Globo de diálogo con signo de interrogación adentro, todo sobre fondo rojo.
Crédito: ChristianChan. Vía Getty Images.

El océano sigue siendo un lugar en el que se ocultan infinidad de secretos que la humanidad aún no ha podido desentrañar. Pero, para esta oportunidad, una pequeña forma de vida que se encuentra bajo las aguas, nos ha ayudado a tener un vistazo único a lo que sería nuestro pasado evolutivo. Todo gracias a que, según parece, finalmente ha sido posible identificar cuáles son nuestros parientes animales más lejanos.

El descubrimiento de estos individuos vino de la mano de Anthony K. Redmond y Aoife McLysaght y se publicó en Nature Communications. Gracias a la intervención de este par de investigadores del Trinity College de Dublín, podríamos estar muy cerca de descubrir el inicio verdadero de la historia evolutiva que nos trajo hasta donde estamos hoy.

Decisiones que cambian las reglas de juego

La situación actual de esta investigación es una viva representación de la frase que reza: “si quieres resultados distintos, deja de hacer siempre lo mismo”. En el pasado, las investigaciones en busca de nuestros parientes animales más lejanos se habían basado en comparaciones genómicas.

Claramente, nuestro genoma, o ADN, es una forma eficiente de rastrear cambios evolutivos entre individuos y también ubicar tanto diferencias como similitudes entre especies. Sin embargo, en la actualidad no existe un solo método para compararlo. Como resultado, al usar solo el enfoque de comparación genómica, los científicos se encontraban siempre con pruebas inconclusas y, con frecuencia, contradictorias.

Esto último ya que algunas investigaciones señalaban a las medusas de peine como nuestros antepasados más antiguos, mientras que otras indican que son las esponjas de mar. Mientras se usara el antiguo método, las dudas sobre cuál es nuestro verdadero ancestro general seguirían presentes.

Para acabar con esta incertidumbre, Redmond y McLysaght diseñaron un nuevo enfoque. Dentro de este, analizaban específicamente las secuencias de aminoácidos que se encuentran en las proteínas de los animales. Gracias a la nueva fórmula, fue posible obtener resultados más directos y confiables.

El debate evolutivo, ¿cuáles son realmente nuestros parientes más lejanos?

Esponja de mar, parte de las especies animales que podrían ser nuestros parientes más lejanos.
Crédito: Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica.

Una vez pusieron en marcha su nuevo enfoque, los investigadores pasaron a intentar averiguar cuáles animales eran realmente nuestros parientes más lejanos. En los estudios anteriores, las candidatas con más credibilidad eran las medusas de peine. Pero, en la nueva investigación, este puesto lo ganaron las esponjas de mar.

Allí donde las medusas tienes estructuras orgánicas relativamente complejas, las esponjas son mucho más simples. En otras palabras, estas últimas no poseen rasgos que se considerarían complejos –como un sistema nervioso, músculos o intestinos–.

Con esto, se observa que las esponjas de mar –como nuestros parientes animales más lejanos– son en realidad una forma de vida en extremo simplificada. Lo que implicaría que la línea evolutiva que surgió de ella también fue sencilla y no tuvo muchos reveces. Es decir, que poco a poco desarrolló los sistemas complejos en otras formas de vida a medida que estas se fueron separando.

Tener a estos animales como los parientes más lejanos simplifica nuestra historia evolutiva

Los procesos de evolución no son siempre los mismos ni siguen los mismos patrones. De allí que se pudiera sospechar que las medusas de peine –a pesar de tener ya sistemas orgánicos complejos– podían ser un ancestro común.

En el caso de que lo hubieran sido, estaríamos hablando de una historia evolutiva enrevesada, e irregular que avanzaba en algunos aspectos para retroceder en otros. Todo debido a que la teoría implica que, si teníamos una estructura compleja primordial, con el paso de los años esta debió mutar, conservarse solo por partes o hasta eliminarse por completo para reaparecer después.

Por otra parte, ahora que se sabe que el verdadero pariente animal lejano son las mucho más simples esponjas de mar, la teoría sugiere una historia evolutiva mucho más sencilla. En resumen, implica lo que mencionamos más arriba: que los sistemas complejos aparecieron con el tiempo a medida que las diferentes especies fueron variando y separándose de las esponjas de mar.

“Nuestro enfoque cierra la brecha entre dos metodologías en desacuerdo y proporciona una fuerte evidencia de que las esponjas, y no las medusas, son nuestros parientes animales más lejanos. Esto significa que nuestro último ancestro animal común era morfológicamente simple y sugiere que la evolución repetida y/o la pérdida de características complejas como un sistema nervioso es menos probable que si las medusas de peine fueran nuestros parientes animales más lejanos”, concluye Redmond.

Referencia:

Evidence for sponges as sister to all other animals from partitioned phylogenomics with mixture models and recoding: https://doi.org/10.1038/s41467-021-22074-7

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