Turbera, una forma común de humedal, con plantas y depósitos de agua durante un día soleado.

El agua en las turberas agrícolas, uno de los tipos de humedales más comunes en nuestro planeta, parecen tener un gran potencial en la reducción del carbono en la atmósfera y, por consiguiente, de los efectos nocivos del efecto invernadero.

Los investigadores explican en la revista Nature que las turberas pueden almacenar una cantidad de carbono similar a la que acumula toda la vegetación terrestre. Y, por si fuera poco, utilizarlas para este objetivo constituiría una estrategia ecológica y económica que podría ayudar a frenar el cambio climático.

Las turberas capturan grandes cantidades de carbono

Las turberas ocupan apenas el tres por ciento de la superficie terrestre pero, en su estado natural, pueden almacenar cantidades significativas de dióxido de carbono durante miles de años. Podría decirse que son trampas naturales que limpian el aire de este gas de efecto invernadero además de brindar sustento a la biodiversidad.

Sin embargo, los humanos han modificado los humedales del mundo para optimizar sus actividades agrícolas. El resultado ha sido la liberación de alrededor de 1500 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera cada año, y una contribución adicional al efecto invernadero.

La cifra equivale al tres por ciento de todas las emisiones globales de gases de efecto invernadero causadas por actividades humanas. Además, una gran proporción de las emisiones provienen de las turberas se producen en Europa y el sudeste asiático. Actualmente, estos humedales degradados funcionan más como una fuente que como una trampa de gases de efecto invernadero.

Mejorar la gestión del agua en los humedales como estrategia contra las emisiones de carbono

Pero, ¿qué pasaría si, en lugar de continuar deteriorando los humedales, se procede con su restauración? Los investigadores intentaron dar respuesta a esta pregunta estimando la reducción de las emisiones que generaría la restauración de todas las turberas agrícolas del mundo.

Pero, siendo realistas, muchas personas dependen de estos ecosistemas para su sustento, por lo que esta meta es por demás ambiciosa. Es difícil imaginar que, al menos en un futuro próximo, sea posible restaurar los niveles de agua de las turberas agrícolas por completo hasta que vuelvan a su forma natural.

Una torre de covarianza de remolinos instalada en un pastizal drenado en una turbera de tierras bajas.
Una torre de covarianza de remolinos que mide el flujo de CO2, agua y energía en un pastizal drenado en una turbera de tierras bajas en East Anglia. Crédito: Alex Cumming.

Por esta razón, el equipo decidió analizar un escenario más realista e inmediato, como la reducción a la mitad las profundidades de drenaje actuales en tierras de cultivo y pastizales sobre turberas, los cuales cubren más de 250.000 km 2 a nivel mundial.

Los investigadores descubrieron que esta medida podría reducir las emisiones en alrededor de 500 millones de toneladas de CO2 al año; esto equivale al uno por ciento de todas las emisiones globales de gases de efecto invernadero producidos por los humanos.

Difícil, pero no imposible

De modo que abordar la degradación definitivamente debería figurar entre las estrategias a implementar para cumplir con el objetivo de llegar a cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para el año 2050 según el Acuerdo de París.

Realmente suena más fácil decirlo que hacerlo, pues retornar el agua a los humedales también requiere de cierta planificación técnica para abordar los desafíos prácticos. Pero, en general, el enfoque es mejorar la gestión del agua en las turberas para obtener beneficios en un esquema ganar-ganar: reducir las emisiones, sanar los suelos, prolongar la vida útil de la agricultura y reducir el riesgo de inundaciones.

Referencia:

Overriding water table control on managed peatland greenhouse gas emissions. https://www.nature.com/articles/s41586-021-03523-1

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