Mujer de piel oscura recibiendo una vacuna durante un ensayo clínico de una trabajadora sanitaria con traje, guantes y mascarilla de protección contra el coronavirus.

No cabe duda de que la pandemia de COVID-19 nos ha hecho reflexionar muchísimo, e incluso, dar valor a muchas cosas que antes parecían menos relevantes. Una de ellas la descubrimos al hacer seguimiento a los ensayos clínicos de los medicamentos y vacunas dirigidas al coronavirus SARS-CoV-2, donde una mayor diversidad podría haber mejorado el panorama posterior.

Sin embargo, lograr esta anhelada diversidad en los ensayos clínicos tiene sus propias dificultades, y más aún en una pandemia que ha desvelado muchas disparidades étnicas tanto en la prevención como en el acceso a la atención médica.

Los ensayos clínicos merecen diversidad de participantes

Los ensayos clínicos arrojan evidencia científica que proporciona las bases para la aprobación de medicamentos y terapias que mejoran la salud de las personas y que salvan vidas. Desde que se empezó a contemplar la aprobación de uso de emergencia de algunas de las principales candidatas a vacunas contra el coronavirus, han surgido nuevas dudas no resueltas durante los ensayos clínicos.

Recordemos que estudiar la eficacia y seguridad de los cosméticos y medicamentos es una tarea ardua que requiere años de investigación en los que se superan diferentes niveles. Muchos inician con pruebas en animales o células cultivadas en laboratorio antes de poder probarse en humanos, pero una vez en esta fase es necesario evaluar los mismos aspectos desde enfoques muy diversificados.

Factores como el origen étnico, la edad, el embarazo, la existencia de alergias o enfermedades crónicas previas e incluso la condición transgénero también deberían ser evaluadas. El problema es que no todos los grupos se ven motivados o reciben algún tipo de incentivo para participar en los ensayos clínicos, como lo han mostrado los informes de los ensayos clínicos de la pandemia.

La importancia de estimular la participación y la investigación de grupos previamente marginados

April P. Carson, profesora asociada de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Alabama en Birmingham, fue coautora de un artículo de la American Heart Association publicado en noviembre de 2020. Sus hallazgos sugieren que el racismo estructural es la causa principal de las disparidades de salud persistentes en los Estados Unidos, algo que también han informado otros estudios.

La investigadora aprovechó la oportunidad para instar a la diversidad en el reclutamiento de ensayos clínicos. De hecho, según sus palabras, la American Heart Association ya estaría suministrando financiamiento a más investigadores de grupos históricamente marginados.

“Si no tenemos una representación adecuada en los ensayos clínicos, no sabremos cómo la intervención que se investiga puede funcionar de manera diferente en ciertos subgrupos de personas”, dijo Carson.

“Por ejemplo, un grupo en particular puede tener dificultades para seguir la intervención o experimentar efectos secundarios, y no lo sabríamos a menos que haya representación de diferentes grupos raciales y étnicos”.

Como ejemplo de ello, un estudio presentado recientemente sobre cómo el color de piel puede alterar la respuesta al tratamiento de enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple. Los investigadores descubrieron que las personas de piel oscura tenían una respuesta menos prolongada a las infusiones de anticuerpos que las de piel clara, lo que merecería modificar las dosis.

Impulsar la participación de grupos minoritarios es un reto

La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y el comercial de la industria farmacéutica PhRMA lanzaron guías separadas con medidas para impulsar la inscripción de grupos subrepresentados en estudios clínicos.

Una de las recomendaciones de la FDA fue realizar eventos de reclutamiento tanto en centros comunitarios y lugares sociales. Por su parte, PhRMA recomendó a las empresas realizar los ensayos clínicos en lugares en los que abunden grupos raciales y étnicos tradicionalmente excluidos.

Pero también tenemos algunas ventajas que merecen mencionarse. En nuestros tiempos contamos con herramientas que podrían ayudar a impulsar este objetivo: las redes sociales. Las organizaciones comunitarias asociadas con otros entes podrían hacer uso de ellas para fomentar la participación voluntaria de grupos minoritarios en ensayos clínicos de diferente índole.

La pandemia de COVID-19 nos ha mostrado que un coronavirus invisible a simple vista puede infectar sin ningún tipo de discriminación. Estudiar posibles curas y desarrollar vacunas merece una visión tan amplia como la aplicada por el patógeno; por ello es fundamental incluir participantes de todas las razas y etnias.

Referencia:

Could the pandemic help boost diversity in clinical trials? https://medicalxpress.com/news/2021-04-pandemic-boost-diversity-clinical-trials.html

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