Foto en blanco y negro de una mirada infantil.
Vía PxHere.

Conocemos el dicho “una mirada dice más que mil palabras” y, por lo general, lo vemos funcionar en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, se tiene más que todo un conocimiento empírico sobre estas interacciones y no uno realmente teórico. Para construir este último, estos investigadores han intentado averiguar si la mirada puede afectar nuestra percepción del tiempo.

Efectivamente, los resultados publicados en la revista científica Cognition confirmaron que las miradas cambiaban nuestra forma de percibir el paso del tiempo. Pero, esto no fue lo único que investigaron los psicólogos Nicolas Burra y Dirk Kerzel. De hecho, también buscaron profundizar en el por qué detrás de estos cambios de percepción.

¿Qué hace tan especial al contacto visual?

Para poder responder a esta última pregunta, los autores de la Universidad de Ginebra, en Suiza, realizaron variados experimentos. Todos con una meta común: determinar qué elementos en el intercambio de mirada activaban nuestra respuesta emocional o llamaban nuestra atención.

Cada experimento presentó variables distintas para el contacto visual y la percepción del tiempo. El primer modelo tuvo clips de entre 989 milisegundos y 1,5 segundos. En ellos, 40 sujetos distintos o iniciaban mirando a la cámara y luego desviaban la vista o al revés, iniciaban con los ojos en otro punto y luego los enfocaban en la lente.

En total, los 22 voluntarios debieron calificar qué tan largo fue el tiempo en el que las miradas se encontraron realmente. Este modelo se repitió tal cual, pero con fotografías mirando al frente o hacia los lados. Acá, los investigadores también pidieron calcular el tiempo en el que hubo contacto visual.

Finalmente, se realizó un tercer experimento similar al primero, con videos en movimiento, pero con solo una franja para la mirada, ocultando el resto del rostro. Al igual que con los casos anteriores, una vez estuvo listo el experimento, se pidió a los participantes que estimaran cuánto tiempo había durado cada contacto visual.

El contacto visual altera nuestra percepción del tiempo

Ojos de dos personas simulando la sensación del contacto visual y cómo esta afecta nuestra percepción del tiempo.
Vía StockSnap.

Los resultados comparativos entre los tres experimentos permitieron llegar a dos conclusiones: 1) el contacto visual distorsiona nuestra percepción del tiempo y, 2) para que esto ocurra, también debe hacer movimiento durante el encuentro de miradas.

Efectivamente, durante el primer y tercer experimento, cuando se pidió a los voluntarios que hicieran sus estimados, todos respondieron con estimaciones de tiempo menores a su exposición real al contacto visual. Por su parte, el ensayo que se hizo con fotografías no mostró esta desviación y las personas acercaron bastante sus estimaciones a los tiempos reales.

“Si bien las miradas desviadas no distorsionan nuestra percepción del tiempo, encontramos que, por el contrario, cuando las miradas se cruzaron, los participantes subestimaron sistemáticamente la duración de estos contactos visuales”, concluyó.

Pero, ¿por qué?

Ilustración de ojos humanos.
Vía Wikimedia Commons.

Para explicar esto, los investigadores hacen referencia a que la percepción del tiempo durante el contacto visual se aceleró en lugar de ralentizarse. Con esto, se evidencia que estábamos en un momento de atención plena y que, como tal, nuestro cerebro se encontraba alerta.

Por lo que, se puede sugerir al menos que nuestras respuestas al contacto visual vienen de una estimulación directa de los procesos de atención cerebrales. En otras palabras, una mirada no desencadena primero una respuesta emocional –que podría haber llevado a los participantes a experimentar el tiempo como más “lento– sino una cerebral.

Básicamente, nuestra percepción del tiempo se ve modificada durante el contacto visual porque estamos hiperatentos. Según los psicólogos, esto podría venir de nuestra costumbre natural de interpretar señales a través de la vista –habilidad que poseemos desde bebés–. Por lo que, la activación cerebral puede ser simplemente nuestra respuesta diseñada para ayudarnos a captar los cambios más mínimos y entender rápidamente ese “mensaje sin palabras”.

Referencia:

Meeting another’s gaze shortens subjective time by capturing attention: https://doi.org/10.1016/j.cognition.2021.104734

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