León marino bostezando en la orilla del mar.

En la cultura popular, el bostezo se ha vinculado con sueño, aburrimiento y mala educación, pero un nuevo estudio en mamíferos y aves ha revelado que en realidad se conecta con el tamaño del cerebro y la termorregulación.

Los investigadores informaron en la revista Communications Biology que el bostezo en realidad cumple una función termorreguladora cuya duración está estrechamente relacionada con el tamaño cerebral y la cantidad de neuronas. Dicho de una forma más simple, bostezamos para enfriar nuestro cerebro.

Los bostezos como un mecanismo de termorregulación

Los bostezos pueden ser muy habituales y contagiosos en los seres humanos, pero no son algo exclusivo de nosotros. De seguro habremos visto en algún momento de nuestra vida un animal doméstico, como los perros y los gatos, bostezar con mucho afán. En realidad se trata de un comportamiento habitual entre los vertebrados y, lejos de indicar pereza, cumple una función que puede resultar inesperada para muchos.

En el pasado, se pensaba que el bostezo servía para mejorar la oxigenación de la sangre. Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que el bostezo en realidad juega un papel en la termorregulación del cerebro.

Los bostezos podrían ayudar a enviar sangre fría al cerebro

La inhalación de aire frío ocurre de manera simultánea al estiramiento de los músculos que rodean las cavidades bucales. Este proceso aumenta el flujo de sangre fría al cerebro lo que, tal y como ocurre en muchos dispositivos creados por el hombre, funciona para regular su temperatura.

Y no se trata de una afirmación sin bases. Un estudio demostró que la temperatura del cerebro desciende rápidamente después de un bostezo. De hecho, según sus hallazgos, las personas que llevan una compresa fría en la cabeza o el cuello, o hacen otras cosas que enfrían el cerebro, rara vez bostezan. También se cree que la frecuencia de los bostezos dependerá de la temperatura del entorno en que se encuentre un individuo.

La duración del bostezo está conectada con el tamaño del cerebro

Para comprobarlo, los investigadores decidieron observarlo por sí mismos en una amplia variedad de especies. Entonces fueron a varios zoológicos con una cámara y se escondieron para observar y capturar el momento en que los animales bostezaran.

Así recolectaron más de 1.250 bostezos de 55 especies de mamíferos y 46 especies de aves. A ello, sumaron videos de animales bostezando en plataformas como YouTube y Facebook.

Bostezo de un hipopótamo cuya cabeza sobresale del agua.

“En este nuevo estudio, queríamos ver qué tan universal es esa teoría, y especialmente si es válida para las aves”, dijo el biólogo Jorg Massen de la Universidad de Utrecht, coautor del estudio.

Luego, examinaron los datos cerebrales y neuronales de las especies incluidas en busca de patrones que los vincularan con la duración de los bostezos. Fue entonces cuando confirmaron que, tal y como sugirieron sus pequeños estudios previos, la duración del bostezo está conectada con el tamaño del cerebro de los animales.

Los investigadores concluyeron que la duración del bostezo aumenta a medida que aumenta el tamaño y la cantidad de neuronas en el cerebro de una especie determinada.

Los mamíferos bostezan más que las aves

Pequeña ave bostezando sobre una rama.

Las comparaciones posteriores mostraron también que los mamíferos parecen bostezar más que las aves. Los autores creen que esto se debe a las diferencias entre su temperatura central y la del medio ambiente.

La diferencia entre la temperatura central de las aves y el aire circundante es mayor que en los mamíferos, por lo que su sangre se enfría más rápidamente. Los pájaros necesitarán un bostezo corto para que este cumpla con su función de termorregulación interna, lo que explica bien por qué bostezan menos.

Una forma de mejorar la atención

Además, esto trae una ventaja adicional. Como muchos habrán notado, funcionamos mejor cuando nos encontramos a una temperatura óptima. Si la temperatura del cerebro aumenta demasiado, se reducen los estados de alerta. Los mamíferos y las aves parecen haber evolucionado para corregir esto y mantenerse atentos.

Así que, a final de cuentas, ¿quién imaginaría que los bostezos en realidad son totalmente contrarios a lo que pensábamos? Definitivamente deberíamos pensarlo dos veces antes de molestarnos porque alguien bosteza mientras le hablamos.

Referencia:

Brain size and neuron numbers drive differences in yawn duration across mammals and birds. https://www.nature.com/articles/s42003-021-02019-y

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