Mujer de espaldas tomando una ducha.
Vía PxHere.

Es muy probable que más de una vez, en medio de una ducha, llegara un pensamiento a nuestro cerebro que fuera justamente la solución a un problema que no conseguíamos solventar. Igualmente, esta idea aparentemente aleatoria tal vez pudo sorprendernos no por su utilidad al momento, sino por su profundidad o incluso simplemente por lo rara que fue.

Esta experiencia común probablemente nos sorprendió al momento, pero rápidamente quedó olvidada cuando volvimos a la realidad tras la ducha, y nos sumergimos en nuestras rutinas del día a día. Pero, si nos quedamos reflexionando un momento más en lo que estos son, inmediatamente podríamos preguntarnos: ¿de dónde han salido?

Nuestro cerebro nunca se apaga, pero sí descansa

Es claro que nuestro cerebro es el encargado de generar todos y cada uno de nuestros pensamientos, tanto los que tenemos en la ducha como los que no. Sin embargo, estos reservados para el momento del aseo parecen ser muy específicos y no ocurren en otras situaciones, ¿por qué?

Todo tiene que ver con el nivel de actividad que usualmente tiene nuestro cerebro. Por norma, este consume al menos el 20% de todas las calorías que consumimos y del oxígeno que respiramos. Por lo que, sobra decir que se mantiene siempre muy ocupado y activo. Pero, no todo el tiempo lo hace con la misma intensidad.

Cuando dormimos, por ejemplo, entramos en un periodo de reposo durante el cual el cuerpo y el cerebro se recargan –aunque ninguno deja de funcionar por completo–. Según parece, cuando estamos conscientes, pero realizando tareas repetitivas o sin ser perturbados, nuestra mente también activa lo que se conoce como “red de modo predeterminado”, denominado así por Marcus E. Raichle en su estudio del 2001.

Un cerebro en “piloto automático”: el verdadero origen de los pensamientos de la ducha

Mujer bajo la ducha con el rostro concentrado, como si estuviera sumergida en un pensamiento.
Vía PxHere.

Tomando en cuenta lo anterior, podemos ver que la ducha se puede convertir en el lugar perfecto para que el cerebro entre en “piloto automático” y produzca estos pensamientos aleatorios que todos conocemos. Todo gracias a que la corteza prefrontal se relaja y le da paso a la red de modo predeterminado que, no solo es mucho más creativa, sino que es incluso más poderosa. De hecho, ella utiliza el 90% de la energía dedicada al cerebro.

La ducha: una inesperada fuente de creatividad para el cerebro

Ahora, no solo es la potencia de la red de modo automático la que permite la creación de estos pensamientos creativos cuando tomamos una ducha. En realidad, esto también tiene que ver con que esta área del cerebro se encuentra mucho menos limitada que la corteza prefrotal.

Por este motivo, mientras que la última puede atascarse con un mismo problema, la red predeterminada puede comenzar a probar diversas combinaciones y a cambiar la perspectiva hasta que la solución –muchas veces inesperada– aparece en nuestra cabeza mientras nos aplicamos el champú.

Como si esto fuera poco, también las duchas inician un proceso hormonal que favorece la creatividad y, como tal, la aparición de estas particulares ideas. Todo debido a que las duchas, ya sean de agua tibia o de agua fría, nos hacen bien tanto física como mentalmente. Incluso nos hacen segregar dopamina –mejor conocida como hormona de la felicidad– que también se ha relacionado con el pensamiento creativo.

Referencias:

A default mode of brain function (2001) PNAS: https://doi.org/10.1073/pnas.98.2.676

Creativity and the default network: A functional connectivity analysis of the creative brain at rest (2014) Neurophychologia: https://dx.doi.org/10.1016%2Fj.neuropsychologia.2014.09.019

Dopamine and the Creative Mind: Individual Differences in Creativity Are Predicted by Interactions between Dopamine Genes DAT and COMT (2016) PLOS ONE: https://dx.doi.org/10.1371%2Fjournal.pone.0146768

How Much Energy Does the Brain Use? https://www.brainfacts.org/brain-anatomy-and-function/anatomy/2019/how-much-energy-does-the-brain-use-020119

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