Hemos hablado de varias mujeres importantes de la NASA que han marcado grandes hitos en la agencia, como Mary Jackson, la primera ingeniera aeroespacial de la agencia; o la programadora Margaret Hamilton, responsable de los programas para el aterrizaje del Apolo 11 en la Luna. Así como ellas, aún hay muchas grandes mujeres que han hecho historia en la famosa agencia, así que hoy hablaremos de una de las más recordadas: Nancy Roman, conocida como la madre del telescopio espacial Hubble.

Roman nació el 16 de mayo de 1925 en Tennessee, y desde pequeña miraba al cielo despejado, lo cual despertó en ella una gran pasión por conocer las estrellas. A sus 11 años, fundó un club de astronomía con sus vecinas, y aunque siempre había tenido claro su destino como astrónoma, sus profesores le aconsejaban que, en su lugar, debía estudiar latín.

Así ocurrió durante toda su vida como estudiante. Sus profesores constantemente la desanimaban por querer estudiar una carrera de ciencias, incluso cuando ya la estaba cursando, y con excelentes calificaciones, en el Swarthmore College. Afortunadamente, hizo caso omiso de los comentarios desalentadores, y se graduó en Astronomía en 1946.

En una oportunidad, Roman incluso comentó que solo un profesor le había dado “palabras de aliento”. En la universidad, este le comentó: “Normalmente trato de disuadir a las chicas de que se especialicen en física, pero creo que es posible que tú lo logres”.

Para 1949, Roman ya contaba con un doctorado en Astronomía en la Universidad de Chicago y trabajó como instructora en el Observatorio Yerkes. Sin embargo, durante estos primeros años, nunca le dieron mucho trabajo como investigadora. En una entrevista a National Geographic contó: “Me quedé desconcertada, no sabía por qué me habían contratado si no tenían trabajo para mí”.

Ya casi en la década de 1960, la astrónoma asistió a una conferencia sobre el origen de la Luna en una agencia que apenas se estaba formando, y allí uno de los directores le comentó que buscaba a alguien que quisiera trabajar en el proyecto. Se trataba del programa de astronomía espacial de la NASA, el cual apenas se estaba formando.

Observando el espacio

Nancy Roman, la madre del Hubble | Vidas científicas | Mujeres con ciencia

Roman lo tomó como un reto y entró ella misma al programa. La idea era poder observar el espacio desde el propio espacio, una idea un poco arriesgada para la época. Sin embargo, ella puso todo su empeño en ello y se dedicó a respaldar información que sustentara esta teoría.

Si bien fue tan influyente que un asteroide lleva su nombre, el 2516 Roman, ese no fue su mayor logro. La verdad es que, gracias a ella, uno de los telescopios más ambiciosos y revolucionarios logró ver la luz de las estrellas: el telescopio espacial Hubble.

Este es un observatorio satélite lanzado en 1990 que, hasta ahora, ha sido una de las mayores herramientas de la astrofísica. Gracias a él se ha podido observar el espacio de una forma completamente nueva.

Roman planificó desde cero el proyecto, pero el principal problema era la financiación. Era algo excesivamente ambicioso, por lo que necesitaban venderlo bien a los inversionistas. Todo esto se logró finalmente gracias a la propia Roman, quien se las arregló para lograr el interés de los astrónomos y que se financiara el proyecto.

Hasta ahora, el Hubble ha continuado observando la inmensidad del espacio y dejándonos atónitos con cada nuevo descubrimiento, como la imagen de la estrella más lejana jamás vista, o fotografías muy detalladas de los cuerpos celestes e incluso las nebulosas.

Mirando las estrellas

Nancy Roman junto a un modelo a escala del Hubble
Nancy Roman junto a un modelo a escala del Hubble

Sin embargo, Roman no continuó con el proyecto hasta su lanzamiento. Una vez se aseguró de que el mismo ya contaba con la financiación y una fecha programada, ella se alejó del mismo para trabajar como asesora de contratistas de astronáutica.

Debido a su gran trabajo, fue galardonada en múltiples ocasiones. Recibió el Federal Women’s Award, le pusieron su nombre a una beca de la NASA en astrofísica, y recibió doctorados honorarios de Swarthmore College, Russell Sage College, Hood College y Bates College.

Dos años antes de su fallecimiento, publicó un artículo autobiográfico en la revista Science explicando cuál había sido la clave de su éxito. Luego de 21 años liderando los programas de la NASA, la conclusión de esta astrónoma fue simple y compleja a la vez: “La habilidad de hablar y escribir bien y con fluidez”.