Es normal que en una conversación con personas mayores acerca de la actualidad surjan comentarios como “La juventud está desbocada” o expresiones de sorpresa y desagrado del estilo “¡Enviar fotos desnudos! ¡Qué horror! En nuestra época no era así”.

Sin embargo, tanto si eres una de estas personas como si conoces a alguien así, probablemente te sorprenderá saber que los famosos nudes no son algo nuevo. De hecho, su primera aparición fue mucho antes de lo que crees.

Pero antes, debemos entrar en contexto contándote una breve historia de amor.

Sarah Goodridge: Autorretrato. Museo de Bellas Artes de Boston.
Sarah Goodridge, ‘Autorretrato’, 1830

Nuestro relato empieza con Sarah Goodridge, una artista estadounidense nacida en 1788 que se especializaba en el miniaturismo, una rama del arte en la que las obras son tan pequeñas que pueden llevarse en el bolsillo. Goodridge demostró sus habilidades en el arte desde que era pequeña, y recibió clases de pintura hasta que cumplió los 32 años, época en la que comenzó a comercializar su arte.

A partir de 1820, cuando logró comprar su propio estudio, comenzó a ganar popularidad en el medio artístico. Ahí, con la ayuda del retratista Gilbert Stuart, perfeccionó su detallada técnica.

En la época, las miniaturas se habían convertido en unas de las pinturas más codiciadas, pues su pequeño tamaño hacía muy fácil su traslado y, además, podían adaptarse a cajitas, medallones o guardapelos. Era un gesto de amor hacia la persona representada y una forma de tenerla consigo siempre.

Esto Goodridge lo sabía muy bien, pues fue algo que ella misma empleó cuando conoció a Daniel Webster.

Un amor de autorretratos… y nudes

Sarah Goodridge: Daniel Webster, 1825.
Sarah Goodridge, ‘Daniel Webster’, 1825.

En la misma época en la que logró inaugurar su estudio, Goodridge conoció al político Daniel Webster mientras Gilbert Stuart lo retrataba. Fue amor a primera vista.

Stuart era un defensor del miniaturismo, por lo que le encargó muchas de estas obras a Goodridge. Ella retrató al político una docena de veces, así como a sus hijos y nietos. Mientras tanto, ambos enamorados intercambiaban correspondencia apasionadamente, la cual revelaba su amor hacia el otro, con frases como “No puedo estar más sin verte”.

En 1828, la esposa de Stuart falleció, así que Goodridge viajó de Boston a Washington para visitar a su amor.

En este mismo año, Goodridge pintó la obra ‘Belleza revelada’, la cual consistía en un minúsculo retrato de 6.7 centímetros de alto por 8 centímetros de largo incrustado dentro de un estuche de cuero cerrado con dos broches. El mismo era un retrato que hizo Goodridge de sus propios senos, el cual era un regalo para su amado.

Sarah Goodridge, 'Belleza revelada', 1828
Sarah Goodridge, ‘Belleza revelada’, 1828

Lamentablemente esta historia no tiene un final feliz, pues Stuart, abrumado por las deudas y con tres niños pequeños a su cargo, buscó rápidamente una esposa rica con quien pudiera compartir las deudas. Así, el político desposó a la heredera Caroline Le Roy en 1829.

Aún así, según los registros, la artista y el político se siguieron viendo y enviándose cartas, y ella continuó pintándolo a él y a sus herederos.

Luego del fallecimiento de Goodridge en 1853, un año después de Stuart, se descubrió el tesoro secreto de los amantes entre las pertenencias de la artista. Años después, ‘Belleza revelada’ fue subastada a través de la sala Christie’s con un precio de salida de 15.000 dólares. Hoy en día se encuentra exhibida en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York.

Este fue uno de los primeros casos conocidos en el que una persona le envía su propio retrato desnudo a otro. Actualmente es considerada como una notable obra realista de una técnica impecable y que representa un desafío a los estereotipos sobre la mujer recatada del siglo XIX.