Paul Alexander, el hombre del pulmón de acero

En momentos como los de la pandemia actual, muchos podemos sentir que la vida nos está pasando una factura muy cara, que tenemos demasiadas trabas, que no hay forma de avanzar. Sin embargo, el poder superar un obstáculo la mayoría de las veces no depende del tamaño de este, sino de la voluntad que se tenga para afrontarlo. Tal es la lección que nos deja la historia de Paul Alexander, el ‘hombre del pulmón de acero’.

El inicio de la historia del ‘hombre del pulmón de acero’

Pau Alexander, mejor conocido en la actualidad como el ‘hombre del pulmón de acero’ vivió su infancia durante una de las epidemias de poliomielitis más graves en los años cincuenta. A sus seis años, en 1952, comenzó a mostrar síntomas de la enfermedad y a los pocos días esta la yo había afectado lo suficiente como para suprimir su movilidad y atacar sus pulmones.

Cuando sus padres notaron que el pequeño Paul no estaba respirando, lo llevaron de emergencias al hospital más cercano. Los primeros doctores que lo examinaron lo declararon muerto. Sin embargo, un segundo doctor decidió no rendirse y llevó al niño a la sala de cirugía donde la realizó una traqueotomía.

Con esta, creó un canal directo a las vías respiratorias a través del pecho de Paul, y lo conectó a la máquina de respiración artificial de la época, a la que se llegó a conocer como “pulmón de acero”.

Por 18 meses, Paul estuvo en el hospital conectado a la máquina hasta que finalmente le dieron de alta. Sin embargo, nunca pudo dejar su pulmón atrás, ni tampoco mover el resto de su cuerpo. En este punto, según comenta el propio Paul para Mitch Summers en su breve documental presentado por YouTube, muchos se hubieran rendido, pero él nunca estuvo dispuesto a hacerlo y decidió que no dejaría que la polio lo venciera.

Voluntad y superación: construyendo una vida que vale la pena vivir

El ‘hombre del pulmón de acero’ no siente que su vida haya sido muy diferente a la de los demás. De hecho, cuando se le preguntó qué hacía usualmente en un día común, respondió que simplemente hacía lo mismo que todos.

En su relato, dijo que usualmente despertaba, se cepillaba los dientes y lavaba la cara, solo que “con un poco de ayuda”. Seguidamente, estudiaba algo, leía un libro o incluso pintaba, esto gracias a herramientas que aprendió a usar sujetando con su boca y moviendo con su cuello.

Paul dijo que no le gustaba solo quedarse quieto y ver televisión. Un punto que podría tener que ver con su clara orientación al logro con la que consiguió enfrentar todas las barreras que se le presentaron.

Paul Alexander, el hombre del pulmón de acero

Según relata el propio Paul, inicialmente no pudo estudiar en la universidad porque lo consideraron “demasiado incapacitado” para ello. Después de dos años de insistencia –y de “atormentarlos” según Paul– la universidad finalmente cedió… con un par de condiciones.

En primer lugar, Paul debería recibir la vacuna contra la polio –que para entonces no tenía– y, en segundo, la fraternidad a la que ingresara sería la realmente responsable de él. Luego de esta pequeña victoria, la más grande llegó años más tarde, cuando el ‘hombre del pulmón de acero’ se graduó con honores como abogado.

70 años más tarde, el ‘hombre del pulmón de acero’ sigue dando el ejemplo

Desde que Paul fue puesto en el pulmón de acero, han pasado por lo menos 7 décadas. Durante ellas, el abogado ha recolectado toda una serie de logros que, de no haber sido por su resiliencia, nunca se hubieran conseguido.

Con la intención de usar su historia para inspirar a otros, Paul escribió por completo un libro autobiográfico. Dentro de este, narra su historia, sus dificultades y –aún más importante– cómo se sobrepuso a ellas.

“Mi historia es un ejemplo de por qué tu pasado o incluso tus discapacidades, no tienen por qué definir tu futuro”, declara.

Resiliencia en tiempos complicados

La pandemia actual del coronavirus podría tener muchos puntos en común con la situación que se vivió hace más de 70 años con la polio. El mundo también se vio sacudido hasta sus cimientos e, incluso ahora, recordamos ese momento como un tiempo oscuro de nuestra historia.

Pero, el que se haya tratado de un momento complicado, no implica que no se pudiera encontrar luz dentro de él. Paul se ha convertido un perfecto ejemplo de esto, al descubrir esa fuerza dentro de sí mismo para seguir adelante y llevar una vida plena sin importar las adversidades.

Ahora, lo ha llevado un poco más allá y busca compartir esa fuerza con quienes los rodean, para que todos nuevamente podamos encontrar más fuentes de luz en los tiempos que corren. Sabemos que la situación no es fácil, pero superarla no es imposible y si podemos al menos manifestar todos aunque sea un poco de la valentía de Paul, no habrá dudas de que saldremos adelante.

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