Muchacha acostada en el suelo con el cabello cubriendo toda su cara.
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Pasar por un ataque de pánico nunca es una experiencia agradable, y mucho menos cuando estos vienen junto a la rotunda sensación de que estamos a punto de morir. A pesar de que en realidad no estemos en peligro, esta certeza generada por el miedo puede llenarnos de incluso más terror y agravar nuestro estado de alternación. Ahora, ¿por qué se genera este sentimiento en nosotros en primer lugar?

Para responder a esta pregunta, el equipo de Gizmodo contactó con variados expertos en áreas como la neurología, psicología, psiquiatría y demás afines. Gracias a sus testimonios, ahora no solo hemos podido comprender con más claridad qué son los ataques de pánico, sino cómo estos nos llevan a creer que podríamos morir.

¿Qué le pasa a nuestro organismo durante un ataque de pánico?

“El pánico es nada menos que la intensa experiencia repentina de nuestra emoción básica de miedo”, empezó David H. Barlow profesor Emérito, de psicología y psiquiatría, en la Universidad de Boston.

Efectivamente, un ataque de pánico viene de una repentina e intensa sensación de miedo que altera nuestros sentidos y desencadena una respuesta fisiológica, hormonal y neurológica en nosotros.

“Un ataque de pánico es esencialmente como una tormenta de sensaciones y emociones fisiológicas y neurológicas casi intolerables que lo catapultan a un estado de miedo, tumulto interno y un deseo frenético de escapar de sí mismo para sentir alivio”, completó Rachel Ginsberg, subdirectora de la Clínica de ansiedad y trastornos relacionados de la Universidad de Columbia-Westchester.

Dicho deseo frenético es simplemente nuestra reacción de “lucha o huida” que naturalmente se dispara cuando nos sentimos amenazados. Frente a una situación de peligro real, el cuerpo se alista para reaccionar ante una amenaza, sube los niveles de adrenalina, acelera la respiración y el flujo sanguíneo. Pero, una vez evitado el peligro, esta “ola” de energía comienza a bajar.

¿Por qué un ataque de pánico nos hace sentir como si estuviéramos muriendo?

Ilustración en blanco y negro con una caricatura de una persona tiendo un ataque de pánico.
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Ahora, cuando nos enfrentamos a un ataque de pánico, no hay una amenaza real, ni peligro de morir. Aun así nuestro cuerpo se prepara para lo peor, pero no tiene nada en lo que enfocarse verdaderamente. De allí que entonces el cerebro busque “explicar” el aumento de energía y adrenalina de otra manera, tratando de encontrarle sentido

“En otras palabras, esos síntomas son su respuesta de huida / huida muy adaptativa que aumenta nuestras posibilidades de supervivencia cuando se ve amenazada. Pero por lo mucho que la naturaleza aborrece el vacío, su mente no puede tolerar la experiencia inesperada de una reacción emocional tan severa sin saber por qué, así que se crea una causa o una atribución. Casi siempre, las personas que experimentan estos ataques asumen que están muriendo o están “perdiendo la cabeza” y deben ser llevadas urgentemente a la sala de emergencias”, explicó Barlow.

“La ironía es que, aunque se siente como si se estuviera muriendo, en realidad es la forma en que su cuerpo lucha por su vida, por así decirlo, o responde a lo que percibe como peligro en forma de una amenaza externa o interna (como dar una presentación, o el miedo al fracaso)”, completó Ginsberg.

Tomando esto en cuenta, podemos ver que la sensación de que “vamos a morir” durante un ataque de pánico nace de nuestro cerebro tratando de racionalizar un estado de alteración repentino en nuestro sistema que, de otro modo, no tiene una explicación lógica. Por esto, sentimos la irremediable seguridad de que estamos muriendo, a pesar de que en realidad solo estamos experimentando los propios procesos naturales de nuestro organismo.

¿De verdad podemos morir por un ataque de pánico?

Letrero amarillo con la palabra "Dead end" en negro, frente a un cielo azul lleno de nubes.
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No. Este es un punto en el que todos los expertos concordaron de forma unánime. Un ataque de pánico, en esencia, nace de una respuesta del organismo a una amenaza externa o interna que, en realidad, no está allí. En otras palabras, en ningún momento nuestra vida realmente peligra.

Sin embargo, las sensaciones que nos inundan en el momento pueden hacernos pensar que sí. No obstante, sin importar qué tan intensa sea la sensación, nuestro propio organismo trabajará para sacarnos de ella. De allí que Craig Barr Taylor, profesor emérito de psiquiatría y ciencias del comportamiento del Stanford Medical Center, comente que “los ataques de pánico generalmente alcanzan su punto máximo y pasan rápidamente, especialmente si las personas recuerdan que el problema es el ‘miedo al miedo’”.

Asimismo, Ginsberg comenta que “afortunadamente, cuando se trata de pánico, lo que sube tiene que bajar”. Por este motivo, incluso en el máximo pico del ataque, podemos tener la seguridad de que los efectos de este solo podrán bajar de allí en adelante, hasta desaparecer por completo.

¿Qué hacer si tengo un ataque de pánico?

Por lo general, los ataques de pánico pueden atacarnos en cualquier momento y sumergirnos en un estado de frenesí. Dentro de este, podemos perder un poco de contacto con la realidad y quedar atrapados en la idea fija de que estamos muriendo o perdiendo la cabeza.

Para hacer frente a esta situación, las técnicas de respiración contralada o las sensoriales para volver al “ahora” pueden ser muy efectivas. En primer lugar, tomar un control consciente de nuestra respiración puede ayudarnos a contrarrestar la posible hiperventilación que experimentamos. Y, además, nos ofrece una tarea sistemática, predecible y completamente controlable con la que calmar poco a poco a nuestro cerebro.

Si buscamos llevar esto un poco más allá, también podemos involucrar otras alternativas como la técnica de los cinco sentidos. Con esta, debemos listar cinco cosas que podemos ver, cuatro que podemos escuchar, tres que podemos oler, dos que podemos sentir y una que podemos probar. Durante este proceso, poco a poco estaremos trayendo nuestra mente al “presente”, lo que nos permitirá salir de las garras de la ilusión creada por el ataque de pánico.

Sumado a esto, otros elementos como el agua fría también pueden ayudarnos a despertar nuestros sentidos. Ya sea que la bebamos o que solo la coloquemos cerca de nuestro rostro, la baja temperatura puede ayudar a traer nuestra mente y sentidos al “ahora”. Junto con el agua, otros elementos como las cobijas gruesas y pesadas sobre los hombros también pueden ser una ayuda para anclarnos al “presente”.

¿Y si los ataques no se detienen?

Los expertos comentaron que, en caso de que los ataques de pánico se hagan un acontecimiento común, entonces es necesario de acudir al médico. En estos casos, la situación podría estar ligada a un problema neurológico mayor.

Usualmente, todos podemos pasar por algún ataque cardiaco “menor” producto del estrés, según lo comenta el Prof. Barlow. Sin embargo, cuando su vuelven particularmente frecuentes o intensos, entonces podríamos estar frente a una situación más delicada que requiere atención especializada.

“Aunque muchas personas experimentan ataques de pánico de vez en cuando (llamados ataques de pánico “no clínicos”) mientras están bajo estrés, algunos que son vulnerables desarrollan un trastorno de pánico, y los ataques aumentan en frecuencia e intensidad de una manera inesperada e impredecible. Para estas personas, existen tratamientos psicológicos efectivos, completó el prof. Barlow.

Afortunadamente, en la actualidad existen infinidad de tratamientos con los que es posible abordar los ataques de pánico. De allí que, tal como lo dice la Profa. Barbara Milrod, “si una opción no funciona, otra definitivamente lo hará”. Por lo que vale la pena buscar la atención médica adecuada con la que poder abordar apropiadamente los ataques de pánico.

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