Ancestro humano saliendo de una cueva y encontrándose con el mundo actual, donde hay muchas enfermedades.

Muchas de las enfermedades que aquejan a los humanos parecen ser modernas, pero la medicina evolutiva plantea que estudiar la historia de nuestros ancestros podría llevarnos a su origen.

Aspectos como la dieta y las condiciones del entorno en el que se desenvolvían probablemente jugaron un papel clave al propiciar cambios que se manifestaron como mutaciones que conservamos aún en nuestros tiempos. Y aunque algunas de estas han derivado en enfermedades como la diabetes, la anemia y la intolerancia a la lactosa, irónicamente también contribuyeron en la mejora de nuestra supervivencia.

Tres expertos abordaron este tema en un artículo publicado recientemente en The Conversation y tratan de responder una pregunta común. Si hemos evolucionado y nos hemos adaptado en nuestro entono para sobrevivir, ¿por qué las enfermedades nos siguen atacando? La respuesta aún es ambigua, pero parece coincidir con la no tan simple dinámica de la vida.

La medicina evolutiva explora la historia de nuestros ancestros para dar con el origen de las enfermedades

No podemos negar que la medicina moderna ha logrado comprender de manera profunda algunos de los mecanismos que subyacen una variedad de enfermedades graves y dolencias. Gracias a ello, han logrado identificar también moléculas capaces de intervenir en su desarrollo y ayudar a los pacientes a sanar por completo o a, por lo menos, permanecer con vida durante más tiempo.

Pero una rama, la de la medicina evolutiva, plantea algo que parece tener mucho sentido: estudiar la historia de nuestros ancestros para poder llegar al origen de las enfermedades que nos aquejan en la actualidad. De este modo, podríamos mejorar nuestra comprensión y, en consecuencia, desarrollar terapias y medicamentos mejor enfocados y que arrojen mejores resultados.

El cuerpo humano está adaptado a la vida preindustrial

La medicina evolutiva plantea que nuestros cuerpos están adaptados a un estilo de vida preindustrial. Nuestros ancestros eran cazadores y recolectores adaptados para disfrutar alimentos calóricos y conservar energía para afrontar las próximas adversidades. Esta dinámica favoreció nuestra supervivencia en épocas en las que el alimento era menos abundante.

Pero ahora no parece necesario preferir alimentos ricos en calorías para garantizar nuestra movilidad posterior, aunque lo seguimos haciendo. Tras la aparición de las máquinas, nuestra dinámica cambió drásticamente, generando una especie de “desajuste” en el que nuestro en cuerpo no parece encajar con el entorno actual.

Enfermedades de desajuste

Este fundamento ha dado lugar a lo que se conoce como “enfermedades de desajuste”. Los investigadores creen que muchas de las enfermedades de desajuste se deben precisamente al desequilibrio energético de la vida postindustrial.

El problema se exacerba con la mayor disponibilidad de alimentos ricos en grasas y azúcares y bajos en fibra. Los vegetales y proteínas animales a las que estaban acostumbrados nuestros ancestros (y a las que encajan más nuestros cuerpos, según la medicina evolutiva) se convirtieron en alimentos ultraprocesados ​​y refinados que parecen haber dado origen a muchas enfermedades.

Simultáneamente, nuestros niveles de actividad son relativamente bajos en comparación con los de nuestros antepasados cazadores y recolectores. Estamos activos trabajando, pero muchas veces estáticos en un solo sitio.

En resumidas cuentas, comemos mucho y nos movemos poco, lo que ha generado una epidemia de obesidad sin precedentes. A esta siguió la diabetes tipo 2, que también parece ser consecuencia del desequilibrio energético por el consumo continuo de alimentos ricos en azúcares y grasas.

No parece haber ni bien ni mal en el origen de ciertas enfermedades

Sin embargo, este enfoque desafía de cierta forma la percepción tradicional de lo bueno y lo malo. Al viajar el pasado y revivir los hábitos y situaciones que vivieron nuestros ancestros, encontraremos una variedad de mutaciones que surgieron para favorecer nuestra adaptación. Gracias a ellas sobrevivimos, como lo plantean las teorías más polémicas de nuestra historia, pero también gracias a ellas padecemos algunos otros problemas.

Nuestras preferencias por alimentos ricos en azúcar, grasas y sal provienen de adaptaciones para evitar un desequilibrio energético en el que faltara más energía. Menos energía también reducía las probabilidades de reproducción y supervivencia.

Por ejemplo, la intolerancia a la lactosa, la resistencia a la malaria y la afinidad humana por los alimentos ricos en grasas y azucarados, que ha derivado en obesidad y diabetes, son consecuencia de la evolución.

La medicina evolutiva desafío el “bioetnocentrismo” y lo “normal”

Además, la medicina evolutiva contradice el “bioetnocentrismo” de la medicina moderna. Los autores del artículo lo definen como la idea de lo ‘saludable’ o ‘normal’ en función de los resultados que muestran los descendientes de Europa del norte o del oeste.

La población humana que habita el planeta es “increíblemente diversa”, por lo que es difícil hablar de algo “normal” que aplique para todas las personas. Por ello, numerosos estudios y expertos reconocen que es necesario examinar el trasfondo y el pronóstico de las enfermedades en poblaciones mucho más variadas. Los mismos ensayos clínicos de las vacunas contra COVID-19 nos hicieron un poco más conscientes de ello.

Referencia:

Evolutionary medicine looks to our early human ancestors for insight into conditions like diabetes. https://theconversation.com/evolutionary-medicine-looks-to-our-early-human-ancestors-for-insight-into-conditions-like-diabetes-158602

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