Muchas personas se recuperan de la COVID-19 en casa tomando acetaminofén o paracetamol, antialérgico, expectorante para la tos, nebulización o inhaladores para facilitar la respiración, y reposo junto con una buena alimentación. Pero muchos otros necesitan procedimientos específicos que, en condiciones normales, deben aplicar profesionales de la salud de manera oportuna.

Es entonces cuando es necesaria la hospitalización, pero ¿qué pasa cuando los centros de atención médica están saturados? ¿Qué pueden hacer aquellos pacientes que necesitan de cuidados especiales y monitoreo médico continuo?

En muchos países, las autoridades sanitarias adaptan centros de atención médica pequeños para alojar pacientes, mientras que otros habilitan hospitales de campaña. Sin embargo, esta opción sigue siendo poco práctica para algunos pacientes por el riesgo de infección con gérmenes , sobre todo cuando la escasez de recursos puede afectar incluso la esterilidad de los entornos.

Por fortuna, también existe la posibilidad llevar una hospitalización en casa, y la COVID-19 no es una excepción, siempre y cuando se cuenten con los recursos necesarios para ello. Así es la experiencia de cuidar un paciente de coronavirus en casa en plena nueva ola de contagios en Venezuela:

Un paciente de COVID-19 que requería hospitalización

Manos masculinas usando un oxímetro de pulso, un dispositivo capaz de medir la saturación de oxígeno en un cuerpo muy útil para una hospitalización por COVID-19 en casa.

Cuando el oxímetro de pulso marcó una saturación de oxígeno de 80 por ciento, la doctora nos comunicó que era necesario hospitalizar a mi pareja con carácter de urgencia. El problema es que, en medio de un brote sin precedentes, y aparentemente, con una variante más agresiva circulando, los centros sanitarios públicos habían excedido los límites de su capacidad.

Ingresarlo en una clínica no era una opción viable pues excedía con creces nuestro presupuesto, tanto el nuestro como el de la mayoría de las personas en Venezuela. Consciente de ello, la doctora nos dio una oportunidad.

“Como sé que la situación afuera está difícil, les doy chance de tratarlo durante 36 horas en casa siempre y cuando sigan al pie de la letra el tratamiento”, nos dijo. “Si no ocurre así, deben hospitalizarlo o correrá el riesgo de morir”.

Oxígeno suplementario en casa

A ello siguió otro golpe fulminante. “Necesitarán oxígeno suplementario”, dijeron tanto ella como otra doctora que nos había atendido previamente. “Esa saturación requiere hospitalización, y si lo tendrán en casa, tienen que conseguir oxígeno”.

La saturación de oxígeno normal de un humano saludable debe estar entre 100 y 95 por ciento. Por debajo de este valor, existe una condición de hipoxemia, también denominada hipoxia que, de continuar descendiendo, pone en riesgo los órganos y la vida de un paciente. Para evitar esto, el tratamiento farmacológico se acompaña con oxigenoterapia.

De inmediato escribí a una amiga estudiante de medicina para que me ayudara a conseguirlo. Con el repunte de casos que había empezado a registrarse en la región, y en todo el país, conseguir un proveedor no era una tarea compleja. Lo realmente difícil era que estos no estuvieran agotados.

Proveedores de oxígeno saturados

Vaso humidificador instalado en el tope de un cilindro de oxígeno con manómetro, un equipo necesario para pacientes con COVID-19 grave hospitalizados.

Mientras la enfermera empezaba a colocarle medicamentos vía endovenosa, que incluían omeprazol, esteroides y dos antibióticos­, – ceftriaxiona y levofloxacina-, me dispuse a llamar a la lista de proveedores de oxígeno que me enviaron.

El primero no contestó en aquel momento; el segundo contestó pero era excesivamente caro; el tercero no tendría disponibilidad sino hasta al día siguiente, si teníamos suerte, porque habían alquilado todos sus cilindros. En ese momento, comprendí aún más el contexto del brote actual.

El cuarto proveedor no era especialmente servicial, ni ofrecía el transporte a domicilio, pero con las referencias de precios que teníamos, era nuestra mejor opción por el momento. Semanas después me enteraría de que había muchos más pero, dada la urgencia, me quedé con el que estaba más cerca y ofrecía un precio relativamente cómodo.

¿Cuánto cuesta el oxígeno en Venezuela?

El costo de la oxigenoterapia en Venezuela es excesivamente elevado incluso para los más privilegiados. En la capital, Caracas, la recarga de un cilindro de 6,000 m3 ronda los USD$ 150; en Puerto la Cruz, ciudad del estado Anzoátegui, se puede conseguir desde ese precio hasta algo más económico como USD$ 20 o USD$ 25.

A ello sumamos la compra del regulador del cilindro, así como una garantía por el alquiler de este, el humidificador y la mascarilla o cánula nasal. En nuestro caso, el pago inicial fue de US$ 205, y luego cada recarga en 25$, con el traslado por nuestra cuenta.

Esto, por supuesto, para los casos en los que no hubo más alternativa que hospitalización en casa, algo que ha hecho relativamente común con la COVID-19; pero dentro de una clínica privada, el costo de la oxigenoterapia puede ser mayor.

Enfermera a domicilio

Cuando nos dieron un plazo de 36 horas para luchar por una mejoría en casa, las instrucciones eran oxígeno suplementario, administrar los fármacos a la hora correspondiente, reposo absoluto, hidratación y alimentación saludable.

Las enfermeras del módulo en que nos atendieron nos dijeron que podían suministrar parte del tratamiento y administrárselo allí de manera gratuita, una de las ventajas de este tipo de centros comunitarios, pero para ello era necesario llevarlo cada día a recibir sus dosis. Y parecía simple, pero en realidad no lo era.

Mujer con mascarilla y guantes preparando una jeringa grande para aplicar medicamento.

En primer lugar porque, en este caso, el paciente apenas podía levantarse por sí solo, además de vivir en una zona alta de la ciudad, lo que lo obligaría a hacer más esfuerzo del que debería hacer. Luego, la escasez de gasolina que ha afectado al país de manera continua durante más de un año. Y por último, el clima de marzo de 2021, nublado, con brisa fría y precipitaciones que no favorecían las salidas frecuentes, y menos para alguien en su condición.

Por fortuna, tuvimos muchísimas muestras de altruismo entre nuestros allegados y no tan allegados. Una vecina enfermera se ofreció a ayudarnos con la administración del tratamiento endovenoso en casa, con lo cual no fue necesario movilizarlo durante los primeros días. Luego, otra vecina enfermera me enseñó a preparar y colocar los medicamentos endovenosos, y continué haciéndolo yo.

Lo que amerita una hospitalización por COVID-19 en casa

Guantes, medicamentos, jeringa y una figura de una casa sobre una superficie azul clara.

Con un cilindro de oxígeno en casa y una enfermera que iría dos veces al día, la hospitalización parecía más sencilla. Lo siguiente era recolectar todo lo que necesitaríamos para atender y monitorear los signos vitales de nuestro paciente.

Con una experiencia prácticamente nula en este tipo de situaciones, mi idea sobre lo que necesitaría para el tratamiento era bastante difusa. Pero en medio de la emergencia, compré los suministros gracias a las recomendaciones de cada enfermera con la que me topaba y de quienes me atendieron en las farmacias. En el proceso, me topé con varias personas que compraban las mismas medicinas y los mismos utensilios para tratar la misma enfermedad.

Suministros médicos para una hospitalización por COVID-19 en casa

Jeringas de 3 cc, 10 cc y 20 cc, catéter intravenoso, agujas de mariposa, algodón, alcohol al 70 por ciento, solución fisiológica 0.9, adhesivo médico, guantes, buretas y macrogoteros son algunas de las cosas requeridas para suministrar los fármacos endovenosos, así como mascarillas y gel antibacterial, dos grandes aliados de la humanidad durante esta pandemia.

Luego teníamos la oxigenoterapia, que ameritaba el uso de un oxímetro de pulso, un dispositivo relativamente fácil de conseguir en farmacias y tiendas proveedoras de utensilios médicos. Este permite medir tanto la saturación de oxígeno como la frecuencia de las pulsaciones cardíacas, es de fácil uso y cuesta entre USD$ 10 y USD$ 25, dependiendo de la marca.

Un nebulizador tampoco podía faltar. Utilizar este artefacto en centros de salud está contraindicado por la seguridad tanto del personal médico como de otros pacientes, pues puede promover la propagación del coronavirus; pero un correcto uso en casa puede ayudar a mejorar los síntomas respiratorios. A ello sumamos un termómetro, para medir la temperatura, un tensiómetro, para medir la tensión arterial, y una silla de ruedas para reducir el esfuerzo del paciente.

El oxímetro lo compramos (aunque, como anécdota graciosa dentro de esta experiencia de terror, se dañó un poco más de dos semanas después, quizás por uso excesivo); mientras que los otros dispositivos nos los prestaron nuestras amistades.

Medicamentos para tratar los síntomas de la COVID-19

Y, por supuesto, una larga lista de medicamentos que administramos bajo estricta prescripción y supervisión médica. Entre ellos, el protector gástrico, que se encargaría de mitigar los estragos que causarían los fármacos a nivel estomacal; y suplementos de vitamina C, D, B y zinc.

Brazo humano con un catéter intravenoso para recibir medicamentos directamente en la sangre.

Los esteroides inyectados vía intramuscular o endovenosa, como la dexametasona, son prácticamente una norma en el tratamiento de casos graves de COVID-19 y, por fortuna, de los más económicos.

Y, aunque se ha discutido durante toda la pandemia el uso de antibióticos para tratar la COVID-19, los médicos en Venezuela lo han justificado. Las infecciones virales a nivel del sistema respiratorio puede generar secreciones que, a su vez, aumentan el riesgo de proliferación bacteriana. Este fue el caso de mi pareja, según los resultados de sus exámenes.

Lo curioso es que, pese a que la azitromicina fue descartada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el año pasado como tratamiento del cuadro de la COVID-19, algunos médicos siguen recetándola. En este caso, no surtió efecto alguno y supuso un retraso significativo en la recepción de medicamentos más efectivos, como el meropenem, también de alto costo.

Médicos que atienden a distancia

Y hablando de tratamientos, en Venezuela se ha difundido la idea de que tomar infusiones de hojas de guayaba, santa maría, malojillo, toronjil, limón, jengibre y eucalipto puede ayudar a sanar la COVID-19. Muchas personas pueden afirmar que se curaron solo con esto y reposo, y lo recomiendan fervientemente, mientras que los médicos mantienen sus reservas al respecto.

Y es que cuadros graves como la neumonía y la hipoxia tienen razones subyacentes muy bien identificadas que merecen atención médica especializada y medicamentos de acción rápida. Por ello, entre todas las cosas necesarias para llevar una hospitalización por COVID-19 en casa, un médico a distancia o que trabaje a domicilio es una prioridad. La automedicación no es una opción.

Mujer médico con mascarilla y traje de protección sosteniendo un celular con el que puede atender las llamadas de sus pacientes.

Mientras estuvimos en consulta presencial, la doctora nos proporcionó su número de teléfono para que le informáramos cómo evolucionaba su paciente, sin cobrarnos absolutamente nada. Por lo general, atendía alrededor de 20 personas en su consultorio en el módulo, pero aún así respondió cada vez que pudo a mis mensajes y llamadas.

Pero trabajar en TekCrispy y haber seguido la evolución de la pandemia a través de estudios y comunicados de las agencias sanitarias me había alertado sobre muchos síntomas y cuadros a los que debía prestar atención. Por fortuna, nuestras amigas doctoras nos atendieron desde la distancia migratoria con mucho cariño en el proceso, incluso durante la madrugada.

Toma de muestras de sangre a domicilio

El protocolo actual para tratar a los pacientes amerita la realización de exámenes de sangre periódicos que permitan evaluar su condición. Este fue uno de los grandes retos que tuvimos que afrontar debido al estado tan delicado de nuestro paciente y el alto costo de las pruebas.

Hombre con mascarilla, guantes y traje de protección contra el coronavirus sosteniendo tubos de ensayo entre los cuales hay uno que contiene una muestra de sangre.

Por fortuna, una amiga que llamó a varios laboratorios de la ciudad encontró uno relativamente económico cerca de nosotros. Casualmente, este permitía también la toma de muestras a domicilio.

En este proceso, aprendimos que los tubos en los que depositan la sangre llevan una solución anticoagulante para mantener la muestra en buen estado mientras se analiza. Aunque también nos aclararon que ese método podría introducir errores en los resultados.

Mi madre se encargó de traer en su vehículo a la enfermera, y de llevarla de regreso al laboratorio rápidamente. En el proceso, no tocó una sola superficie de la casa y mantuvo un distanciamiento físico prudente.

Exámenes de sangre para evaluar la condición del paciente de COVID-19

A propósito de ello, los exámenes de sangre habituales para los pacientes con COVID-19 incluyen hematología completa, urea y creatinina para evaluar la función renal, la glicemia, el dímero D, la proteína C reactiva y ferritina. En algunos casos también será necesario realizar pruebas de electrolitos séricos.

Un hemograma completo sirve para evaluar el estado de salud general de las personas. Por medio de este se puede detectar una amplia variedad de enfermedades, incluidas las infecciones.

Mientras que el uso frecuente de medicamentos endovenosos puede tener efectos sobre los riñones. El monitoreo del color de la orina del paciente, la presencia de espuma y la frecuencia de micción, junto con las pruebas de urea y creatinina, permiten conocer el estado de la función renal.

Por su parte, el dímero D es un fragmento de proteína que se produce cuando se disuelve un coágulo de sangre en el cuerpo. Los valores elevados de este marcador ofrecen una idea de la gravedad de la infección del paciente, y dan paso al uso de anticoagulantes, como aspirina, enoxaparina sódica y rivaroxabán.

Estos medicamentos son muy costosos, pero necesarios para reducir el riesgo de trombosis, sobre todo cuando el paciente está en casa y no hay un médico ni equipos que puedan atender un episodio de este tipo de manera inmediata.

Pacientes con COVID-19 pueden necesitar consulta con un cardiólogo

Aunque aún se habla poco de ello, los pacientes con neumonía pueden experimentar frecuencia cardíaca elevada, y muchos informan tenerla incluso después de recuperarse. También se sabe que la COVID-19 puede ocasionar complicaciones cardíacas, así como coagulación sanguínea.

Por esta razón, el neumonólogo o médico a cargo del caso, probablemente ordene también una consulta con un cardiólogo. En nuestro caso, la razón de dicha orden fue una taquicardia que surgió unos 15 días desde el inicio de los síntomas, aparentemente como un mecanismo del cuerpo para compensar la disnea.

“Necesito cerciorarme de que no hay hipertensión o alguna afección cardíaca de por medio para continuar con el tratamiento y los ejercicios para los pulmones”, dijo la neumonóloga. “Muchos pacientes con COVID-19 muestran pericarditis o miocarditis, y aunque él es joven aún, no está exento de riesgo”.

Afortunadamente, tras la realización de un electrocardiograma, ecocardiograma y la consulta con una cardióloga, esta descartó que hubiese alguna de esas afecciones en este caso. La noticia fue alivio, aunque obtenerla nos costó otros $USD 70 (pero, en general, este estudio puede costar alrededor USD$ 100 en la zona).

La COVID-19 es una enfermedad costosa incluso llevando una hospitalización en casa

Todo lo mencionado hasta ahora suena mucho más hermoso de lo que fue en realidad. Llevar una hospitalización por COVID-19 en casa sin ser médico no es tarea sencilla puesto que pueden haber imprevistos difíciles de solucionar, como intolerancia a ciertos medicamentos, flebitis debido al catéter intravenoso, aparición de nuevos síntomas o respuesta nula a la intervención.

El proceso en realidad requiere de mucha disciplina con el tratamiento, apoyo médico, técnico y moral de otras personas, mucha paciencia, calma y fe en que todo saldrá bien.

Además, la COVID-19 es una enfermedad muy costosa, al menos en Venezuela. Nuestra experiencia costó unos USD$ 1,500, los cuales incluyeron el pago de atención médica especializada, oxígeno suplementario, exámenes de laboratorio, medicamentos y gasolina; pero las personas ingresadas en clínicas privadas pueden necesitar unos UDS$ 40,000 para costear los gastos. Hoy en las redes sociales abundan flyers en los que solicitan donaciones para los pacientes hospitalizados, y entre ellos estuvo el nuestro.

Una recuperación exitosa

Espirómetro, un dispositivo que sirve para hacer ejercicios de rehabilitación pulmonar, muy recomendado para la recuperación de COVID-19.

Por fortuna, pudimos seguir las indicaciones al pie de la letra, y mi paciente, un hombre de 32 años, ciclista y sin enfermedades previas, empezó a mostrar mejoría a medida que pasaban los días. Hoy se encuentra aún de reposo, haciendo ejercicios de rehabilitación pulmonar y agradecido con todas las personas que pusieron su enorme grano de arena en su recuperación, incluido el equipo de TekCrispy.

Pero esto no quiere decir que la hospitalización en casa sea la mejor opción siempre en casos graves de COVID-19. Los casos graves merecen estar en un entorno controlado en el que puedan monitorearse los signos vitales, realizarse las pruebas pertinentes y obtener atención médica oportuna.

Tras esta experiencia, solo reitero lo que he mencionado en muchos artículos en TekCrispy: la prevención es nuestra mejor opción. Medidas como las mascarillas, el distanciamiento físico y los hábitos de higiene reducen el contagio masivo y, por ende, el colapso de los hospitales, la escasez de medicamentos y la pérdida de muchas vidas.

Referencia:

Remote management of covid-19 using home pulse oximetry and virtual ward support. https://www.bmj.com/content/372/bmj.n677

Lea también:

¿Se pueden tratar los síntomas del COVID-19 desde casa?

¿En qué orden se presentan los síntomas de COVID-19?

Científicos identifican seis tipos de COVID-19.

Escribir un comentario