Cielo nocturno en el que se observa una tormenta eléctrica.

Bien sabemos que el clima puede influir en la propagación de enfermedades infecciosas y las alergias, pero de seguro pocos podrían imaginar que las tormentas eléctricas tienen algún tipo de conexión con el asma. Pues bien, un brote ocurrido en Melbourne, Australia, en 2016 resultó ser el más grande de la historia y los científicos se propusieron estudiarlo.

Para ello crearon un nuevo modelo computarizado a partir de los datos recolectados en aquel momento, y presentaron sus resultados en un artículo en la revista PLOS ONE. Estos sugieren una combinación de rayos, ráfagas de viento, baja humedad y la propagación de granos de polen reventados como la posible causa del brote.

Los brotes de asma por tormentas eléctricas son más comunes en Australia

La Asociación Estadounidense del Pulmón explica que las tormentas eléctricas dispersan partículas de alérgenos (sustancias que producen alergias) en el aire. Al ser respiradas por las personas, desencadenan ataques de asma en personas susceptibles.

En 2017 el director de salud del gobierno del estado de Victoria publicó un informe en el que identificaban los perfiles más susceptibles al asma causada por tormentas eléctricas. Este incluyó personas diagnosticadas con asma, y en especial, aquellas cuya condición no está bien controlada; aquellas con asma no diagnosticada; y quienes padecen de fiebre del heno estacional o alergia al centeno.

Mujer de mediana edad usando un inhalador para tratar su asma.

Pero siendo las tormentas eléctricas eventos tan comunes, estos brotes de asma son extremadamente raros. De hecho, desde los primeros casos detectados en 1983, se han registrado apenas 22 relatos del fenómeno en la literatura médica. Y, más importante aún, 10 de ellos ocurrieron en Australia, lo que convierte al país en un “punto caliente”.

El brote más severo ocurrió en el área de Melbourne el 21 de noviembre de 2016,en el pico de la temporada de fiebre del heno. En la noche y al día siguiente de una tormenta, los centros de atención médica recibieron repentinamente una gran cantidad de pacientes con afecciones relacionadas con las vías respiratorias. Por ejemplo, los hospitales públicos de Melbourne y la cercana Geelong, informaron un aumento del 672 por ciento en los pacientes con problemas respiratorios respecto al promedio de ese año.

Granos de polen en el aire

Se identificaron los granos de polen de pasto de centeno como principales detonantes del brote. En condiciones normales, estos son demasiado grandes como para invadir los pulmones con profundidad, y por lo general quedan atrapados en la nariz y la garganta. Sin embargo, las condiciones climáticas lograron descomponer estos granos en partículas tan pequeñas que lograron penetrar en los pulmones de muchas personas causando síntomas.

En un contexto más amplio, los científicos pensaron que el brote se debía a que las corrientes de aire frío de las nubes de tormenta agitaron los granos de polen debajo de la hierba y los empujaron hacia el cielo. Su teoría plantea que, al quedar en las nubes, los granos de polen se saturaron de agua y comenzaron a estallar y así llegaron a tantas personas.

Los brotes son consecuencia de una combinación de factores

A raíz del brote, el departamento de salud del estado se interesó por crear algún tipo de sistema de pronóstico para ayudar a predecirlo en próximas oportunidades. Pero en el proceso, los investigadores a cargo descubrieron que la elevada humedad en realidad no servía para predecir el asma por tormentas eléctricas.

Fue lo que motivó al equipo a desarrollar un mejor modelo de pronóstico, para lo cual usaron otras condiciones atmosféricas aunque también teniendo como referencia los datos del evento de 2016.

Hombre tapándose la nariz para protegerse del polen en el aire.

El objetivo era obtener un modelo que incluyera los factores que influían en la explosión de los granos de polen en el aire. Por ello, también validaron su diseño con experimentos de laboratorios en los que sometieron los granos de polen a ráfagas de viento y pulsos eléctricos.

La investigación reveló que varios fenómenos contribuyen con la rotura de los granos, como los vientos fuertes, los rayos y la acumulación y descargas eléctricas derivadas de la baja humedad.

Sin embargo, los autores escribieron que “el método del rayo fue el único mecanismo para generar un patrón en las partículas de subpolen siguiendo el camino de la tormenta”. Dicho de forma sencilla, es probable que fueran los rayos conjuntamente con los otros elementos los que desencadenaran la propagación del polen y, por consiguiente, la emergencia de asma tras la tormenta eléctrica de 2016.

Aún no hay modelos precisos para predecir brotes de asma por tormentas eléctricas

Pero es importante destacar que, durante la tormenta eléctrica de 2016, la mayoría de los rayos cayeron al este y sur de la ciudad, mientras que en Melbourne, donde se registraron la mayoría de los ataques de asma, no cayeron tantos.

De modo que la meta de obtener un modelo capaz de predecir con precisión los brotes de asma partiendo de eventos de este tipo aún está en proceso. “Aún no hemos descifrado completamente el código sobre los desencadenantes del asma por tormentas eléctricas”, reconoció la primera autora Kathryn Emmerson, miembro de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth de Australia (CSIRO).

Hasta ahora, lo mejor que pueden hacer los científicos es monitorear las tormentas eléctricas asociadas en las que ocurren fuertes ráfagas de vientos y los niveles de polen de pasto en el aire. Pero esperan poder mejorar el modelo a través de una estimación de la cantidad de granos de polen enteros y reventados más arriba en la atmósfera.

Referencias:

Atmospheric modelling of grass pollen rupturing mechanisms for thunderstorm asthma prediction. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0249488#pone.0249488.ref020

The Role of Mesoscale-Convective Processes in Explaining the 21 November 2016 Epidemic Thunderstorm Asthma Event in Melbourne, Australia. https://journals.ametsoc.org/view/journals/apme/56/5/jamc-d-17-0027.1.xml

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