La sensibilidad de los dientes parece un problema mínimo, pero en realidad puede afectar la calidad de vida de las personas que la padecen. Pero, ¿cómo es que los dientes, tan quietos e inertes como los vemos, son capaces de percibir el frío? Pues tal parece que gracias a un tipo específico de células.

En un nuevo trabajo, un equipo internacional de científicos ha explorado el interior de estas estructuras descubriendo actores moleculares y celulares involucrados en la percepción del frío. Según indican en la revista Science Advances, estas células llamadas odontoblastos tienen proteínas sensibles al frío que son las responsables de detectar las temperaturas bajas y provocar esa sensación tan desagradable.

La sensibilidad al frío en los dientes no se comprendía bien hasta ahora

Figuras de odontólogos con bata blanca estudiando una dentadura gigante.

Antes que nada, repasemos un poco la clase de higiene bucal de la primaria. Desde jóvenes nos enseñan a cuidar nuestros dientes, pero irónicamente, cerca de 2,400 millones de personas en todo el mundo ha tenido caries en sus dientes permanentes, pero ¿cómo se forman?

Pues bien, las bacterias, las sustancias que producen y los ácidos que consumimos pueden corroer el esmalte que recubre los dientes. Cuando esto pasa, se forman cavidades conocidas popularmente como caries que, si no reciben tratamiento oportuno, seguirán haciéndose cada vez más grandes o profundas. En el proceso, la persona podría sentir dolor intenso y una extrema sensibilidad al frío.

Pero incluso a estas alturas no se comprendía bien cómo es que los dientes lograban percibir el frío. Inicialmente, los científicos creían que los dientes tenían canales llenos de un líquido que se mueve con los cambios de temperatura. También creían que los nervios pueden sentir la dirección de ese movimiento, aunque no estaba claro cómo.

Estudiar los mecanismos detrás de la sensibilidad de los dientes no es sencillo

Pero descubrir el detalle detrás de este proceso de percepción de temperatura no es para nada sencillo. Para ver el movimiento de los fluidos a través de los dientes sería necesario cortar el esmalte y otra capa dura llamada dentina sin causar daño alguno al resto de la estructura (la pulpa blanda, los vasos sanguíneos y los nervios).

En un esfuerzo por simplificar el trabajo, los investigadores decidieron enfocarse en los canales iónicos. Estos son poros en las membranas de las células que funcionan como puertas moleculares gracias a las cuales es posible la transmisión de información entre los órganos.

El mecanismo es bastante simple. Cuando se detecta una señal, un mensaje químico o un cambio de temperatura, estos canales se abren dejando que los iones ingresen a la celda, lo que permite la transmisión de un pulso eléctrico a la celda adyacente. Gracias a ellos pudieron identificar las células involucradas en la percepción del frío en los dientes.

Un canal iónico sensible a las bajas temperaturas

Años atrás, los investigadores descubrieron que uno de estos canales, el TRPC5, era muy sensible al frío, pero quedó latente la duda de la parte del cuerpo que intervenían en dicha capacidad. Sus estudios descartaron la piel, pero quedó la duda de cuál otro área u órgano pudiera ser tan sensible a los cambios de temperatura. Fue entonces cuando pensaron en los dientes.

En este trabajo, en lugar de abrir el diente y observar su interior, los investigadores examinaron la mandíbula, los dientes y los nervios dentales de ratones con TRPC5 al exponerlos a una solución helada.

El experimento generó una actividad nerviosa que sugería que el diente estaba sintiendo el frío, pero no se observó lo mismo en aquellos carentes de dicho canal; tampoco se observó lo mismo en aquellos dientes tratados con una solución que bloquea los canales iónicos.

Los dientes son sensibles al frío gracias a un tipo específico de células

Sección transversal de un diente donde se observan los fluidos en su interior.
Corte transversal de un diente. Crédito: Nicholas Spinelli.

Con ello, comprobaron que el canal TRPC5 definitivamente jugaba un papel clave en la percepción del frío en los dientes, pero su estudio también condujo a un tipo específico de célula: los odontoblastos, que se encuentran entre la pulpa y la dentina.

Cuando un diente se expone a un estímulo frío como una paleta de helado, estas células llenas de TRPC5 son las que perciben la baja temperatura. El proceso envía señales al cerebro y esto es lo que detona la conocida sensación de desagrado que muchas personas tienen al probar cosas frías.

Pero el estudio no se centró únicamente en identificar estas células, sino también en arrojar una solución plausible para el problema de sensibilidad al frío en las dientes, que además es natural.

El ingrediente es el aceite de clavo, que contiene una sustancia química que bloquea la proteína “sensor de frío”. Este se ha utilizado durante mucho tiempo como un remedio para el dolor de muelas, pero con este hallazgo, podría tomarse en cuenta en el desarrollo de medicamentos más eficaces para tratar la sensibilidad.

Referencia:

Odontoblast TRPC5 channels signal cold pain in teeth. https://advances.sciencemag.org/content/7/13/eabf5567

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