Crédito: David Santaolalla. Vía Wikimedia Commons.

El espacio aún está lleno de información e historias que la humanidad no ha podido develar aún. Pero, gracias a los avances de la tecnología, cada vez más partes de estos salen a la luz, incluso aquellos que se encuentran muy por debajo de la superficie. De allí que se muestre un creciente interés en los asteroides y, específicamente, en la composición de su interior.

Para poder explorar esta posibilidad, recientemente se realizó una investigación que se publicó virtualmente en la revista de la Unión Europea, Horizon. Dentro de ella, se hablaba de las posibilidades de estudio que se abren con el análisis del interior de los asteroides y cómo estos pueden ayudarnos a conocer más sobre el espacio o la propia Tierra.

¿Por qué estudiar el interior de los asteroides?

Tal como se ha mencionado antes, estos pueden ser grandes fuentes de información sobre el pasado del espacio. Pero, ¿por qué? Todo tiene que ver con su composición.

Los asteroides son rocas conformadas por piedra, metales o incluso hielo que no tienen una atmósfera y, por ende, tampoco un ecosistema. Debido a esto, sus materiales primordiales –probablemente convertidos en asteroide desde el inicio del universo– se han mantenido intactos durante miles de millones de años.

En otras palabras, son básicamente cápsulas del tiempo espaciales que están en constante movimiento, pero que se mantienen esencialmente estables. De allí que estudiar la superficie y el interior de los asteroides se convierta en una posibilidad única de mirar directamente el paso de nuestro universo.

¡Por la ciencia!

“Los asteroides son los únicos objetos en nuestro sistema solar que permanecen más o menos sin cambios desde el comienzo de la formación del sistema solar. (…) Si sabemos qué hay dentro de los asteroides, podemos entender mucho sobre cómo se formaron los planetas, cómo se ha formado todo lo que tenemos en nuestro sistema solar y [cómo] podría evolucionar en el futuro” acotó el Dr. Fabio Ferrari, de la Universidad de Berna, Suiza.

En otras palabras, la falta de procesos geológicos y atmosféricos en los asteroides nos ofrecen muestras prácticamente intactas de los tiempos primordiales del espacio. Con ellos, podríamos descubrir secretos sobre este que, de otro modo, serían simplemente inaccesibles para nosotros. Pero eso no es todo.

De hecho, el poder no solo estudiar el interior de los asteroides, sino también el aprovechar sus recursos, puede ser una gran ayuda. Se sabe que algunos asteroides están formados con metales raros, por lo que obtener estos materiales sería un gran beneficio para la Tierra. Algo parecido a lo que pasaría si logramos obtener agua extra a través de la que se encuentra congelada en estos viajeros espaciales.

Sobre el futuro del estudio de asteroides

Ilustración de un cinturón de asteroides rodeando a la tierra en el espacio.
Vía Pixabay.

Otro área que ha hecho hincapié en el estudio de los asteroides, su interior, su exterior y sus órbitas es la dedicada a rastrear posibles amenazas asteroidales contra la Tierra. Por ahora, solo se ha logrado predecir la trayectoria de estas rocas y determinar si el planeta está en riesgo o no.

Sin embargo, al conocer la composición del asteroide, tal vez también se podrían desarrollar planes para moverlos de sus órbitas. Con esto, incluso si se detectara una verdadera amenaza, podríamos contar con una forma real de desviarla.

“Para desviar los asteroides monolíticos más densos, necesitarías una nave espacial más grande, necesitarías viajar más rápido. (…) Los asteroides que son solo bolsas de material, los llamamos pilas de escombros, pueden, por otro lado, explotar en miles de pedazos. Esos pedazos podrían volverse peligrosos por sí mismos”, comentó la Dra. Hannah Susorney, de la Universidad de Bristol, Reino Unido.

Hasta la fecha, solo cuatro naves espaciales han aterrizado en algún asteroide. Sin embargo, todas han ido solo con propósitos observacionales. Ahora, a finales de este año la NASA enviará al espacio a la prueba de redireccionamiento doble de asteroides (DART, por sus siglas en inglés).

Esta deberá llegar al asteroide Dimorphos –de 160 metros de diámetro– durante el 2022. Una vez allí, como su nombre lo indica, se pondrá a prueba por primera vez las posibilidades que tiene la humanidad de cambiar el curso de un asteroide.

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