Troncos de árboles dispuestos de forma horizontal después de ser talados en un bosque.

Aunque nuestro mundo es enorme y está repleto de materia prima, la desigualdad sigue imperando y causando estragos en el equilibrio ambiental. Como evidencia, los hallazgos de un nuevo estudio publicado en la revista Nature Sustainability, que revela que la humanidad ha incrementado la velocidad con la que consume los recursos naturales en los últimos 40 años.

El estudio advierte que, actualmente, la extracción de los recursos naturales está superando el ritmo de regeneración. Y además, los países con déficit ecológico recurren a otras naciones para satisfacer su demanda.

Alta demanda de recursos naturales de parte de la humanidad desequilibra los ecosistemas

Uno de los grandes contribuyentes al desequilibrio ambiental que vive el planeta en nuestros tiempos es la alta demanda de recursos naturales de parte de la humanidad. La necesidad de explotarlos en muy poco tiempo para producciones a gran escala impide que los ecosistemas restituyan su equilibrio y compensen sus pérdidas ya que estos procesos, a los que nos referiremos como biocapacidad, ocurren de forma más lenta.

El resultado de esta explotación masiva de recursos naturales lo conocemos y los vemos día a día, aunque sea a través de las noticias: las emisiones (y consecuente acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera), la acidificación de los océanos y el agotamiento de las aguas subterráneas.

Lo curioso es que, aunque la amplia demanda humana sea la excusa para la destrucción de nuestro medio ambiente, en realidad pocas personas en el mundo tienen acceso a los recursos necesarios para llevar una vida digna.

Cambios en el déficit ecológico global entre 1987 y 2017

Esta afirmación puede resultar controversial, pero los investigadores han presentado buenas bases en su último trabajo. Para realizarlo, usaron datos sobre recursos naturales, incluidos tierras de cultivo, combustibles fósiles y agua. También indagaron en el uso de la tierra para estimar las emisiones de carbono, así como en el desarrollo de edificios y carreras que consumen áreas biológicamente productivas.

Los datos provienen de varios organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la Agencia Internacional de Energía y la base de datos Comtrade de las Naciones Unidas que los recolectaron durante el período de 1980 y 2017.

Luego, separaron las naciones evaluadas en función de dos factores: su producto interno bruto per cápita y su déficit ecológico. Este último se refiere precisamente al ritmo de consumo de los recursos biológicos, del cual se resta el ritmo al que los ecosistemas locales pueden renovarlos.

El objetivo era tener una idea más completa de la rapidez con la que la humanidad está consumiendo los recursos naturales en cada país del mundo y compararla con la biocapacidad.

Incremento sustancial de la explotación de recursos naturales de parte de la humanidad

Y en efecto, el estudio dejó en evidencia los grandes cambios que han ocurrido en el manejo de los recursos y el acceso a los mismos en las últimas cuatro décadas. En 1980, el 57 por ciento de la población mundial vivía en naciones con un déficit de recursos biológicos y con ingresos por debajo del promedio a nivel mundial.

Para entonces, el déficit ecológico global era de 19 por ciento; es decir, el mundo solo usaba un 19 por ciento más de recursos al año de los que la naturaleza podía regenerar en el mismo lapso de tiempo.

Pero en poco tiempo la historia cambió drásticamente. Para 2017, el 72 por ciento de la humanidad vivía en países con déficit ecológico e ingresos por debajo del promedio mundial. Y para esta misma fecha, el déficit ecológico global aumentó a 73 por ciento, una cifra que refleja que usamos casi unas tres cuartas partes de los recursos naturales al año.

Transporte desplazando toneladas de troncos de árboles talados, uno de los principales recursos naturales explotados por la humanidad.

Países de bajos ingresos no pueden competir por el uso de las materias primas

La raíz de ello parece estar en que los bajos ingresos frustran la capacidad de ciertos países de competir con otros en la explotación de la materia prima. Y, gracias a la globalización, una nación no solo puede tener acceso a la de su territorio, sino también a la de otros lugares y de forma más amplia. Estos gigantes económicos simplemente pueden permitirse comprar los recursos naturales de otra parte aunque gran parte de la humanidad quede sin ellos.

“En un país de bajos ingresos, la disponibilidad de regeneración es una situación aún más difícil”, dijo Mathis Wackernagel, autor del estudio. “Entonces, no tienes los recursos disponibles localmente y no tienes el dinero para comprarlos en el extranjero”.

A ello sumamos el problema del cambio climático, que también altera y retrasa la biocapacidad de los ecosistemas. Por ejemplo, los bosques, que son menos capaces de volver a crecer cuando son talados, si las condiciones se vuelven demasiado cálidas o secas.

Referencia:

The importance of resource security for poverty eradication. https://www.nature.com/articles/s41893-021-00708-4

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