Muchacho sentado en la esquina de un techo.
Vía Pixabay.

El problema de la delincuencia ha seguido a la humanidad desde sus inicios. Sin embargo, desde hace algunas décadas, sus números han empezado a descender. Aunque se podría creer que esto se debe a los esfuerzos redoblados para mantenerla a raya, un reciente estudio nos muestra que los cambios parecen tener más que ver con la propensión de algunas generaciones a cometer más crímenes que otras.

La investigación que ha sacado esta situación a la luz se publicó recientemente en el Journal of Quantitative Criminology. Su único autor, William Spelman, trabajó con los registros de las generaciones más conocidas hasta la fecha. Específicamente, se trabajó con los Baby Boomer, X y Millennials, la generación Z no fue mencionada en el estudio directamente.

Según las observaciones de Spelman, desde 1990 ha habido una disminución sostenida de los actos delictivos. No obstante, los esfuerzos de fortalecimiento de la ley y las medidas de penalización por violarla no han aumentado de forma acorde a la disminución del crimen. De hecho, varias de estas iniciativas incluso han perdido vigor. Motivo por el cual se ha hecho más fácil notar las influencias generacionales en los registros criminales.

¿De verdad hay generaciones más propensas a cometer crímenes?

Al menos según la revisión realizada por Spelman… sí. Los resultados de su estudio terminaron por revelar que las generaciones más antiguas (los Baby Boomers y X) tenían tendencias más altas a cometer crímenes. Como consecuencia, cuando estas generaciones estaban en sus años más activos (de 18 a 25 años), los niveles de delincuencia eran más altos.

De todos modos, Spelman notó una ligera tendencia al descenso de dichos niveles entre la generación de los Boomers y de los X. Pero, el mayor cambio llegó con los Millennials en la década de los noventa. Del mismo modo, esta tendencia a la baja se mantuvo con los primeros años de los 2000, cuando los Millennials estaban en sus veintes.

Spelman no estudió las generaciones hasta la más reciente (los Gen Z). Pero, si la tendencia se mantiene, los niveles de criminalidad en la actualidad deberían ser incluso más bajos que aquellos en la época de los Millennials.

Pero… ¿por qué?

Según las observaciones del Spelman, estos cambios en la tendencia a cometer delitos entre generaciones no se deben tanto a las medidas de contención del crimen, sino a la calidad de vida y a la crianza que tuvo cada generación.

Tanto los Boomers como los X crecieron en épocas complicadas para el mundo –sobre todo los primeros–. Por su parte, los Millennials tendieron a tener hogares más estables, más oportunidades de estudio y una mejor calidad de vida general. Puntos que, en sumatoria, parecen ser mucho más importantes para mantener a las personas alejadas de una vida criminal.

¿Nos movemos a un mundo más seguro?

Jóvenes de las generaciones millennial o Z corriendo por una calle.
Vía Hippopx.

Generacionalmente, la tendencia existe. Sin embargo, estamos aún lejos de lograr un futuro como ese. Esto debido a que aún no hemos tomado las medidas adecuadas para finalmente encontrar una solución rotunda a los problemas de delincuencia.

Según comentó Spelman, los esfuerzos de contención y contraataque del crimen solo son útiles hasta cierto punto. Después de todo, con ellos solo es posible restringir el problema o controlarlo un poco.

Ahora, para poder solucionarlo es necesario atacarlo de raíz. Esto, tal como lo ha evidenciado este reciente estudio, podría lograrse a través esfuerzos no solo por castigar a los delincuentes, sino por evitar en primer lugar que los niños de las nuevas generaciones entren a esa vida.

“Las políticas dirigidas a reducir la delincuencia entre los niños pequeños pueden ser más efectivas a largo plazo que las políticas actuales dirigidas a la incapacitación, la disuasión y la reducción de oportunidades”, concluyo Spelman en su estudio.

Para esto, es necesario asegurar que los infantes puedan crecer en entornos tanto física como emocionalmente seguros. Asimismo, es importante que puedan tener acceso a la educación y que tengan la oportunidad de interactuar e integrarse a la sociedad de forma sana. Ya que, solo así crecerán individuos bien adaptados que no vean en el crimen una forma de vida o de supervivencia.

Referencia:

William Spelman. How Cohorts Changed Crime Rates, 1980–2016: https://doi.org/10.1007/s10940-021-09508-7

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