Mujer joven tapándose la nariz con una expresión divertida.

La pandemia de COVID-19 y el confinamiento llevó a muchas personas a prescindir del baño. The New York Times ha publicado un artículo en el que revela este como uno de los cambios drásticos que experimentaron los estadounidenses y los británicos durante el confinamiento.

Interactuar con otras personas tiene un “no-sé-qué” que revitaliza, mejora el humor y que incluso puede hacer que muchos se bañen (o vuelvan a bañarse). Y aunque los conservacionistas están aplaudiendo estas medidas, aún no está claro si es algo que se mantendrá en el tiempo o si seguiremos cantando y escuchando cantar a otros en la ducha durante mucho tiempo.

Pandemia cambió la dinámica de la vida y la frecuencia de los baños

La pandemia de COVID-19, sin lugar a dudas, ha dado un vuelco a la cotidianidad a la que estábamos acostumbrados. Desde que llegó el coronavirus, las reuniones, las salidas, los viajes e incluso las compras en el supermercado han cambiado su significado.

Pareja heterosexual acostada viendo el teléfono móvil y probablemente aburridos por el confinamiento por la pandemia.

Pasar mucho tiempo en casa cambia la vida; y aunque muchos lo vieran como unas merecidas vacaciones al principio, con el tiempo empezaron a sentir los estragos del confinamiento.

En el proceso, surgieron algunas actividades que se han vuelto una necesidad, mientras que otras se han perdido en medio del contexto de los deberes. Con tanto tiempo libre, muchas personas se empezaron a preguntar qué cosas hacían por gusto o porque fueran realmente necesarias y cuáles otras hacían en modo automático o por obligación. Curiosamente, los baños figuraron entre estas últimas durante la pandemia.

Baños cada vez menos frecuentes debido a la pandemia

Y es que estando lejos de otros durante la pandemia, sin la necesidad de lucir impecables, sin nadie tan cerca que pueda criticar el olor o la apariencia, los baños terminaron por perder importancia. Muchas personas empezaron a bañarse una sola vez a la semana, dejando el lavado diario solo para las partes más fundamentales.

De hecho, una encuesta de YouGov muy difundida en los medios lo confirmó. Sus resultados mostraban que el 17 por ciento de los británicos habían abandonado las duchas diarias durante la pandemia.

Tras su publicación, muchas otras personas en las redes sociales confirmaron que habían decidido lo mismo. La escritora de Redding, Heather Whaley, también informó algo similar; dijo que el uso de la ducha se redujo en un 20 por ciento el año pasado. Ella misma reconoció que comenzó a preguntarse por qué se duchaba todos los días.

“¿Realmente necesito? ¿Quiero hacerlo?”, se preguntó. “El acto de tomar una ducha se convirtió menos en una cuestión de función y más en una cuestión de hacer algo por mí mismo que disfrutaba”.

Pero, ¿cómo surgió la costumbre de bañarse todos los días?

Donnachadh McCarthy, un ambientalista de 61 años de edad y escritor en Londres, dijo que las duchas diarias son “un fenómenos bastante nuevo”. En su juventud, la costumbre era bañarse una vez a la semana y, durante la semana, lavarse en el fregadero debajo de las axilas y las partes íntimas. Pero a medida que pasaban los años, empezó a ducharse todos los días, al igual que la mayoría a su alrededor.

Pero, al menos en los Estados Unidos, esta tendencia comenzó a principios del siglo XX, después de la Revolución Industrial. Las personas empezaron a mudarse a las ciudades, que funcionaban como reservorios de desechos y suciedad, lo que les hizo pensar que necesitaban asearse con mayor frecuencia.

Mujer a través de un vidrio empañado y con gotas mientras toma un baño.

El Dr. James Hamblin, profesor de la Universidad de Yale explicó a The New York Times que esto también estimuló la industria de los jabones. Sumado a ello, el desarrollo de plomería en espacios interiores permitió a la clase media tener un acceso más cómodo al agua.

Llegó un momento en que el baño se había convertido en una distinción social. Las personas adineradas compraban más jabones y champús de lujo y, por tanto, comenzaron a bañarse con más frecuencia para distinguirse de las masas.

“Se convirtió en una especie de carrera armamentista”, dijo el Dr. Hamblin. “Era un significante de riqueza si parecía que podía bañarse todos los días”. Puede que esta idea sobre los baños se haya mantenido un buen tiempo, hasta que llegó la pandemia y dejó a muchos sin exponerse demasiado a la suciedad.

Bañarse a diario no es saludable ni para los humanos ni para el medio ambiente

Pero, tal y como hemos indicado en otras notas sobre el tema en TekCrispy, los expertos en salud recomiendan no hacer lavados tan frecuentes ya que pueden ser contraproducentes. El uso diario de jabón despoja a la piel de sus aceites naturales dejándola reseca, con riesgo de irritación y propensa a infecciones.

A ello sumamos otros problema: el despilfarro de recursos y su impacto sobre el medio ambiente. Una ducha de ocho minutos implica gastar hasta 17 galones de agua, según los datos de Water Research Fund.

Además, la Agencia de Protección Ambiental advierte que el uso de agua corriente durante cinco minutos amerita tanta energía como encender una bombilla de 60 vatios durante 14 horas. Por si fuera poco, los baños largos y frecuentes implican usar más botellas y más jabón, lo que amerita el uso de petróleo.

McCarthy no tuvo que esperar a la pandemia para cambiar el hábito adquirido por vías sociales, sino que fue una visita hace casi 30 años a la selva amazónica. Al ver por sí mismo las consecuencias del sobredesarrollo, reconsideró su rutina.

“No hay nada como sumergirse en un baño tibio y profundo”, dijo McCarthy. “Hay un placer ahí que acepto y entiendo absolutamente. Pero guardo esos placeres como un regalo”. Reconoce también que, hasta el momento, se trata de una decisión individual, pero fundamental en el contexto de la lucha contra el cambio climático.

Hombre de piel oscura y con barba con espuma de jabón en su cuerpo y una expresión de sorpresa en su rostro.

Sin embargo, Andrea Armstrong, profesora asistente de ciencias y estudios ambientales en Lafayette College en Easton, Pensilvania, dijo que se necesitaría que una gran cantidad de personas cambiara sus hábitos para poder notar un cambio sustancial en el problema. Esto ameritaría cambios en la legislación local y federal no orientados en la prohibición, sino en la modificación de la infraestructura de modo que sea más sostenible con el medio ambiente.

Curiosamente, y quizás por otras razones ajenas a la lucha ambientalista, la pandemia ha llevado a muchas personas a depender menos del baño para sentirse bien. Y aunque estamos más cerca de volver a la normalidad que antes gracias a las vacunas, al parecer hay cosas que llegaron para quedarse… o al menos en algunos casos.

Referencia:

See Fewer People. Take Fewer Showers. https://www.nytimes.com/2021/05/06/health/shower-bathing-pandemic.html?campaign_id=2&emc=edit_th_20210507&instance_id=30363&nl=todaysheadlines&regi_id=54880437&segment_id=57444&user_id=f0b997acc543691ee6811111d854a78c

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