Los guardias de la Zona de Exclusión de Chernóbil se encargan de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área para evitar la circulación de acosadores, personas que sobrepasan los límites sin ninguna autorización. Pero esta peligrosa labor se ha vuelto más llevadera gracias a los perros de Chernóbil, que los acompañan y ayudan en sus guardias a cambio de afecto, cuidado y alimento en las inhóspitas ruinas.

Las mascotas sobrevivientes en la Zona de Exclusión de Chernóbil

El 26 de abril de 1986 explotó el reactor número 4 de la Central Nuclear de Chernóbil, el peor desastre nuclear ocurrido hasta ahora en términos de destrucción y víctimas. Decenas de miles de personas que vivían en la cercana Pripyat, al norte de la República Socialista Soviética de Ucrania abandonaron la ciudad y todo lo que tenían en ella, sin posibilidad de volver. Esta drástica pero necesaria medida también implicó abandonar a las mascotas.

Tras la evacuación, los soldados soviéticos que quedaron dispararon a muchos de estos animales como parte del esfuerzo por limitar la propagación de la contaminación radiactiva. A pesar de ello, el instinto de supervivencia jugó para bien en muchos que lograron esconderse y sobrevivir.

Lo curioso es que, 35 años después del desastre, la Zona de Exclusión de 2.600 km es un paraíso natural en el que han prosperado una infinidad de especies vegetales y animales. Entre ellos, cientos de perros que ahora acompañan a los guardianes humanos que se encargan de impedir la circulación de personas en los alrededores.

Una esperanza de vida de cinco años

No se sabe si estos perros son descendientes de las mascotas que lograron sobrevivir el desastre, o si llegaron de otros lugares. Lo único cierto hasta ahora es que están dentro de la Zona de Exclusión, expuestos a la radiación y a las amenazas habituales de la vida: ataques de lobos, incendios forestales y hambre.

La organización no gubernamental Clean Futures Fund se ha encargado de rastrear y brindar atención a los perros de Chernóbil durante mucho tiempo. Sin embargo, bajo estas condiciones, su esperanza de vida promedio es de apenas cinco años.

Lo único que parece ablandar el corazón de los guardias de Chernóbil

Dos guardias humanos uniformados en la Zona de Exclusión de Chernóbil agachados junto a un perro de pelaje gris con manchas blancas.
Los guardias que vigilan la Zona de Exclusión de Chernóbil también cuidan de los perros que aún habitan la zona. Crédito: Sean Gallup/Getty Images.

Siendo una zona tan peligrosa, tras años de la evacuación, es poco lo que se sabe sobre lo que pasa adentro. Sin embargo, Jonathon Turnbull, un candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se entregó a esta tarea. Entonces acudió a las personas que mejor conocían a los perros de Chernóbil, los guardias, para aprender un poco sobre su vida.

Así descubrió algo que quizás no sorprenda a muchos, pero que no deja de ser conmovedor: un estrecho vínculo entre los guardias y los animales abandonados en este entorno, que no hace más que eco de la larga trayectoria que han atravesado juntos a lo largo de la historia.

Comida para los perros de Chernóbil

Pero descubrirlo no fue tan sencillo. Vigilar la Zona de Exclusión no es tarea sencilla aunque el lugar esté deshabitado; de encontrar algún acosador en el área, lo siguiente sería entregarlo a la policía. Y, por supuesto, las condiciones de aislamiento podrían moldear un carácter introvertido y soberbio entre ellos.

Según Turnbull, los guardias tenían cara de piedra, por lo que tuvo uqe compartir vodka y chocolates con ellos para romper el hielo. Sin embargo, lo que realmente los hizo abrirse fue informarles la razón de su investigación. A cambio, solo solicitaron comida para los perros.

Perros asistentes en la Zona de Exclusión

La investigación reveló que la relación ciertamente es estrecha, pero tiene sus límites. En algunos puestos de control, los guardias han adoptado algunos de los perros, alimentándolos y protegiéndolos de las amenazas de la ahora gran reserva natural. También les sacan las garrapatas y les inyectan medicamentos contra la rabia.

Y como es común en este tipo de relaciones, hay retroalimentación. Los perros acompañan a los guardias en su recorrido por las ruinas de Chernóbil y en el proceso ladran y los alertan de la presencia de intrusos.

El vínculo es tan cercano que algunos guardias han aprendido a reconocer los ladridos según la situación. Por ejemplo, algunos ladran diferente dependiendo de lo que llame su atención en la distancia: un humano desconocido, un animal salvaje, un vehículo.

¿Los beneficios de la compañía de los perros de Chernóbil superan los riesgos?

Ahora bien, la razón por la que las autoridades ordenaron a las personas abandonar a sus mascotas durante la desalojo de Prípiat hace tres décadas fue el riesgo de propagar la contaminación.

Y aunque los humanos están mayoritariamente excluidos, los humanos no necesariamente están confinados. Es difícil saber con certeza los recorridos que hacen los perros de la Zona de Exclusión, y se sabe que algunas áreas están más contaminadas que otras.

Es por ello que, en la actualidad se sigue aconsejando a los visitantes de Chernóbil no tocar a los animales ya que estos pueden llevar polvo con radiactividad. Sin embargo, a los guardias no parece importarles demasiado, aunque de vez en cuando usan dosímetros para asegurarse de ello. Pero, en general, destacan los beneficios de su compañía por encima de los riesgos.

Referencia:

The guards caring for Chernobyl’s abandoned dogs. https://www.bbc.com/future/article/20210422-the-guards-caring-for-chernobyls-abandoned-dogs

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