Ilustración de manos con diferentes colores sosteniendo teléfonos inteligentes, representando a las redes sociales y cómo la violencia puede llegar desde ellas a las manos de los adolescentes.
Vía FreeJPG.

Los reportes de violencia en las redes sociales no son una novedad. Así como tampoco lo son los eventos violentos en la vida real que tuvieron su origen en un contexto virtual. Particularmente para los adolescentes, esta se trata de una realidad con la que deben lidiar todos los días.

Al tanto de esta situación, la profesora Caitlin Elsaesser, de la Universidad de Connecticut, dirigió un estudio destinado a comprender la relación entre las discusiones en línea y la violencia en la vida real, específicamente en el caso de los adolescentes. Para esto, la investigadora contó con el apoyo de sus colegas Desmond Upton Patton, Emily Weinstein, Jacquelyn Santiago, Ayesha Clarke y Rob Eschmann.

De su trabajo conjunto surgió el estudio recientemente publicado en Children and Youth Services Review. Uno que, además, para divulgar su contenido, se lo publicó de la mano con un artículo escrito por Elsaesser en el portal The Conversation. A continuación, compartiremos contigo los detalles más resaltantes de ambos.

En las redes sociales no existen las “discusiones pequeñas”

Elsaesser trabajó en esta investigación de la mano con la iniciativa pacífica COMPASS Youth Collaborative, que tiene su sede en Hartford, Connecticut. Gracias a esta, pudieron acercarse a decenas de jóvenes adolescentes de la zona para entender sus perspectivas relacionadas con las redes sociales y la violencia fuera de línea.

“En las redes sociales, cuando discutes, algo tan pequeño puede convertirse en algo tan grande tan rápido”, comentó Justin, de 17 años, uno de los adolescentes entrevistados –quien usa un seudónimo por motivos de privacidad y seguridad–.

Básicamente, Justin no solo está haciendo referencia a cómo las discusiones son comunes en línea, sino a cómo estas pueden escalar y llegar fácilmente al mundo real. Ahora, luego de pasar entrevistar a decenas de adolescentes entre 12 y 19 años durante el 2018, Elsaesser y su equipo han sido capaces de determinar las características comunes de estos eventos.

Según sus resultados, los jóvenes ahora no solo se ven expuestos al ya conocido ciberacoso, sino que ahora también se dan los ‘golpes en internet’. Estos se diferencian primordialmente del acoso en la web debido a que se tratan de enfrentamientos con “burlas, disensiones y discusiones en las redes sociales entre personas de equipos rivales, camarillas o pandillas”, escribió Elsaesser. Unos que, además, si no se detienen a tiempo “conducen a peleas físicas, tiroteos y, en el peor de los casos, la muerte”.

Los magnificadores del conflicto

Este vistazo más cercano a cómo la violencia logra salir de las redes sociales y llegar a la vida real también dejó otros detalles a la vista. Por ejemplo, los investigadores tuvieron la oportunidad de identificar lo que se conocería como los principales catalizadores de los conflictos.

Inicialmente, los dividieron en cuatro categorías: a) comentarios, b) transmisiones en vivo (live streaming), c) etiquetado y d) uso compartido de imágenes o videos.

Al final, se determinó que los primeros dos eran los principales puntos a considerar a la hora de buscar el origen de un conflicto. Esto sobretodo en el caso de los comentarios, que aparecieron involucrados en el 80% de los incidentes descritos dentro del estudio.

En un cercano segundo lugar nos encontramos con el live streaming. Según denunciaron los propios adolescentes, las transmisiones en vivo permiten que el conflicto se desarrolle en tiempo real y que terceros puedan observarlo mientras ocurre. Así, aunque habrá algunos intentando confinar la situación, otros podrían hacer lo posible por avivar las llamas e incluso incitar a un enfrentamiento en la vida real.

¿Cómo evitar que la violencia escale hasta fuera de las redes sociales?

Trío de muchachas adolescentes sentadas en el piso con sus teléfonos en la mano revisando sus celulares, las tres están de espaldas a la cámara.
Crédito: Jean-Pierre Dalbéra. Vía Wikimedia Commons.

Según Elsaesser, los adolescentes ya han desarrollado al menos cuatro estrategias para evitar que la violencia vaya más allá de las redes sociales. Dichas técnicas son básicamente: 1) evitación, 2) desecalamiento, 3) busca de ayuda y 4) intervención de espectadores.

La primera está simplemente relacionada con el “autocontrol para evitar conflictos en primer lugar”. Es decir, queda en manos de cada adolescente decidir qué batallas desea pelear y si vale la pena o no inmiscuirse en una discusión en línea, o si es mejor simplemente ignorar la “carnada” y evita el conflicto.

Por otra parte, los otros tres métodos llegan para ser usados si la discusión ya inició y es inevitable. Acá, para el segundo caso, se optan por estrategias para intentar bajar la intensidad de la discusión y evitar que conduzca a un resultado violento.

En el tercer caso, lo que los adolescentes hacen es buscar apoyo en amigos, padres u otras figuras de autoridad al compartir la discusión con ellos. Estos pueden intervenir al ayudar a quitarle seriedad a la situación –lo que le reduce peso y las emociones negativas asociadas a ella– o al dar consejos que el adolescente podría aplicar para alejarse del conflicto de forma pacífica.

Finalmente, el cuarto punto, aunque habla de intervención de los espectadores, pocas veces se refiere a una participación directa en la discusión pública. Todo debido a que “interviniente puede convertirse en un nuevo objetivo y, en última instancia, agravar aún más el conflicto”. En general, es más efectivo cuando se hacen acercamientos por los chats privados o de forma particular en la vida real.

Violencia real nacida en las redes sociales: un problema de salud pública

Elsaesser escribió que los adolescentes consultados dentro de su estudio calificaron a la violencia naciente de las redes sociales como un “problema de salud pública”. Después de todo, el descontrol con el que se presenta –y la alta frecuencia con la que lo hace– pone más de una vez en peligro la integridad física y hasta la vida de los jóvenes.

Según Elsaesser, los adolescentes reportaron variados incidentes en los que entraron a las redes sociales con intenciones pacíficas, pero igualmente se vieron envueltos en un conflicto. Uno que, además, en las zonas marginales o donde viven las minorías más vulnerables, rápidamente se puede tornar en un enfrentamiento con armas de fuego.

Debido a esto, los jóvenes en muchos casos ya han tomado la situación en sus propias manos y han diseñado las ya mencionadas estrategias para intentar evitar que la violencia de las redes sociales llegue a la realidad. Sin embargo, esto está lejos de ser suficiente.

Consciente de esto, Elsaesser ha recalcado que “los padres, maestros, legisladores e ingenieros de redes sociales deberían escuchar atentamente lo que están diciendo” los adolescentes.

Después de todo, ellos son la población más afectada por esta situación y, aunque han empezado a tomar algunas medidas para controlarla, requieren de más apoyo para poder poner un punto y final a este tipo de situaciones.

Referencia:

Small becomes big, fast: Adolescent perceptions of how social media features escalate online conflict to offline violence: https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2020.105898

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