Aunque las recomendaciones nutricionales actuales apuntan a la reducción del consumo de carnes rojas, los humanos tienen mucho que agradecerle a estas y a todas las proteínas de origen animal por haber jugado un papel clave en el inicio de nuevos cambios evolutivos.

Y es que, aunque poco se hable de ello, la carne fue crucial para el desarrollo de un cerebro más sofisticado, tanto por su practicidad como por su calidad nutricional. A continuación haremos un viaje al pasado para descubrir cómo este alimento se convirtió en una parte fundamental de nuestra dieta.

El papel de la dieta en la evolución humana

Comprender la evolución de la vida en la Tierra y, en especial, de una forma tan compleja como la humana, definitivamente es una tarea hercúlea. Para hacerlo, los científicos han tenido que desafiar las creencias religiosas al compararlas con la evidencia arqueológica.

Particularmente, el análisis de los restos fósiles ha arrojado datos sustanciales que han permitido reconstruir nuestra historia evolutiva, incluso a partir de la dieta que seguían nuestros ancestros. Y es que, aunque pocos lo sepan, la alimentación fue un punto clave en la prosperidad de la humanidad como especie.

Por ejemplo, la práctica de la caza le permitió a nuestros ancestros acceder a nutrientes que no conseguían en los vegetales, ingredientes principales en su alimentación. Y la inclusión temprana de proteínas de origen animal en la dieta humana probablemente desencadenó, junto a otra variedad de factores, los drásticos cambios que convirtieron a nuestro cerebro en un órgano tan complejo.

El consumo de carne y el desarrollo del cerebro y el cuerpo humano

Carne roja cruda en un fondo negro.

Desde su surgimiento, este órgano ha experimentado una bonanza de cambios paulatinos que, poco a poco, nos han convertido en lo que somos ahora. Tratándose del líder de nuestro cuerpo a tiempo completo, es lógico pensar que su funcionamiento amerite mucha energía.

De hecho, el cerebro es un órgano muy exigente a nivel nutricional, una de las razones por las que los expertos recomiendan tanto llevar una alimentación variada y balanceada. Es por ello que el inicio del consumo de carne fue tan crucial para los humanos; su integración complementó los vacíos de la dieta previa.

Pero no se trata solo del cerebro; los científicos creen que el aumento del consumo de carne dio inicio a cambios corporales como el aumento del tamaño, sin que ello implicara sacrificar o limitar otras características como la movilidad, agilidad o sociabilidad.

La carne solventó varias limitaciones del consumo de raíces

Sin embargo, ingredientes como la remolacha, el ñame y las patatas, a pesar de ser ricos en calorías, no eran del todo prácticos. De seguro, consumiéndolos crudos, no resultaban tan sabrosos; a ello sumamos que eran difíciles de masticar, y hacían del simple hecho de comer algo agotador. Puede que esta insatisfacción motivara a los homínidos a buscar otra fuente de alimento más adaptada a sus expectativas.

Ilustración de una matanza de elefantes perpetrada por varios individuos Homo erectus para consumo de carne.
Ilustración de la matanza de un elefante perpetrada por individuos Homo erectus hace casi 1 millón de años en Olorgesailie, Kenia. Crédito: Karen Carr/Smithsonian Institution.

De hecho, un estudio determinó que los humanos modernos requieren entre un 39 y 46 por ciento menos de fuerza para masticar y tragar carne procesada frente a alimentos procedentes de raíces.

Partiendo de ello, concluyeron que una dieta conformada con un tercio de proteína animal y dos tercios de raíces habría ahorrado alrededor de dos millones de masticadas por año a los primeros humanos. Y, como bien comprendemos los humanos estresados de la actualidad, esto pudo haber implicado un ahorro proporcional de tiempo y energía en el pasado, que probablemente aprovecharon en otras actividades.

Y, por supuesto, lo más importante: la carne les aportaba, más allá de la facilidad y el disfrute, calorías adicionales y otros nutrientes, como los aminoácidos. Ya fuera cortada en rodajas, machacada o desollada, la carne ofrecía muchas ventajas a los homínidos de hace más de 500,000 años.

El inicio del consumo de carne entre los humanos

Hueso fósil de la parte inferior de la pierna de un antílope cuya carne fue consumida los humanos.
Hueso fósil de la parte inferior de la pierna de un antílope de 1,5 millones de años
de Koobi Fora, Kenia, con marcas de corte. Crédito: Briana Pobiner/Nature.

La dieta de los primeros homínidos fue probablemente similar a la dieta que siguen los chimpancés modernos: una mezcla de grandes cantidades de frutas, flores, corteza, hojas, insectos y carne, por supuesto. El género Australopithecus se caracterizaba por seguir una dieta herbívora, algo muy fácil en aquel entonces.

Pero hubo un momento en que este último ingrediente empezó a cobrar mayor importancia. Hasta ahora, la evidencia sugiere que el consumo de carne entre los homínidos inició hace unos 2,6 millones de años.

Cuando hablamos de evidencia nos referimos a marcas de carnicería presente los huesos que se han encontrado: marcas de corte con herramientas afiladas, golpes con piedras grandes para extraer la médula, etc. Los científicos las han encontrado en fósiles de la Edad de Piedra Temprana, y aunque es un objetivo de gran interés desde hace décadas, las conclusiones aún son muy limitadas.

Marcas de corte dejadas por los humanos al usar herramientas para consumo de carne.
Primer plano de las marcas de corte que evidencian el uso de herramientas de parte de los humanos para consumo de carne. Crédito: Briana Pobiner/Nature.

Hasta ahora, la evidencia más antigua y más aceptada de homínidos carnívoros proviene de fósiles que data de hace aproximadamente 2 millones de años, en Kanjera, Kenia. Un poco después, hace 1,95 millones de años, en Koobi Fora, también en Kenia, la dieta carnívora dejó de limitarse a animales terrestres y empezó a incluir algunos acuáticos como las tortugas, los cocodrilos y los peces.

Además, varias localidades de Olduvai Gorge, Tanzania, alojan restos que data de hace 1,8 millones de años; estos se componente de mamíferos sacrificado de diferente tamaño, desde erizos hasta imponentes elefantes.

Tendencias actuales sugieren reducir el consumo de carnes

Ahora bien, con el avance de las epidemias de obesidad, cáncer y enfermedades autoinmunes, los investigadores han incrementado sus esfuerzos en comprender el papel de la dieta sobre la supervivencia humana.

Diferentes tipos de carne que suelen consumir los humanos.

En el proceso, han identificado un conjunto de ingredientes o alimentos que no parecen jugar ningún papel primordial en la nutrición, pero que, irónicamente, constituyen buena parte de la rutina de alimentación desde hace décadas. Entre ellos, alimentos superprocesados y algunos más clásicos, como diferentes tipos de carnes, cuyo consumo excesivo parece influir en el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

A pesar del importante papel que jugó el consumo de carnes en nuestra evolución, parece que nos hemos excedido con el apego hacia ella. La prosperidad humana ha llevado a desequilibrios sustanciales en los ecosistemas, despilfarro de recursos y desigualdad alimentaria. Y aunque la carne sea un alimento tan importante, muchos tienen mucho acceso a ella, mientras que otros han resultado menos desfavorecidos.

De ahí que la investigación centrada en la búsqueda de una dieta ideal para un estilo de vida saludable ha sugerido la reducción de la carne. Pero, ¿cómo es esto posible si la carne fue un ingrediente clave para la evolución humana? ¿Ha cumplido su cometido en nuestra historia y realmente ha llegado el momento de desecharla? Solo el tiempo y nuevos estudios lo dirán.

Referencias:

Impact of meat and Lower Palaeolithic food processing techniques on chewing in humans. https://www.nature.com/articles/nature16990

Evidence for Meat-Eating by Early Humans. https://www.nature.com/scitable/knowledge/library/evidence-for-meat-eating-by-early-humans-103874273/

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