Es bien sabido que los primeros años de vida de un bebé son vitales para determinar lo que será su salud en la adultez. Sin embargo, nuevos estudios han demostrado que detalles como su riesgo de padecer alergias, podrían remontarse el nacimiento de los bebés.

Para sustentar esta propuesta, se publicó recientemente una investigación en Cell Reports Medicine. Detrás de ella estuvieron los investigadores Charisse Petersen, Darlene L.Y. Dai, Rozlyn C.T. Boutin, Hind Sbihi, Malcolm R. Sears, Theo J. Moraes, Allan B. Becker, Meghan B. Azad, Piush J. Mandhane, Padmaja Subbarao, Stuart E. Turvey y B. Brett Finlay.

En conjunto, examinaron la composición del meconio –la primera deposición fecal– de 100 bebés que formaron parte de otro actual estudio canadiense sobre el desarrollo infantil. Al hacerles seguimiento, lograron evidenciar una relación entre la diversidad de estas primeras heces y el aumento o disminución del riesgo de sufrir alergias en los bebés.

Nuevo indicador: el meconio de los bebés nos alerta sobre su riesgo de sufrir alergias y otras condiciones

En un principio, los investigadores se dedicaron a analizar cada una de las deposiciones, de forma que se conociera por completo su composición celular y bacteriana. Luego de esto, dejaron pasar un año, y luego realizaron pruebas de alergias cutáneas en los bebés antes examinados.

De este modo, pudieron determinar qué tan propensos eran estos a tener algún tipo de alergia. Finalmente, observaron un patrón que relacionaba ciertos tipos de meconios con un riesgo mayor de alergias en los bebés.

Dentro de las posibles condiciones a desarrollar relacionadas con dichas alergias, se encontraron tan variadas manifestaciones como: el asma, el eczema (inflamación de la piel), las alergias a la comida y la fiebre del heno.

¿Por qué las primeras heces de los bebés nos hablan de sus posibles alergias?

Rostro de bebé recién nacido llorando.
Vía Shutterstock.

Ya investigaciones anteriores han planteado que ciertos tipos de bacterias pueden protegernos de las alergias alimentarias. Asimismo, otras nos han mostrado cómo algunos microbios pueden ayudarnos a evitar el asma.

Ahora, este nuevo estudio nos muestra un origen común para todos estos elementos: el meconio de los bebés. Este, como bien sabemos, no es una deposición común, pues en realidad no contiene alimentos procesados, sino los restos de todo lo que entró en la boca del bebé al momento de nacer –lo que va del líquido amniótico, hasta células de la piel y moléculas variadas de la madre–.

“El meconio es una especie de cápsula del tiempo porque contiene todas las moléculas a las que estuvo expuesto el bebé”, resumió Petersen.

A su vez, este se convierte en la muestra del primer contenido dentro del organismo del bebé. Uno que, además, servirá de alimento para las bacterias y microorganismos que queremos mantener en nuestro sistema para que cuiden de nosotros y de nuestra salud.

“Lo que hay en el meconio se convierte en la fuente de alimento para todas esas bacterias que queremos que nos colonicen. (…) Cuanto más diversa sea la fuente de alimentos, más probabilidades tendrá de apoyar la colonización de todos esos microbios beneficiosos”, explicó Petersen.

Debido a esto, dependiendo del contenido del meconio, nuestro sistema inmunológico se desarrollará de forma distinta. Por lo que, podría volverse más o menos propenso a las alergias.

A más diversa la composición del meconio, menor riesgo de alergias

Según la reciente investigación, cuando el meconio es más variado, los bebés muestran un menor riesgo de padecer alergias más adelante en su vida. Esto debido a que, la composición diversa de estas primeras heces las hace un mejor alimento para más tipos de bacterias benéficas. Por lo que, en consecuencia, la microbiota intestinal se hace más heterogénea. Lo que, a su vez, refuerza al sistema inmunológico.

Referencia:

A rich meconium metabolome in human infants is associated with early-life gut microbiota composition and reduced allergic sensitization: https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2021.100260

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