La palabra hablada es simplemente una constante para el día a día del común denominador de la población. Desde pequeños, venimos preparados para aprender a vocalizar y de allí que seamos tan buenos para aprender diversas lenguas durante edades tempranas. Pero… ¿cómo podemos entendernos con otros, si no hemos aprendido su lengua? Sabemos que no es imposible y, ahora, el “eslabón perdido” de los idiomas podría señalarnos el origen de esta capacidad.

Para presentarlo al mundo, los investigadores publicaron un estudio en la revista Scientific Reports. De acuerdo a este, elementos conocidos como “vocalizaciones icónicas” tienen la capacidad de transmitir un mensaje y de ser entendidos por cualquier idioma.

Vocalizaciones icónicas: ¿el secreto detrás del origen de los idiomas?

Para entender con más claridad las vocalizaciones icónicas, podemos pensar en el ruido de ronquidos que hacemos para representar que alguien está durmiendo; en el sonido atrompetado que imitamos para referirnos a un elefante; o incluso el rugido típico que hacemos para mencionar a un tigre o un león.

A pesar de que los idiomas pueden ser muy diferentes, estas vocalizaciones icónicas tienen el potencial de ser su antiguo origen común. Después de todo, pueden ser entendidas por cualquiera, sin importar cuál sea realmente su lengua materna.

Para comprobarlo, los científicos realizaron un experimento con hablantes de 25 idiomas distintos y muestras de 30 vocalizaciones icónicas sugeridas por angloparlantes. En 64,4% de los intentos, las personas pudieron unir adecuadamente el significado del sonido con la palabra –de su propio idioma– que correspondía con su significado.

Un origen común: el eslabón perdido

Diferentes diccionarios de distintos idiomas.
Vía PxHere.

Como si fuera poco, estas vocalizaciones icónicas probaron su valor como posibles “eslabones perdidos” del origen de los idiomas por su aparente universalidad. De allí que, de entre los 25 lenguajes estudiados, los hablantes de 20 de estos lograran comprender adecuadamente todas los sonidos y unirlos con su significado.

Por otra parte, en el caso de otros 4 idiomas, los hablantes pudieron identificar 29 de las 30 vocalizaciones. Finalmente, el último idioma y mostró un promedio de reconocimiento de 28 de los 30 sonidos.

Durante in segundo experimento, que tuvo solo 12 vocalizaciones, se sometió a la misma prueba a los individuos cuyo idioma original no tuviera una contraparte escrita. De este modo, controlaron que la asociación fonética del sonido y el concepto no tuviera que ver con nuestras capacidades escritas, sino con la vocalización siendo por sí sola un ícono suficientemente representativo de una acción o cosa.

¿Qué vino primero: la voz o el gesto?

El debate sigue abierto. Por un lado, investigaciones anteriores han apuntado a que el mensaje icónico de los gestos es más poderoso que el simbólico de la palabra. Sin embargo, estudios como el actual también muestran que la lengua tiene la capacidad de ser icónica y que, por ende, posee una cualidad que le permite dar origen a la comprensión de un mismo concepto sin importar en cuántos idiomas se lo presente.

Según los investigadores, lo más seguro es que los idiomas como los conocemos hayan tenido un origen multimodal. En otras palabras, en lugar de nacer de un solo elemento (los sonidos icónicos o los gestos) la lengua probablemente aprendió de ambos.

Algunos casos podrían haberse apoyado más en un modelo que el otro, pero, indudablemente, ambos tienen las cualidades necesarias para ser las piedras que den soporte a la construcción de los idiomas modernos y más complejos que tenemos en la actualidad.

Para el futuro, los investigadores planean profundizar más en la universalidad de las vocalizaciones icónicas, además de averiguar cómo podrían compararse estas directamente a la comunicación por gestos. Por ahora, todo lo que se sabe sobre el origen de los lenguajes es una suposición. Pero, gracias a investigaciones como estas, en el futuro ese tal vez no tenga que ser el caso.

Referencia:

Novel vocalizations are understood across cultures: https://doi.org/10.1038/s41598-021-89445-4

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