Planta tras las rejas como una representación del colonialismo climático.
Vía Shutterstock.

A pesar de que el concepto ha ganado notoriedad con el paso de los años, es posible que la mayoría de nosotros no hubiera escuchado hablar del colonialismo climático. Sin embargo, es importante que manejemos este término y todo lo que implica.

Después de todo, en él podría estar una de las claves para entender qué podría depararle a la humanidad como sociedad y a su relación con el clima. ¿Por qué? Justamente eso te contaremos.

Colonialismo… ¿alguna vez se fue?

El colonialismo, según la Real Academia Española puede definirse simplemente como la “tendencia a establecer y mantener colonias”. Para profundizar un poco más en dicho concepto, también podemos añadir la perspectiva del Oxford Dictionary, que lo define como “la práctica por la cual un país poderoso controla a otro país u otros países”.

En otras palabras, el colonialismo es una práctica a través de la cual un país con poder puede establecer control sobre una o más naciones más débiles al establecer colonias y mantenerlas. En nuestra historia vemos el claro ejemplo de esto durante la época de la colonización europea en América.

Representación del colonialismo climático y económico de países desarrollados ante los países en desarrollo.
Vía polyp.org.uk.

Ahora, esos días de la Europa colonial se han ido y el colonialismo como se lo conocía ya no está vigente, pero se podría decir que ha mutado. De allí que haya nacido lo que se conoce como “neocolonialismo”.

Según lo que Olúfẹ́mi O. Táíwò, profesor asistente de filosofía, Universidad de Georgetown, escribió para The Conversation, este neocolonialismo “se logra mediante palancas de influencia política y económica”.

En la actualidad, podemos ver que este tipo de dinámicas se manifiestan en el mundo, incluso cuando la “colonización” como tal ya no es tan obvia. Esto lo denuncia también Petra Schönhöfer en su escrito para Goethe:

“Por supuesto, todavía existen estructuras de poder entre los países industrializados ricos y los territorios anteriormente colonizados por ellos, especialmente a nivel económico”.

Dicha situación podría estar por adoptar una nueva capa ahora que nos encontramos la crisis ambiental del mundo. Después de todo, se la ha empezado a usar como combustible para alimentar el nuevo “colonialismo climático”.

Pero… ¿a qué llamamos colonialismo climático? ¿Realmente existe?

Al hablar específicamente del colonialismo climático, Táíwò comentó:

“Para mí, es la profundización o expansión de la dominación extranjera a través de iniciativas climáticas que explotan los recursos de las naciones más pobres o comprometen su soberanía”.

Al ver esto, podemos entender que el colonialismo climático es, en esencia, aquella evolución de los métodos coloniales antiguos. Por lo que, allí donde antes se utilizaba el poder de la fuerza militar, ahora se usa el peso económico y político –apoyado en ideales climáticos– para poder establecer un mecanismo de control sobre otras naciones.

Estatua de la libertad estadounidense liberando humo y polución al ambiente.
Vía Pixabay.

Táíwò denuncia particularmente la presencia de dicho tipo de colonialismo en las políticas del Green New Deal planteado por Estados Unidos. Según el profesor, aunque algunas de las iniciativas planteadas en el acuerdo sí buscan un beneficio para el clima, los medios que se plantean para lograrlo implican el sometimiento de la soberanía de algunas naciones.

“Me preocupa que el Green New Deal pueda exacerbar lo que académicos como la socióloga Doreen Martinez llaman colonialismo climático: la dominación de países y pueblos menos poderosos a través de iniciativas destinadas a frenar el ritmo del calentamiento global”, expresó.

Schönhöfer también denuncia esto al especificar que países industrializados como Alemania “están subcontratando cargas a países con huellas [climáticas] más pequeñas”. Con esto, ella se refiere a que están utilizando su poder económico para utilizar los recursos y espacios de países en desarrollo para sustentar su modo de vida sin aumentar directamente la huella climática de su propio país –esto a expensas de la otra nación que empieza a asumir la carga de la producción y la contaminación–.

Si es visto así… ¿qué lo ha sustentado todos estos años?

Tierra desintegrándose como una representación del cambio climático.
Vía Pixabay.

Básicamente, el colonialismo climático ha logrado prosperar debido a que toma una buena meta para justificar un mal medio. En la actualidad, es innegable que la humanidad debe cambiar su modo de vida si quiere poder seguir llamando a la Tierra su hogar.

Cada año, organizaciones como Global Footprint dan a conocer el llamado ‘Earth Overshoot Day’. En resumen, este se trata del día en el que la humanidad supera el límite de recursos que la Tierra puede regenerar en un año. En otras palabras, los días después de esa marca se viven “a crédito”, gastando recursos de la Tierra que no deberíamos y que luego no podremos reponer, haciendo nuestra deuda cada vez más grande.

Letrero de una Tierra ardiendo que dice "despierta", en referencia al calentamiento global.
Vía Shutterstock.

Para colocarlo en cifras, Global Footprint explica que, en promedio, cada ser humano tendría asignadas 1,7 hectáreas globales para consumir, si no quiere exceder su crédito. Pero, en general, anualmente cada persona utiliza 3,3 hectáreas. En otras palabras, nuestra sociedad vive como si tuviera los recursos de 1,75 Tierras.

De allí que se considere necesario tomar cartas en el asunto para evitar que esta situación se siga repitiendo. Un detalle que, de forma natural, ha dado apoyo a las ideas del colonialismo climático como una forma de establecer un “control” sobre el consumo de recursos y la contaminación de la Tierra.

Y… ¿qué se ha hecho?

Con la finalidad de atacar esta situación, se han establecido proyectos como el Acuerdo de París, aprobado en el 2015. Este busca la cooperación de los países para mantener el aumento de temperatura en la tierra por debajo de  2°C con respecto a los niveles preindustriales. Lastimosamente, no nos ha ido muy bien en esta tarea.

Tierra ardiendo como una representación del calentamiento global.
Crédito: Flaming Globe/Facebook.

De forma paralela, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también planteó sus “Objetivos de Desarrollo Sustentable”, para que fueran acatados tanto por naciones como por empresas individuales. Especialmente su postulado número 13, “Acción por el clima” , ataca directamente el problema climático propone “adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”.

Entre algunas de las metas individuales planteadas por este objetivo están:

  • Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales
  • Promover mecanismos para aumentar la capacidad para la planificación y gestión eficaz en relación con el cambio climático en los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, haciendo particular hincapié en las mujeres, los jóvenes y las comunidades locales y marginadas.

Es claro que cada uno de estos postulados fue hecho con la intención de sentar los lineamientos que se deben seguir para atacar la clara crisis climática en la que estamos.

Pero, al mismo tiempo, contribuye inintencionalmente a dar también las bases para justificar el colonialismo climático, al presentarlo como una parte de la “responsabilidad” de los países desarrollados de combatir el calentamiento global; así como de “ayudar” a las naciones menos desarrolladas a hacerlo también.

Ok… entonces existe. Pero… ¿Es ético?

Letrero de protesta que dice: "Sin soluciones falsas".
Crédito: niOS. Vía Flickr.

La respuesta corta es no. A pesar de que ha sido presentado como una especie de “camino” a seguir para superar la crisis climática, incluye demasiados controles velados como para que pueda terminar siendo realmente beneficioso o justo para todos los implicados. Cada nación debería seguir manteniendo su soberanía y tomar individualmente sus medidas de protección del clima.

Ahora, estas se pueden acordar globalmente a través de acuerdos como los antes mencionados, o tal vez como el ‘Protocolo de Kioto’, que entró en vigor en el 2004. En eél, se presentaron los “bonos de carbono”. Estos fueron propuestos en 1993 por la economista argentina Graciela Chichilnisky, pero solo se incluyeron al cuerpo del protocolo en 1997.

Letrero de protesta contra el colonialismo climático.
Vía Flickr.

Estos plantean que cada nación debe pagar por “bonos” extra si su producción de dióxido de carbono supera el límite acordado de una tonelada. De esta forma, se alienta a los países a mantenerse por debajo del límite. Para esto, además se dan incentivos a los que lo logran y se “multa” a los que no.

Lastimosamente, acá el poder económico hace aparición de nuevo y deja a los países en desarrollo en una clara desventaja ante aquellos más ricos. Incluso, podría fomentar el colonialismo climático. Esto si dichas naciones desarrolladas ofrecen “cubrir” los bonos de las más pobres a cambio de la posibilidad de explotar sus recursos o espacios.

¿Sería posible llevarlo a cabo sin causar demasiados daños?

Letrero que dice "Justicia climática, ahora".
Vía Flickr.

No. El colonialismo climático implica la toma del control sobre otros territorios y su mantenimiento a través del poder económico –sustentándolo en los ideales ecológicos–. En otras palabras, es un claro mecanismo de control. Uno con el que, aunque podrían verse algunos beneficios para el ambiente, se estarían coartando los derechos de algunas naciones mientras se permitiría a otras tener libertad para hacer lo que deseen.

Ahora, las ideas de cooperación entre países no son necesariamente malas o perjudiciales para la sociedad o el ambiente. Regresando al ejemplo del New Green Deal, podemos aprovechar otra de las declaraciones dadas por Táíwò en su escrito:

“Para ser claros, no creo que el Green New Deal conduzca necesariamente al colonialismo climático y veo su énfasis en la justicia climática como un buen comienzo. Las tecnologías y las políticas son herramientas y su funcionamiento depende de cómo se diseñen y cómo se utilicen”.

La mencionada “justicia climática” según una publicación de la ONU, en el 2019, “insiste en un cambio de un discurso sobre los gases de efecto invernadero y el derretimiento de los casquetes polares a un movimiento de derechos civiles con las personas y comunidades más vulnerables a los impactos climáticos en su centro”. En otras palabras, es el nombre con el que se distingue el ideal que el colonialismo climático tuerce.

En los próximos acuerdos, la meta deberá ser establecer políticas que persigan la justicia climática –sin dejarse llevar por el colonialismo–. Solo así la Tierra finalmente podría estar en el camino correcto para enmendar la crisis que la humanidad inició hace siglos.

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