Sabemos bien que a los perros se los considera los mejores amigos del hombre, pero ahora –gracias a recientes investigaciones– sus cerebros podrían convertirse en los mejores aliados de la ciencia que busca estudiar el envejecimiento humano.

Desde el 2017, en Hungría se creó un biobanco conocido como Banco de Tejidos y Cerebro Canino (CBTB, por sus siglas en inglés). Durante los últimos años, este ha estado recopilando muestras moleculares y de tejidos de perros para poder comprender de forma más profunda sus procesos de envejecimiento.

Ahora, gracias a estos datos, dos investigaciones diferentes han demostrado el potencial que puede tener la información obtenida para comprender el propio envejecimiento humano. Todo gracias a la iniciativa del Senior Family Dog Project, que le dio vida al CBTB.

¿Por qué los cerebros de los perros nos ayudan a entender el envejecimiento humano?

Básicamente, por los paralelismos que hay entre su envejecimiento y el nuestro. Como sabemos, las personas son propensas a desarrollar más enfermedades físicas y mentales a medida que su edad avanza. Este mismo proceso se da en los perros, con ellos compartiendo variadas condiciones (como la demencia) con el ser humano.

Por este motivo, el estudiar con más detalle el cerebro de los perros y su envejecimiento, también podríamos revelar puntos importantes del proceso humano. De este modo, aunque los canes envejezcan relativamente más rápido, se pueden analizar sus procesos de decadencia molecular y neuronal para comprender cómo esta podría manifestarse también en humanos.

Esto sobre todo porque no todos los humanos –y no todos los perros– envejecen del mismo modo ni son afectados por los mismos problemas. Por ello, poder comprender el envejecimiento del cerebro de los canes y qué biomarcadores lo anuncian podría ayudarnos a hacer lo mismo con el del ser humano.

¿Cómo podríamos estudiar a los perros sin convertirlos en animales de laboratorio?

Perro blanco mirando a la cámara.
Vía Wikimedia Commons.

La primera investigación más reciente que abordó este tema se publicó en GeroScience y fue desarrollada por Sára Sándor, Kálmán Czeibert, Attila Salamon y Enikő Kubinyi. Dentro de ella, los miembros del Senior Family Dog Project observaron la importancia de iniciativas del CBTB para el estudio científico y médico.

 “La investigación médica a menudo se basa en perros de laboratorio, pero mantenerlos para estudiar el envejecimiento natural requeriría mucho tiempo, sería costoso y éticamente discutible” dijo el Dr. Sándor.

Con esto en mente, comentaron que los biobancos caninos podrían ser la solución perfecta. Gracias a ellos, podría ser posible recolectar muestras de perros de compañía, de asistencia o afines durante su vida sin necesidad de mantenerlos en un laboratorio.

Asimismo, al fallecer –si los dueños lo aprueban– los cuerpos de los animales también podrían ser sumados al banco de tejidos. De esta forma, se contaría con una base de datos molecular y física única. Una con la que sería posible comprender en detalle los procesos biológicos de envejecimiento que afectan a nuestros amigos caninos.

Por ahora, el CBTB ha logrado recolectar 130 muestras de perros, lo que incluye su cerebro, tejidos de piel y muestras sanguíneas, para el estudio del envejecimiento humano. Como complemento, ya se ha ofrecido facilitar los datos obtenidos a investigadores internacionales. Todo para que puedan realizar sus propios estudios y profundizar los conocimientos existentes sobre el tema.

¿Qué hemos aprendido sobre el envejecimiento humano a través del cerebro de los perros?

En estos momentos, las iniciativas como el CBTB ya han dado frutos. Esto lo demuestra una primera investigación publicada en Frontiers in Veterinary Science por Sára Sándor, Kitti Tátrai, Kálmán Czeibert, Balázs Egyed y Enikő Kubinyi.

Dentro del estudio, se analizó la presencia del inhibidor de la quinasa dependiente de ciclina 2A (gen CDKN2A). Según sus resultados, el aumento de los niveles de este en los tejidos del cerebro de los perros se correspondió la propensión a la demencia por envejecimiento, algo que ya se había sugerido en casos humano.

Por ahora, no se puede hablar de que el gen CDKN2A sea un biomarcador totalmente comprobado de la demencia en personas. Sin embargo, estos estudios iniciales apuntan a una fuerte posibilidad de que lo sea. En el futuro, serán necesarios más análisis, con la participación del CBTB, para poder obtener respuestas más claras.

Referencias:

Man’s best friend in life and death: scientific perspectives and challenges of dog brain banking: https://doi.org/10.1007/s11357-021-00373-7

CDKN2A Gene Expression as a Potential Aging Biomarker in Dogs: https://doi.org/10.3389/fvets.2021.660435

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