La cata de vinos es una actividad destinada al complacer los sentidos, sobre todo cuando hablamos del gusto y el olfato. Sin embargo, nuevas investigaciones podrían comprobar que la experiencia de la degustación está influenciada por muchos más factores que solo estos dos sentidos. De hecho, según un reciente estudio, el buen sabor de un vino podría estar más relacionado de lo que creíamos con el precio que se cree que este tiene.

Una publicación reciente en Food Quality and Preference da respaldo a esta afirmación citando un experimento realizado en Suiza. Detrás de él estuvieron los investigadores Christoph Patrick Werner, Johanna Birkhaeuer, Cosima Locher, Heike Gerger, Nadja Heimgartner, Ben Colagiuri y Jens Gaab.

Sabemos bien que, dependiendo de la comida que consumamos, las reacciones químicas en nuestra propia boca pueden cambiar cómo nos sabe el vino. Pero, ahora, según parece, tan solo ver un precio en la etiqueta de la bebida también puede tener un efecto placebo que nos lleve a apreciar más el sabor de esta, solo porque es más costosa.

Una cata de vinos poco convencional

Copa de vino tinto contrastada con el azul intenso del cielo.
Vía Piqsels.

El evento público en la Universidad de Basilea en Suiza empezó como cualquier otro. Apenas los participantes empezaron a llegar, se los ubicó en mesas individuales y se les solicitó que no hablaran con sus vecinos. Todo para que sus opiniones sobre los vinos a probar no tuvieran influencias entre sí.

En total, el evento atrajo a 140 individuos que participaron en la sesión de cata que duró unos 15 minutos. Durante este tiempo, los voluntarios debían probar seis tipos de vinos distintos en un orden específico –que se eligió de forma aleatoria para cada participante–.

Al probar cada vaso, las personas debían anotar en un papel su nivel de agrado por el vino y qué tan intenso lo consideraban. La mitad de los vasos no estaban identificados no ni tenían un precio visible. Los otros tres portaban etiquetas donde se veía su clasificación como vinos baratos, intermedios o caros.

Persona sirviéndose vino blanco de la botella a una copa en medio de un viñedo.
Crédito: Alicia Bruce.

Fue acá donde la cata pasó de ser un simple evento a convertirse en el experimento de los investigadores. En la mayoría de los casos, al menos uno de los vinos etiquetados había sido clasificado erróneamente. Es decir, podía ser cuadro veces más caro o más barato de lo que decía la etiqueta. Sin tener una idea de esto, las respuestas de los catadores mostraron un claro sesgo de preferencia asociado al precio.

Mencionar un precio más alto “mejora” el sabor de un vino barato

En general, las clasificaciones de los vinos que no estaban etiquetados, se mantuvieron estables entre los participantes. El cambio llegó cuando se midió el sabor de cada vino etiquetado erróneamente. En estos casos, sin importar qué tan baratos fueran en la realidad, se les dio una mejor calificación a los vinos con etiquetas de precios más altos.

“Así, en el vino puede estar la verdad, pero su experiencia subjetiva puede también estar en el precio”, concluyeron los autores.

Botella de vino tinto vaciando su contenido en una copa.
Vía Pixabay.

Según los investigadores, sus resultados coincidieron con estudios previos similares. Dentro de ellas, al igual que en la actual, se vio que los niveles de agrado manifestados con respecto a un vino estaban más relacionados de lo que creíamos con su precio.

Por otra parte, otros estudios han visto que la apreciación de su intensidad se mantuvo estable y por lo general no cambió –incluso cuando se intentó influir en ella a través de los precios–. Para poder unificar estas visiones, los autores midieron ambas variables. Acá, también sus resultados coincidieron. Lo que mostró que la apreciación subjetiva del sabor de un vino depende no solo de sus cualidades intrínsecas, sino también de información o estímulos externos, como el precio que se dice que este tiene.

Referencias:

Price information influences the subjective experience of wine: A framed field experiment: https://doi.org/10.1016/j.foodqual.2021.104223

Lea también:

¿Por qué hay vinos de diferentes sabores?

Escribir un comentario