Aunque hay personas muy versátiles y adaptables, no podemos negar que la configuración del entorno en el que nos desenvolvemos puede influir mucho en nuestra productividad. Por ejemplo, un nuevo estudio, enfocado en el tema educativo, sugiere que el diseño y disposición habitual del mobiliario en las aulas de las escuelas no es la más idónea para el aprendizaje.

Suena como algo trivial, pero los expertos en el tema parecen apoyar esta idea. De hecho, la investigación arrojó que seis de cada 10 docentes está de acuerdo en cambiar el diseño de las aulas como parte de una estrategia para mejorar el aprendizaje de los estudiantes.

Diseño tradicional de las aulas no favorece el aprendizaje

Durante mucho tiempo, la imagen de filas de sillas y escritorios frente a un maestro que se para al lado de una pizarra ha sido la más aceptada para la educación. El diseño de los espacios de aprendizaje de educación preescolar y primaria por lo general es más flexible, colaborativo y personal que el de la secundaria y niveles superiores, donde predomina la estructura tradicional.

Sin embargo, esta y otras investigaciones han sugerido que esta no es la mejor forma de favorecer el proceso de aprendizaje, y que un cambio en el diseño de las aulas podría aportar beneficios.

Los autores de este estudio destacan que estos cambios son más necesarios ahora que las necesidades de los estudiantes van muy de la mano del contexto del siglo XXI. Los estudiantes requieren un entorno social que fomente la autonomía, la flexibilidad, la capacidad de decisión y la conexión de conocimientos, tanto individual como a través del trabajo en equipo.

6 de cada 10 docentes apoyan los cambios en el diseño de las aulas

Para saber qué tan de acuerdo está parte de la comunidad educativa con esta premisa, los investigadores tomaron la opinión de 847 docentes de preescolar, primaria y secundaria de 40 escuelas para este trabajo.

Los docentes encuestados otorgaron puntajes de bajos a moderados el esquema de las aulas actuales como entornos para el aprendizaje. El resultado fue que seis de cada 10 creen que cambiar el diseño del aula es un paso clave para mejorar el aprendizaje.

Entornos que promuevan la colaboración

El estudio también reveló cierto escepticismo a la hora de valorar la integración de la tecnología en las aulas. Pero esto no sorprendió a los autores, quienes creen que han sido las nuevas tecnologías las que han incrementado la necesidad de cambiar los tiempos y espacios tradicionales de aprendizaje.

Y es que, la integración de estos nuevos recursos para promover nuevas formas de relacionarse y aprender “choca completamente con el diseño estandarizado” de las aulas.

Según Guillermo Bautista, integrante del Grupo de investigación Smart Classroom Project de la UOC, existe evidencia de que aprendemos más y mejor colaborando con otros; por ello que el espacio destinado a ello debe favorecer este tipo de interacciones.

Una forma de hacerlo puede ser organizar a los estudiantes en grupos de cuatro en función de un reto o proyecto; de este modo, se podría motivar el aprendizaje colaborativo, proporcionar cierta autonomía para el uso de los recursos, y favorecer la movilidad, experimentación y autogestión.

Referencia:

Towards smart learning spaces in Catalan schools: teachers’ perceptions of change. https://link.springer.com/article/10.1007/s10984-021-09357-y

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