Durante mucho tiempo los científicos se han preguntado si en realidad somos tan libres como muchos afirman. La libertad es tan relativa que es poco probable que podamos tener una misma respuesta para todos los contextos. Sin embargo, en lo que se refiere a la toma de decisiones, nuestro cerebro se comporta de manera tan automatizada que hablar de libre albedrío podría resultar hasta gracioso.

Pero indagando en este tema, los científicos han descubierto que el panorama no es tan rígido como pensaban. Aunque la toma de decisiones sea premeditada, existe la posibilidad de retenerlas siempre y cuando sea en un punto específico del proceso (y, por supuesto, no somos conscientes de ello).

La vida consiste en tomar decisiones, aunque no siempre seamos conscientes de ello

Aunque suene cliché, la vida consiste básicamente en tomar decisiones. En un entorno hostil, como la vida salvaje, quizás seamos menos conscientes de ello, mientras enfocamos nuestra energía en resolver los problemas más inmediatos.

Por ejemplo, si nos encontramos con un cocodrilo, o si estamos escasos de agua, es poco probable que meditemos sobre nosotros tomando decisiones: las tomamos en pro de nuestra supervivencia, sopesando riesgos y beneficios, aunque no necesariamente estas conduzcan al resultado deseado. Podríamos decir que el proceso ocurre de manera automática, instantánea.

Irónicamente, dentro de nuestra vida “civilizada”, con una dinámica tan ajetreada que apenas nos deja tiempo para pensar, es más probable que nos percatemos de ello. “¿Qué estoy haciendo con mi vida?”; “¿Son buenas las decisiones que tomo?”; “¿Por qué hago ciertas cosas cuando en realidad quiero hacer otras?”, o “¿por qué tomo la decisión de no decir?” son apenas algunas de las preguntas que nos hacemos al ser conscientes del impacto de nuestras decisiones. Entonces podríamos replantearnos la forma en que actuamos.

¿Somos libres en la toma de decisiones o nuestro cerebro está automatizado?

Pero los científicos han planteado una pregunta cuya respuesta podría conducir a la comprensión de todos estos problemas existenciales. ¿Trabaja nuestro cerebro de forma instantánea o toma decisiones premeditadas incluso aunque parezcamos impulsivos?

Mano extendida como si sostuviera un croquis del cerebro.

Para ello, convendría identificar las regiones del cerebro que intervienen en el importante y continuo proceso de toma de decisiones. Por fortuna, los estudios han arrojado resultados, y todo parece indicar que la corteza prefrontal está involucrada; en especial, el lóbulo prefrontal derecho, que procesa los datos que necesitamos para hacer una elección. Además, el hipocampo, tan relacionado con la memoria, también juega un papel en estas tareas.

En 2015, un equipo de investigadores publicó un artículo en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences que los acercó a la respuesta. Su estudio se centró en determinar si somos capaces de frenar un movimiento voluntario una vez que nuestro cerebro ya ha dado la orden de hacerlo. Dicho de forma simple, si podemos detener una decisión que toma nuestro cerebro una vez que ha empezado a ejecutarse.

Desafiando las decisiones del cerebro

Para comprenderlo mejor, partamos de que este proceso ocurre por una señal llamada potencial de preparación (readiness potential, en inglés). Una vez que esta se emite, nuestro cuerpo hace las acciones necesarias para cumplir con la orden cerebral. ¿Sería posible interrumpir este proceso?

Los experimentos consistieron en una especie de duelo entre los participantes y una interfaz cerebro-ordenador capaz de predecir sus movimientos. Mientras se ejecutaba, los investigadores monitoreaban la actividad cerebral por medio de electroencefalografía. Estas imágenes instruían a la máquina sobre las decisiones que tomarían los participantes en función de cómo se mostrara su cerebro.

El objetivo era determinar si las señales tempranas posteriores a la decisión implicaban que el proceso era en realidad automático e incambiable, o si estaba sujeto a un control consciente. Si los participantes podían “evadir” dicha señal y bloquear la acción derivada de la decisión, significaría que tenemos más control sobre ella de lo que pensábamos.

Es posible cambiar las decisiones, siempre y cuando sea antes del punto de no retorno

Al final, descubrieron que sí era posible interrumpir la señal que desencadena la acción, al menos en lo que respecta a los movimientos. Sin embargo, los investigadores reconocen que esto es posible siempre y cuando el cambio de parecer ocurra antes de un momento denominado “punto de no retorno”.

“Nuestros datos sugieren que los sujetos aún pueden vetar un movimiento incluso después del inicio de la señal de potencial de preparación. La cancelación de movimientos era posible si las señales de parada ocurrían antes de 200 ms antes del inicio del movimiento, constituyendo así un punto de no retorno”.

Hasta ahora, se pensaba que la toma de decisiones en nuestro cerebro era automática, premeditada, sin muchas opciones de cambio, y que en realidad no somos tan libres como muchos piensan.

Sin embargo, este estudio desafió dicha afirmación, y reveló que “las decisiones de una persona no están a merced de dichas ondas cerebrales tempranas e inconscientes”. En realidad somos capaces de intervenir de forma activa e interrumpir los movimientos que nuestro cerebro ya nos ha ordenado hacer. En pocas palabras, nuestra libertad está mucho menos limitada de lo que pensábamos.

Referencia:

The point of no return in vetoing self-initiated movements. https://www.pnas.org/content/pnas/early/2015/12/09/1513569112.full.pdf

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