El inglés es el idioma internacional de la ciencia, y aunque pocos se quejen de ello, esto supone una tarea más que abordar para los científicos de países no angloparlantes. Por ende, un experto destaca la necesidad de ofrecer más apoyo a la comunidad científica para facilitar el aprendizaje y la redacción de los artículos en los que exponen sus hallazgos.

La mayoría de los artículos científicos y reportes formales que hacen los investigadores de todo el mundo deben publicarse en un perfecto inglés. Y si bien esta es una tarea fácil para aquellos provenientes de países en los que esta es la lengua oficial, quizás sea un poco más complejo para quienes lo aprendieron como un segundo idioma.

Roey Elnathan, un investigador de la Universidad de Monash en Melbourne pero nativo de Israel, publicó un artículo en Nature en el que describe este como uno de los grandes retos que deben abordar los científicos no anglófonos nativos de diferentes áreas. Estos, a menudo, requieren del apoyo de sus colegas, e incluso de tutores, para publicar sus artículos en inglés.

Las ventajas del inglés como idioma para las ciencias y otros sectores

Aunque suene incómodo y tedioso para muchos, el idioma inglés ofrece muchas ventajas como idioma universal en los negocios, el turismo, los medios de noticias y redes sociales y, por supuesto, en la ciencia.

En primer lugar, transmitir los mensajes a través de este idioma es relativamente fácil ya que sus conjugaciones no son complejas. En la mayoría de los contextos, no importa demasiado el orden de las palabras, o el uso de ‘the” antes de un sustantivo o de “ing” al final de ciertas palabras. El mensaje puede ser fácilmente comprendido para un hablante nativo incluso si las oraciones no son las más correcta a nivel gramatical.

A ello sumamos que no tiene un género lingüístico, como en el español; no hay tonos para distinguir entre palabras, como ocurre en la familia lingüística sinítica; tampoco hay conjugaciones ni declinaciones complejas. Y sí, aunque la ortografía puede ser un reto, es posible aprender los patrones típicos y adaptarse a ella conforme se haga uso del idioma.

Es necesario incrementar el apoyo institucional para los científicos 

Pero la experiencia no necesariamente sea sencilla cuando hay que abordar las cosas de la forma más técnica posible. En estos casos, y especialmente en los escritos, la precisión es imprescindible, por lo que es menester el más correcto uso de las palabras.

Muchos científicos aprenden inglés de manera autodidacta, muchas veces antes de participar en proyectos o trabajos que lo requieran. Pero incluso quienes han aprendido por placer u otros intereses se enfrentan al gran reto de comunicar sus avances de manera efectiva, con un vocabulario adecuado al contexto.

“Cuando los significados son complejos y técnicos, la precisión es imprescindible”, explica Elnathan en su artículo. “Entonces, el inglés se convierte en una bestia difícil de luchar”.

Mujer médico leyendo un libro grueso de tapa negra.

“Asumimos un desafío profesional adicional: no solo debemos dominar nuestra ciencia, sino que también debemos ser capaces de escribir con estándares profesionales en un idioma extranjero para comunicar esa ciencia”.

Pero en este medio “no hay balas de plata”, añade. Aunque exista el apoyo de parte de los colegas y la comunidad científica, el estos no necesariamente estarán allí cada vez que un colega los necesite. Bien sabemos que el ejercicio de la ciencia es demandante, y más aún cuando hay límites de tiempo de por medio.

Por ello, Elnathan enfatiza en la necesidad de que las instituciones ofrezcan una “retroalimentación personalizada y sistemática” para evaluar el lenguaje en los manuscritos. Esto, por supuesto, requerirá cierta inversión monetaria, pero es justo y necesario para aumentar el rendimiento.

Referencia:

English is the language of science — but precision is tough as a non-native speaker. https://www.nature.com/articles/d41586-021-00899-y

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