Aunque la inmunización contra el coronavirus aún no alcanzan las expectativas planteadas inicialmente, algunos estudios han revelado nuevo detalles que merecen atención. Por ejemplo, las vacunas contra COVID-19 no necesariamente funcionen tan bien en algunas personas, como las que padecen inmunodepresión.

La noticia es desalentadora, pero no parece sorprender a los científicos, ya que las vacunas funcionan precisamente estimulando el sistema inmune de las personas. Al no poder generar una respuesta tan fuerte como en otros organismos, no se activan los mecanismos específicos de protección contra el patógeno, por lo que estas aún podrían estar en riesgo de contagiarse.

La inmunodepresión reduce la efectividad de las vacunas contra COVID-19

Antes del inicio de la distribución de las vacunas contra COVID-19 a finales del año pasado, los científicos habían identificado algunos grupos en los que era poco probable que estas tuvieran el efecto esperado.

Pero ahora que millones de personas las han recibido, el panorama es aún más claro. Varias investigaciones han demostrado que ciertos grupos de personas, en especial aquellas que padecen inmunodepresión por diferentes causas, podrían no disfrutar del mismo nivel de protección contra COVID-19 que las vacunas ofrecen a otras personas.

Trabajador sanitario con mascarilla y traje de protección contra COVID-19 inyectando una vacuna a un paciente.

Para comprender mejor la explicación, podríamos ir un poco atrás y analizar la evidencia previa durante las olas de infecciones. El coronavirus SARS-CoV-2 puede causar enfermedades más graves y mantenerse en el organismo durante mucho más tiempo en personas inmunodeprimidas. Esto se debe, en parte, a la respuesta débil de su sistema inmunológico ante la invasión patógena.

Algo similar ocurre cuando las personas inmunodeprimidas reciben alguna vacuna contra COVID-19, un medicamento desarrollado en función de la proteína pico del coronavirus causante. Como hemos explicado en varias oportunidad, las vacunas se introducen simulando la infección, pero de manera segura, para generar una respuesta inmune fuerte y duradera; funcionan estimulando el sistema inmunológico de su receptor.

Pero en los casos de inmunosupresión, la respuesta también es débil, por lo que es poco probable que las personas que reciban la vacuna realmente obtengan la protección esperada contra COVID-19.

¿Qué condiciones de salud afectan la efectividad de las vacunas contra COVID-19?

La inmunodepresión puede ocurrir por una amplia variedad de causas. Tenemos, por un lado, los trasplantes de órganos, que ameritan que los pacientes reciban medicamentos de inmunosupresión y radiación artificial con el mismo fin. Estos pueden ayudar a que el cuerpo responda bien a la introducción del órgano, pero al mismo tiempo aumentan el riesgo de otras afecciones.

Pero también existen deficiencias inmunológicas de nacimiento o genéticas que pueden reducir la capacidad del cuerpo de responder de manera efectiva a la vacunación o a superar las infecciones.

Un estudio publicado a principios de mayo exploró la respuesta hacia la vacuna contra COVID-19 de cientos de receptores de trasplantes de órganos con inmunodepresión confirmando lo antes expuesto.

Apenas el 15 por ciento de ellos produjo anticuerpos contra el coronavirus luego de recibir la primera dosis de la vacuna de ARNm. Al recibir la segunda dosis, el porcentaje aumentó a 54 por ciento, pero esto sigue siendo muy bajo frente a la efectividad informada hasta ahora.

Los esfuerzos de vacunación deben continuar para proteger a los grupos vulnerables

Ahora bien, los anticuerpos no son el único indicador de inmunidad. Sin embargo, varias investigaciones han demostrado que la mayoría de las personas los generan y obtienen una inmunidad sólida tras experimentar la infección o recibir una vacuna.

Lo bueno es que, con las altas probabilidades de que se necesiten inyecciones de refuerzo en el futuro para proteger contra la COVID-19, también aumentan las de que las personas inmunodeprimidas puedan mejorar su respuesta.

Mientras tanto, los esfuerzos de vacunación deben continuar y acelerarse dentro de los parámetros adecuados. Con menos personas contrayendo la enfermedad, se reduce también la exposición de los grupos vulnerables y, por consiguiente, se reduce el riesgo de que se enfermen.

Referencias:

Researchers Tie Severe Immunosuppression to Chronic COVID-19 and Virus Variants. https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2779850

Antibody Response to 2-Dose SARS-CoV-2 mRNA Vaccine Series in Solid Organ Transplant Recipients. https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2779852

Coronavirus vaccines may not work in some people. It’s because of their underlying conditions. https://www.washingtonpost.com/health/2021/05/18/immunocompromised-coronavirus-vaccines-response/

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