los electrones, al igual que los fotones, están sujetos a la compleja dualidad onda-partícula, que plantea que estos se comportan tanto como ondas como partículas. Además, tienen carga negativa, lo que significativo considerando que las partículas son atraídas por otras de carga opuesta, y se repelen al toparse con aquellas de carga similar. Estas fuerzas de atracción y repulsión son las que evitan que los electrones entren en contacto directo literalmente.

Algo similar ocurre según su comportamiento como ondas: los electrones pueden moverse como ondas y superponerse, pero nunca se tocan. Con ello, la física nos explica a una escala mínima (usando los átomos y sus electrones) por qué el tacto no es tan real cómo pensábamos.

Esto es lo que pasa atómicamente, pero también pueden extrapolarse a un nivel más macro y, de hecho, es lo que pasa en este momento mientas arrastras tu dedo por la pantalla de tu teléfono. Aunque la situación parezca muy real, no lo es; aunque tu dedo parezca tocar directamente la pantalla e incluso puedas sentir su calor, lo cierto es que hay una distancia “inmensurable” entre ellos.

¿Por qué percibimos el tacto de manera tan vívida?

Mano tocando el vidrio de la ventana de un vehículo.

Con esta declaración tan polémica, seguro más de uno estará deliberando en algunos hechos que podrían desafiar esta explicación. ¿Por qué sentimos dolor cuando nuestro dedo pequeño del pie choca contra las bases de la mesa? ¿Por qué nos quemamos al sostener una olla caliente? ¿Cómo es que estas experiencias tan reales resultan ser una mentira?

Y es aquí donde entra en juego lo que mencionamos al principio: la comprensión del procesamiento sensorial a nivel del cerebro. Vale recordar que las cosas no necesariamente son como nos las muestran nuestros ojos, o como las escuchamos, ni tampoco como las interpretamos.

Física y neurología para explicar el tacto a nivel de los átomos

Entonces de física cuántica pasamos a neurología. Nuestro cuerpo está dotado por una cantidad de receptores sensoriales; las células nerviosas que toman la información de nuestro entorno, por ejemplo, a través del tacto, y envían señales a nuestro cerebro, que responde en función de ello.

Sin embargo, podría decirse que la sensación de tacto es el resultado de la interacción de los electrones, o mejor dicho, de la repulsión, en el contexto del campo electromagnético en el espacio-tiempo.

En cuanto a por qué podemos aplicar ciertas cosas en nuestra piel, o simplemente, por qué nos ensuciamos al tocar lo que hay a nuestro alrededor, también hay una explicación. Las fuerzas involucradas en los enlaces químicos también hacen que los electrones se adhieran a las imperfecciones de las superficies, lo cual genera fricción.

Ahora bien, aunque todo lo mencionado hasta ahora suene muy complicado para algunos, lamentamos informar que la historia tampoco está completa. El mundo a nivel atómico sigue siendo misterioso, y aunque creemos comprender muchas cosas ahora, puede que aún hay mucho por descubrir. Mientras tanto, puedes reconsiderar la forma en que percibes el mundo.

Referencia:

Why Physics Says You Can Never Actually Touch Anything. https://futurism.com/why-you-can-never-actually-touch-anything

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