Fotografía de una lluvia de meteoritos en el cielo nocturno.
Crédito: Jeff Sullivan. Vía Flickr.

Todos conocemos las estrellas fugaces y la ilusión que nos hace ver una cruzando el cielo. En general, a menos que estemos en zonas especiales, solo podemos ver una o dos, pero estas raramente llegan solas, ya que muchas veces son partes de nubes de pequeñas rocas espaciales que chocan con la atmósfera. Estas lluvias de meteoritos pueden tener muchos orígenes, pero uno de los más conocidos –y menos estudiados– son los cometas raros.

Sabemos que los cometas son grandes cuerpos celestes que viajan a gran velocidad en orbitas enormes por el espacio y que, al desintegrarse, dejan una estela de rocas que marca su paso (y que puede convertirse en una lluvia de meteoritos). Ahora, los cometas raros hacen todo esto, pero son visibles solo una vez cada 4 mil años.

De allí que estos sean particularmente difíciles de estudiar o de registrar. Ahora, un nuevo método presentado en la revista Icarus ayudará a los científicos a identificar mejor las lluvias de meteoritos y sus orígenes. Lo que, como consecuencia, nos ayudará a conocer más sobre los cometas raros.

Nuevo método para detectar lluvias de meteoritos nos permitirá conocer más sobre los cometas raros

Representación de la lluvia de meteoritos que podría causar el antiguo cometa que se pasará cerca de la Tierra.
Crédito: P. Jenniskens/Instituto SETI.

El trabajo de detección detallada de lluvias de meteoritos provenientes de cometas raros y otros se lleva a cabo en el proyecto Cameras for Allsky Meteor Surveillance (CAMS). Peter Jenniskens, astrónomo de meteoritos del instituto SETI, está a cargo de este proyecto y también fue el autor principal del artículo recién publicado en Icarus.

A través de CAMS, Jenniskens y los líderes de las otras 9 sedes del proyecto en el mundo lograron completar una red de vigilancia de los cielos mucho más detallada. Gracias a esta, se pueden crear mapas generales como el presentado en el NASA Meteor Shower Portal, que se basa en los datos obtenidos por CAMS.

Esta no solo registra los puntos de entrada de las lluvias de meteoritos, sino que también observa su trayectoria y orbita. Gracias a esto, se puede averiguar a qué estela pertenecen y, por ende, de qué cometa provienen.

Lo que ya hemos aprendido, y lo que podríamos aprender

Según recalca Jenniskens los datos actuales ya nos permiten conocer un poco más de las edades de los cometas raros a través de la distribución de sus lluvias de meteoros. Por lo general, mientras más dispersos y pequeños sean los meteoroides cayendo a la atmósfera, más antigua se considera la estela. Como consecuencia, debe pertenecer a alguno de los cometas más antiguos.

“En el futuro, con más observaciones, podemos detectar lluvias más débiles y rastrear la órbita de los cometas padres en órbitas aún más largas”, dijo Jenniskens.

Referencia:

Meteor showers from known long-period comets: https://doi.org/10.1016/j.icarus.2021.114469

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