Hombre con traje de protección desinfectando espacios interiores.

Después de la COVID-19, pocos tendrán ganas de repetir una historia de propagación masiva de enfermedades. Por ello, los científicos han estado evaluando diferentes estrategias preventivas para evitar cometer los mismos errores, y por qué no, evitar una próxima pandemia infecciosa. Pero, ¿quién se imaginaría que regular el aire, tal y como lo hacemos con los alimentos, el agua y los medicamentos, podría ser una opción?

39 investigadores provenientes de 14 países han redactado un artículo muy interesante en el que describen la regulación del aire como una estrategia potencial para reducir la transmisión de patógenos como el SARS-CoV-2 y el virus de la influenza, e incluso prevenir una pandemia en el futuro.

El coronavirus SARS-CoV-2 se transmite mayoritariamente por el aire

Persona con traje de protección blanco fumigando una oficina cerrada como parte de la estrategia de regular la calidad del aire.

Esta afirmación llega menos de dos semanas después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmara que el coronavirus SARS-CoV-2 se transmite mayoritariamente a través del aire, algo no contemplado inicialmente.

Haciendo un corto viaje en el tiempo, nos encontraremos con las primeras recomendaciones de prevención de COVID-19, centradas en el lavado de manos y la evasión del contacto con las superficies. A ello siguió el distanciamiento físico que terminó por convertirse en confinamientos prolongados durante los picos de los brotes.

Aunque el coronavirus lleva con nosotros un poco más de año y medio, hace apenas 10 meses que la agencia reconoció la transmisión aérea a través de aerosoles, tras la solicitud de más de 200 científicos. Fue entonces cuando el uso de mascarilla se convirtió en una norma prácticamente inquebrantable. Pero, ¿no hemos vivido lo mismo en el pasado?

Una larga trayectoria de errores en la identificación de vectores de patógenos

En la década de 1850, mucha gente en Londres, Inglaterra, murió debido a un brote de cólera que, para entonces, se creía que se transmitía por el aire. Esto hasta que un médico conocido como John Snow descubrió que en realidad era el agua contaminada, y no el aire, lo que estaba transmitiendo el patógeno a las personas.

Algo similar ocurrió cuando el médico húngaro Ignaz Semmelweis demostró que algo tan simple como lavarse las manos antes de dar a luz reduce significativamente las infecciones posparto.

El aire es un vector clave en la transmisión de enfermedades infecciosas

Luego, a principios del siglo XX, el experto en salud pública estadounidense Charles Chapin planteó una teoría errada para explicar la transmisión de las infecciones respiratorias. Dijo que estas se transmitían a través de grandes gotas de fluido procedente de una persona infectada; pero, al caer rápidamente por gravedad, la propagación a través del aire era poco probable.

Y no fue sino hasta 1945, con un artículo del científico William Wells, que se tomó en cuenta el papel fundamental que jugaba el aire en la transmisión de infecciones respiratorias. Al haber descartado este vector en el pasado, la atención se había centrado en desinfectar el agua y la higiene en el consumo de alimentos. Mientras tanto, patógenos como los causantes del sarampión y la tuberculosis, que se transmiten a través del aire, seguían haciéndose espacio entre los humanos.

Estrategia preventiva: regular el aire tal y como lo hacemos con la comida y el agua

Con la pandemia de COVID-19 repetimos el error, pero la experiencia también nos ha permitido confirmar lo planteado por Wells en el pasado. Muchas enfermedades respiratorias se transmiten a través del aire y, en vista de su potencial para provocar una nueva pandemia, es necesario proponer alternativas de prevención.

“El aire puede contener virus al igual que el agua y las superficies”, dijo la coautora del documento publicado en la revista Perspectives, Shelly Miller, también profesora de ingeniería mecánica y ambiental.

“Necesitamos entender que es un problema y que necesitamos tener, en nuestro conjunto de herramientas, enfoques para mitigar el riesgo y reducir las posibles exposiciones que podrían ocurrir por la acumulación de virus en el aire interior”.

Regular el aire implicaría mejorar el diseño de los sistemas de ventilación de los edificios

El investigador José Luis Jiménez, miembro del Instituto Cooperativo de Ciencias de la Investigación (CIRES) y profesor de química en CU Boulder, adopta un postura similar. Dice que el diseño de los edificios en los que pasan tanto tiempo los humanos debe contemplar mejores criterios de ventilación.

No solo debería haber enfoque en la comodidad (la temperatura, el control de olores, el uso de energía y la calidad del aire percibida), sino también en la seguridad. Regular la calidad del aire se muestra cada vez más como una necesidad para prevenir pandemias.

Hombre con traje y mascarilla dentro de una oficina.

“Cuando diseñamos un edificio, no deberíamos instalar la mínima cantidad de ventilación posible”, dijo, “sino que deberíamos tener en cuenta las enfermedades respiratorias en curso, como la gripe, y las pandemias futuras”.

En TekCrispy hemos hablado mucho sobre la contaminación en interiores, pero mayoritariamente centrada en el monóxido de carbono y los residuos de las sustancias típicamente utilizadas dentro de los espacios cerrados.

Ahora debería contemplarse también una mejor administración de los sistemas de ventilación para mitigar la propagación de enfermedades, con ligeras excepciones como los entornos de fabricación, investigación y consultorios médicos.

Al regular el aire, se evitan pandemias y los gastos derivados de ellas

Por su parte, Lidia Morawska, autora principal del artículo y directora del Laboratorio Internacional para la Calidad del Aire y la Salud de la Universidad Tecnológica de Queensland, dijo que es necesario descartar las preocupaciones por los costos.

El costo mensual de COVID-19 se ha estimado de manera conservadora en US $ 1 billón, mientras que el de la influenza, solo en los Estados Unidos, excede los US $ 11,2 mil millones anuales.

Aún no se ha realizado un análisis de los costos de regular el aire, pero se cree que estos podrían ser mucho menores a las pérdidas causadas por la pandemia. La construcción de mejores sistemas de ventilación podría ser menor al 1 por ciento del costo de un edificio típico.

Regular el aire podría evitar que las enfermedades infecciosas se conviertan en pandemias

Con el nuevo artículo, los investigadores solicitan a la OMS y a otros órganos rectores ampliar sus pautas sobre la calidad del aire en interiores. “El aire en los edificios es aire compartido, no es un bien privado, es un bien público”, dijo Miller. “Y tenemos que empezar a tratarlo así”.

La solicitud de regular el aire que respiramos para garantizar una alta calidad en materia de patógenos aborda una tarea pendiente desde hace siglos, y reconocerla como una prioridad definitivamente podría prevenir otras pandemias en el futuro. Pero más importante aún, evitaría la muerte de muchas personas así como los estragos sobre la economía.

Referencia:

A paradigm shift to combat indoor respiratory infection. https://science.sciencemag.org/cgi/doi/10.1126/science.abg2025

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