Modelo transversal de cerebro y una neurona.

El estudio de las células madre fuera del cuerpo ha arrojado lo que podría ser la solución para muchos de los malestares que aquejan a la vida humana. Los organoides cutivados en laboratorio a partir de estas podrían sustituir órganos naturales dañados para siempre, lo cual es positivo, pero cuando se trata de aspectos cerebrales, la ética plantea varias limitaciones.

¿Está nuestra sociedad lista para lidiar con las consecuencias, sean buenas o malas, de la experimentación con organoides? De ser así, ¿sería necesario replantear ciertos aspectos éticos sobre la marcha para facilitar o delimitar este camino?

Las células madre han permitido crear organoides de todo tipo

La ciencia ha logrado avanzar tanto que hoy en día podemos hacer cosas que en el pasado era impensables. Y si algo ha arrojado aportes en el área de la medicina ha sido el desarrollo de células madre a nivel de laboratorio.

Los científicos han logrado cultivar células madre de todo tipo y crear lo que se conoce como organoides, una especie de copia de los órganos que componen naturalmente un cuerpo. De este modo, los científicos han superado limitaciones del pasado que han permitido comprender mejor tanto su funcionamiento como el desarrollo de muchas enfermedades.

Modelos transversales útiles para estudiar el cerebro, la neurona y el riñón.

Hasta ahora, se han creado organoides del hígado, los riñones, de glándulas lagrimales e incluso cerebrales, siendo estos últimos un punto candente de discusión ética. Si estos en realidad funcionan como un cerebro original, entonces deberían ser capaces de generar conciencia, una propiedad que aún en nuestros tiempos es difícil de definir

“No tenemos muy buenas técnicas experimentales que confirmen la conciencia”, dijo Tsutomu Sawai, profesor asistente en el Instituto Universitario de Kyoto para el Estudio Avanzado de Biología Humana (ASHBi) y el Centro de Investigación y Aplicación de Células iPS (CiRA). “Pero incluso si no podemos probar la conciencia, debemos establecer pautas, porque los avances científicos lo exigen”.

Implicaciones éticas del uso de organoides cerebrales para trasplantes

Con las células madre y los organoides podría mejorar sustancialmente la disponibilidad de trasplantes para diferentes afecciones, como la insuficiencia renal, o pulmones dañados. Esto permitiría que muchos pacientes en robustas listas de espera de donación de órganos puedan someterse a las cirugías más rápido y, por consiguiente, salvar muchas vidas.

Pero, ¿qué pasaría en el caso del cerebro? ¿Aceptarían los principios de la ética médica trasplantes de organoides cerebrales? Pensar en ello todavía es bastante apresurado, pero yendo a un ámbito un poco más inmediato, ¿sería correcto usar animales como receptores de organoides cerebrales para observar su funcionamiento?

Un procedimiento de este tipo podría ayudar a observar con detalle el avance de enfermedades cerebrales muy temidas y sin cura, como la demencia o la esquizofrenia. Y, al mismo tiempo, su comprensión podría sentar las bases para nuevos tratamientos más efectivos.

“Esto todavía es demasiado futurista, pero eso no significa que debamos esperar a decidir sobre pautas éticas”, dijo Sawai. “La preocupación no es tanto una humanización biológica del animal, que puede ocurrir con cualquier organoide, sino una humanización moral, que es exclusiva de el cerebro”.

Los científicos también temen que los organoides cerebrales den lugar a habilidades mejoradas, ya que eso generaría nuevas implicaciones éticas y situaciones para las que nuestra sociedad no está lista. Por ejemplo, si un animal receptor de un organoide desarrolla rasgos humanos, no tratarlo como tal violaría la dignidad humana, aunque su naturaleza sea incierta.

¿Qué consecuencias podría tener el trasplante de organoides cerebrales a humanos?

Pero la preocupación ética no se centra en los resultados en los animales, sino en los humanos, precisamente debido a la conciencia, pues definitivamente pueden generar cambios que aún son inimaginables.

“Los trasplantes de células cambian la forma en que funcionan las células del cerebro”, explica Sawai. “Si algo sale mal, no podemos simplemente sacarlas y empezar de nuevo”.

Modelo de cabeza humana en el que se observa el rostro con escritos encima de las cejas y el cerebro expuesto.

“Pero ahora mismo, el trasplante de células suele realizarse en un solo lugar. Se esperaría que los organoides cerebrales interactuaran más profundamente con el cerebro, arriesgándose a cambios más inesperados”.

A pesar de ello, los beneficios siguen pareciendo más atractivos, por lo que existe mucho interés en continuar las investigaciones en este campo. Pacientes que sufrieron algún traumatismo cerebral, un derrame u otra lesión cerebral podrían tener una nueva oportunidad para vivir y tener calidad de vida con trasplantes de organoides cerebrales, pero en materia ética estas ventajas aún merecen una exploración minuciosa.

Dada su utilidad, los científicos enfocados en las células madre y, en especial los involucrados con los organoides cerebrales, han acordado mantenerse en comunicación constante. De este modo, esperan evitar polémicas sorpresivas como la del científico que logró diseñar un embrión humano.

Referencias:

Society is not ready to make human brains. https://ashbi.kyoto-u.ac.jp/news/20210326_research-result_sawai/

Mapping the Ethical Issues of Brain Organoid Research and Application. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/21507740.2021.1896603

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